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Escribir es detener el tiempo. Supongo que leer, también. No tengo tiempo para escribir, apenas para leer, pero me fastidia que el tiempo se me escurra por entre las manos. Por eso voy a atreverme con una nueva entrega del MACROPOST, con el texto número 189 de esa serie, que algún día publicaré en original formato de papel higiénico, y os venderé para que os limpiéis vuestro santo conducto con mis letras. Eso sí, a 8 + IVA la unidad, en una herramienta de venta que habilitaré ad hoc. 

La idea de vivir, de ganar euros, con lo que escribes, con el trabajo que más te gusta hacer. Ayer mismo recibí las liquidaciones de Luz de noviembre, por la tarde. Fue un mediodía de martes, pleno febrero, un día tristón, rabiosamente normal. Ahí estaba, en la editorial, haciendo efectiva la transacción letras por euros. La idea de vivir, de ganar euros, con lo que escribes, magna utopía. Sensación extraña, tirando a positiva, percibir algo, poquito, en metálico, por el fruto de tu esfuerzo, que tampoco es tan esfuerzo, porque uno disfruta con ello, creativo. Casi siete años después de haber puesto el punto final al manuscrito, se cierra el ciclo de ese libro. 

Debe de ser muy excitante que te paguen por algo que te gusta hacer. Y me refiero a cifras decentes. Saber que uno tiene el favor del público, y hasta de la crítica, y que su obra cotiza al alza y le permite vivir como un feliz burgués con caprichos varios, que es lo que somos todos, además de Maribel Verdú. Uno podría escribir hasta morir, y luego buscar el relajo de la mente con actividades más físicas y, a poder ser, productivas también. "Trabajando, don Ramón", le decían a Valle-Inclán una vez que le pillaron arando un huerto. "Descansando, descansando", contestó, y esta cita creo que la he puesto al menos cuatro veces en los últimos dos años.

Es una opción, un lujo, que nunca he contemplado como posible. Además, sigue presente esa otra cita, también archiutilizada, de Albert Camus: "El día que solo sea escritor, dejaré de ser escritor". 

El día es mucho día para ser escritor. Acabas mal. Como Umbral, de la que Corín Tellado dijo no sé dónde que estaba como una regadera. Su único nexo con lo real eran las columnas, y cada vez eran más subjetivas, más libres. Necesitamos ciertas acotaciones para no desparramarnos del todo. Las paredes del sudoku. 

Pero me parece excitante la idea. Voy a probar a escribir una nueva entrega del MACROPOST, con sus 27 artículos casi seguidos, contando con el presunto favor del público. Los mensajes con la palabra NAUGRAFO al 27979 serán una prueba incontestable de apoyo al proyecto. De aliento que va más allá del Me Gusta virtual. De solidaridad con la cosa. De micromecenazgo comprometido. Dudo que pase nada. Pero me apetece probarlo. En el peor de los casos, me haré una idea del desapego cultural, mecenazguil, de mi entorno. Habrá quién me llame caradura, incluso. 

Yo seguiré avanzando, a mi ritmo.

Gracias.





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