13052013 / España

Quien solo conoce España, no conoce España. Se lo escuché a Hugh Thomas un día de primeros de octubre de 2006, en Casa de América, cuando acompañé a la Sardina Perezosa al que iba a ser su primer ejercicio periodístico, como estudiante de Periodismo. It has rain.

Pues bien, si no conoces a fondo España, tampoco conoces España. Lo pensé ayer, con los últimos rayos del sol que caían sobre la plaza Mayor de Salamanca. Hay que ir más a Salamanca, qué bonita es Salamanca. Ciudades que te reconcilian con España, al menos por un rato. Con su pasado.

O la vía de la Plata, antigua calzada romana que comunicaba Sevilla con Astorga, que no conocía hasta ahora, y de la que ahora puedo presumir de haber hollado con mis pies y los de dos amigos durante 80 kilómetros.

Llega ahora esa resaca tras el viaje, resaca feliz pero que sin embargo deja un poso de nostalgia amargo,  por la finitud de las cosas, digo yo, o por el cansancio acumulado que, ahora sí, aflora, y nos deja como menguados.

Conocer España, como el concurso aquel, entera, no dejar un kilómetro sin pisar. Recorrerla a pie, modo directo de experimentarla, porque solo a través de la experiencia llega el conocimiento y la memoria. Quizá a caballo, con un quijote sanchificado o viceversa, con las pláticas y la sed de conocer como única e interminable gasolina. 

Extraño jet lag el de hoy y una cierta comezón metatemporal, la de notar que el mundo ha llegado demasiado rápido a las cosas, al revés que el flâneur de Walter Benjamin, y estuviera a la espera de no se sabe muy bien qué, como un san Francisco Javier al que arrebatan su Japón.


Praderas de Salamanca, no lejos de Fuenterroble de Salvatierra (10052013)



A Cote y Holzer


Comentarios

  1. Ojala que pudiera entender la frase “Ciudades que te reconcilian con España”

    Saludos

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  2. Voy a caer en el lugar común, pero ¡qué demonios! Me lo permito:
    Nunca el frío fue tan grato, el cansancio tan amable, la falta de sueño tan alegre, la sed tan llevadera y el hambre tan justificada.
    Todo estuvo bien. Todo.
    Como colofón del lugar común, una despedida en plan tía: gracias a los dos por estos cuatro días tan salados por la vía de la plata. En estos días de peregrino me he sentido más vivo que en los cuatro meses anteriores.
    Hay una España hermosa e interesante y conocerla nos ayuda a sobrellevar mejor los gruesos defectos de este país al que, queramos o no, amamos y nos duele.
    Ahora bien, si hay una próxima, nada de velitas de te: campingás como hay Dios.

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