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España puede ser una mierda pintxada en un palo, pero también hay momentos que de pronto te reconcilian con ella. Como ir a un espectáculo de Loopoesía de Jordi Corominas y luego acabar todos en un bareto de la calle Apodaca poniéndonos ciegos a tapas grasientas sin censura de cañas y risas, y perdón por la cursilada, escribo bajo los efectos del alcohol. 

Admiro los arrestos de Corominas para no perder su dignidad de showman poético con el público selecto pero reducido que hemos acudido a la cita de la FNAC Castellana. Quizá no sea buen lugar, tan mainstream, en el fondo, ni buen momento, un domingo a las siete. Pero he disfrutado, como siempre, del espectáculo, y me ha gustado juntarme con esa gente que nos vamos juntando en este acto y en otro, como Iñaki Echarte Vidarte, Marina la Fallera Cósmica, A. la polisexual, Begoña, Sonia o Pedro, ese gran Pedro, de apellido anónimo, al que le he dicho si quería salir en este blog y ha preferido la discreción. Y Lorenzo Durruty, que se ha sumado al final.

Hemos hablado de Proust, porque hoy he decidido decidirme por un libro, tras mi indiferencia de ayer en La Fugitiva. Cuando llega esa indiferencia, quizá sea momento de hacer apuestas, y la mía ha sido una a la grande, En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Leeré, a mi ritmo, los siete tomos. Pero Pedro se los has leído, ¡los siete!, este invierno. Y le digo que el invierno no ha terminado aún y me sorprendo y admiro a ese lector vocacional que se mete Proust en vena, y mucho me parece ahora los cinco meses que empleó David C. Williams en darles lectura. Dice Pedro que 'En busca...' no es autobiográfico, lo cual me parece mucho decir, y solo para comprobarlo me pondré en la tarea de leer esa obra magna. Una obra magna que sé que me influenciará, y habrá un antes y después. 

La idea de que un libro te influencie no solo como escritor, sino como persona. Que te haga mejor persona de algún modo solo perceptible por unos pocos. Que suponga un cierto prestigio, el de los Lectores de En Busca del Tiempo Perdido, lectores como destacados del resto de los lectores, y que gozan de un pequeño reconocimiento en, no sé, un monumento ad hoc con los nombres de los que leyeron, honestamente y sin hacer trampas, este tipo de obras de larguísimo aliento. 

Como 'El hombre sin atributos', de Musil. 

Tantos libros, cada vez más, y la necesidad de ganarse y asegurarse no ya la publicación, sino la lectura, el público. 

Me topé con un libro de Pablo D'Ors, 'El olvido de sí', cuya solapa fotografié, y que reproduzco a continuación.





Y pienso en una cita que pegué por ahí, y que adjunto aquí. 


"Su vida recién llega a un equilibrio en 1889, cuando se casa con Jeanne Molbeck (danesa protestante, convertida por él al catolicismo), logrando la serenidad que necesitaba para publicar libros y artículos. Desde entonces hasta su muerte, escribió alrededor de un libro por año (incluido un Diario que publicará regularmente), consiguiendo la devoción de un grupo de lectores pequeño pero fiel, y siempre bordeando la miseria. Murió el 3 de noviembre de 1917".


Y concluyo en que Corominas tiene algo de sabio porque la fama, la gloria, quizá no sea más que una noche improvisada de, perdonen la cursilada, cañas y risas.




*Perdón por las erratas, es tarde para corregir


Comentarios

  1. Vandramé Patxutxo Elperro4 de marzo de 2013, 11:20

    ¿ Erratas ? desfilando a la cloaca , nobles bichos , que no pretendeis volar para regarnos con vuestras heces . Eh ratas , hermanas , comeos a todas las palomas en sus huevos .
    Closca closa no fa truita .
    ¿Pablo d´Ors es sacerdote o lo suyo es una performance perpétua ?
    A m´i también se me atravesó el paracetamol, Naúgrafo , ay la cebada corrupta y las flores ¿ de qué ? eso.

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  2. Sir Vandramé,

    Aún tengo que leer su parrafada bolañiana.

    NMDLV

    *Nomedalavida

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  3. Pienso que ésta obra de Proust es como un tatuaje, si intentas borrarlo te harás daño, pero ¿quién querría borrarse este tatuaje?
    Una vez que lo has leído, vuelves a sus páginas a ratos, de un modo indefectible.

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