17.3.13

Gz

Gompertz. Gz. Hoy terminé, ¡por fin!, la entrevista con el especialista en arte. Se solapan los curros y a veces avanzamos en todos y en ninguno. Gz. Gom. Qué curioso que un tío que se llama Gompertz reconozca entre sus máximas influencias a uno que se llame Gombrich, y que además escriba un libro complementario al de este, llamado a compartir espacio en las estanterías de las grandes y pequeñas superficies libreras (gypsl). Gom, Gom.

Termino esa entrevista, dejo medio sentenciado el reportaje sobre escuelas de escritores, con Elvira Navarro, Juan Carlos Márquez y María Tena, y acabo el Macropost y siento esa "paz de ciertos monasterios" de la que habla Battiato en una de sus (y mis) canciones favoritas: La sombra de la luz. (A ver si la canta esa el próximo jueves, por cierto, en el Circo Price, tengo entrada y tú no.)

Una paz que me invade y que acompaño con un chocolate para beber y unas galletas maría: no quiero más, tan solo la lectura de El librero, de Régis de Sá Moreira y quizá un par de birras baratas del Carrefour, que retrasen un poco más mi recuperación física total. Porque creo que esta paz casi infantil viene de una cierta merma de mis facultades que me tiene como tranquilito, como un manso animal doméstico. Porque el hombre es un animal mal domesticado, a pesar de todo.

Hay épocas para escribir, otras para leer y otras para fifir. Creo que estoy en la segunda. No es que no tenga ganas de vivir, lo que no tengo ganas es de vivir experiencias que puedan ser escribibles. Porque hay un estadio que no es ninguno de esos tres, que es el de escrivivir, o escrififir, en plan Benedetti o Juan Cruz, que viene siendo vivir cosas que luego sabes que escribirás, de alguna manera. Y eso, señores, cansa. Y además también se da el caso de que no escribas de eso en tu puta vida. 

Hay distintos tipos de estreses y no sé si algún Luis Rojas Marcos de la vida ha escrito algún bestseller al respecto, pero debería. El estrés económico, ese que llega cuando uno ve que sus ingresos no alcanzan para cubrir todos los gastos que se van adquiriendo en el planeta Pago-Pago, quizá sea el más famoso. Como el estrés laboral, esa ansiedad que llega al sentir que las horas del día no son suficientes para cumplir con las obligaciones varias que te exige la jodida y sobrevalorada nómina. Pero luego está el estrés emocional, que tiene que ver con la ansiedad de que pase el tiempo y la soledad siga ahí. Las mujeres pueden ser más vulnerables a este tipo de estrés, al tener el reloj (biológico) en su contra. 

El estrés creativo, por tener ganas de crear pero no haber tiempo disponible, que puede tener que ver con el estrés económico y laboral, creando una pelotera de estreses macanuda. 

Yo colecciono varios de los estreses citados, pero he decido intentar que no me machaquen. Aguantar hasta que los venza a ellos y no al revés. El sentimiento épico de la vida, en pequeñas dosis. De estudiante, me gustaba esa cosa de ir a hacer los exámenes habiendo estudiado bajo la implacable ley del mínimo esfuerzo, todo a última hora, sin haber dormido más de veinte minutos para establecer al menos la división entre el ayer y el hoy. Había algo de romanticismo en esas gestas académicas, como la del verano de 2000, en que saqué nueve de las doce asignaturas que me esperaban en septiembre, sobresaliente included en Estructura de la Comunicación Audiovisual. 

También hay quien ha sufrido de estrés cinematográfico, por la cantidad de pelis por ver que no ha visto y jamás verá. Lo sufro, levemente. Pero el que más me persigue y de eso me he percatado estos días, es el estrés lector. Más que todos los demás. Como si me hubiera olvidado, o hubiera dejado de cultivar en condiciones el místico y fundamental acto de abrir un libro y leer. Y me alegra que ese sea mi principal estrés, porque tiene fácil solución. 

En mala hora quedé para el Saint Patrick's de los collons. Me limitaré a beber.

Llego tarde.



Coda: Y qué bien lo hemos pasao.


1 comentario :

  1. El estrés nos produce cierto grado de excitación que no tiene por qué ser negativo, hay que intentar que no sobrepase ese límite que nos lleva a la ansiedad y a la frustación.

    A veces cuesta dar con ese "mecanismo" emocional que lo controle, pero basta encontrar el truquillo para que uno sienta ese control sobre la propia vida, tan necesario...

    Creo que me aburriría mucho en un monasterio, ya lo hemos comentado alguna vez a propósito de Cohen... Creo que lo más inteligente y lo más humano es aprender a vivir en medio de todo lo que nos rodea y buscar ahí esos instantes de paz, de reflexión, de disfrutar. A ver si me aplico el cuento, que hay que ver lo bien que se me da decírselo a los demás (aunque creo que es un mecanismo para no dejar de decírmelo a mí misma).

    Por cierto, que a Battiato le escuché hace un par de días una frase llena de grandes conceptos, no sé si dijo algo así como transcender es llenar ese espacio entre el cielo y la tierra, y me pareció un poco tontería la cosa.

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