Viuda

A menudo recuerda cuando él la iba a buscar a la gestoría y tomaban helado de fresa y café, como en la canción de Aute. Luego él no volvía a la academia, sino al taxi, donde se ganaba el sustento que les permitió, entre los dos, comprarse el piso en una zona noble de Guadalajara.

También recuerda cuando salían a cenar, los dos solos, a la pizzería, la primera que hubo en la ciudad, y hablaban de los libros que leía él, de piratas, corsarios, bucaneros y guerra entre ingleses y españoles. Ella no sabía que España había sido tan importante en la historia, le costaba creer todo aquello de la Nueva España, y el oro que sentó las bases la cultura del pelotazo ibérico.

Recuerda los paseos de domingo por la tarde, los regalos por su cumpleaños, los viajes, en el taxi, al centro de Madrid para ver las primeras películas de Almodóvar. 

Le gusta recordar todo eso para conciliar el sueño, a poder ser un poco antes de que el cadáver que se acuesta a su lado empiece a roncar como un animal de bellota.

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