El tiempo pone a cada uno en su lugar

"Bermer&Co y Caja Navarra presentan vidas paralelas durante la última década. Y su relación coincide con la llegada de Enrique Goñi a la dirección general de Caja Navarra el 2 de enero de 2002. Unas semanas más tarde, el 11 de febrero, queda constituida Bermejo Comunicación..."

Leo esto en 'Diario de noticias'. 11 de febrero de 2002, hace once años de esto. Pocos meses después, me incorporé a esa promisoria empresa, en el encantador Palacio de Arazuri. "Trabajarás muy a gusto ahí", me dijo Miguel Ángel Jimeno [maj], de la Universidad de Navarra, cuando fui a recibir su asesoramiento. Y sí que se estaba bien allí; mi primer trabajo, en una agencia de publicidad llena de proyectos y futuro. Recién licenciado, la vida me trataba bien. 

En el verano de 2002, escribí algunos discursos para Enrique Goñi, flamante nuevo director de CAN. Tenía pinta de líder, parecia comprometido en quitarle la caspa a esa entidad demasiado localista que me parecía entonces Caja Navarra. Tenía, yo, 23 años recién cumplidos y escribía discursos para directores de cajas importantes. Definitivamente, no me iban mal las cosas. 

Recuerdo uno sobre Bartolomé de Carranza, un religioso nacido en el pueblo de mi abuela, Miranda de Arga, 499 años antes de que escribiera sobre él. El quinto centenario de este arzobispo y teólogo de gran influencia en su día era motivo de fastos varios; había que reinvidicar la figura de un personaje algo maltratado por el reconocimiento histórico. De ahí la idea central de ese discursito mío: “El tiempo pone a cada uno en su lugar”. Recuerdo un comentario del propio Bermejo, director del cotarro creativo, de tipo aprobatorio. Le gustaba la idea, creo que le sorprendió que me sacara de la chistera ese argumento, que daba vida a un texto oficial llamado a ser un vacuo trámite de compromiso.

No pude agrandar mucho más mi incipiente 'port folio' de redactor publicitario. Un catálogo sobre un campo de golf con adosados ecológicos, Moncalvillo, en La Rioja, que nunca llegó a construirse; unos párrafos por aquí y por allá para una marca de ensaladas; propuestas de 'naming' para el entonces inexistente Civican, como para también la futura revista Cancha, en la que tuve el honor de posar en guisa golfística, sobre el put-in-green del Club Deportivo Zuasti. En los 31 millones facturados en ese tiempo no incluyeron un gasto para "modelo golf - revista cancha". 




Un día me llamaron al despacho del jefe, inmortalizado por cierto como Jaime, en Dios nunca reza, de Patxi Irurzun, otro de los damnificados, padre y con dos hijos en edad de crianza, del vicio despedidor de Bermer & Co. Un día me llamaron, decía, al despacho, para decirme que mis notas de prensa era “algo deslavazadas” y que, lo sentían mucho, pero “no daba el perfil”.

Me quedaba mes y medio para terminar mi contrato en prácticas, por el que cobraba algo menos de 600 euros, en una empresa que iba a facturar decenas de millones de euros en la siguiente década, con tan solo uno de sus clientes, Caja Navarra. Pero daba igual. Pagarían el despido improcedente y a correr. Aún recuerdo ese día áspero de octubre de 2002 en que tuve que reunirme con el abogado de la empresa para firmar unos cuantos papelajos que acreditaban mi inutilidad profesional para con esa empresa, entonces aún llamada Bermejo Comunicación.

Vino después una época de experiencias profesionales variopintas, lejos de aquel palacio, de las que no reniego y en realidad agradezco. Haberme quedado en ese agujero creativo podría haber sido mi fin. Hoy siento que tengo un pasado rico y bien exprimido, en esos años, aunque mi cuenta corriente sea todavía del tipo peterpanesca, endeble aún por la española costumbre del impago. Agradezco, ya digo, haber escapado de esa factoría de mediocridad y egos provincianos mal gestionados para haberme entregado a la riqueza del azar y las ciudades. La gente que he conocido vale más que todas las nóminas del mundo. Me jode un poco más haber sido víctima, desde entonces, de una cierta inseguridad personal relacionada con el universo laboral. La duda de ser alguien incapaz para el trabajo, sencillamente. Con el tiempo, llegué a quitármela de la cabeza, al ver, sobre todo, que entre los damnificados por la furia despedidora de Bermer & Co. (importante la Co, también), se encontraban nombres de gente muy valiosa, como Jorge Nagore, columnista de Diario de Noticias y autor de varios libros, como Los catorce de Iñaki, sobre Ochoa de Olza.

Quiero pensar que la buenista idea que tracé para el discurso de Bartolomé de Carranza puede llegar a cumplirse. El tiempo pone a cada uno en su sitio. ¿Cuál es el sitio de esta gente? El tiempo me va dando la razón. Por lo pronto, este martes Enrique Goñi no hablará en el Parlamento de Navarra sobre Bartolomé de Carranza, sino que intentará justificar   cómo logró cargarse una de las instituciones financieras más sólidas de una comunidad, la Navarra, con una de las rentas per cápita más alta de España, y acostumbrada a no depender de nadie. 

Comentarios

  1. Esto se llama quedarse a gusto, ¿no?
    De todos modos, no hay que confiar demasiado en la justicia del tiempo; esa cita sólo es exacta para la hora final.

    ResponderEliminar
  2. Náugrafo, me ha interesado mucho tu post, excelente. Yo vivo en otro círculo que "Jaime", como le llama Patxi Irurzun, pero, claro, lo conozco y hemos tenido alguna relación laboral fallida, y hay muchísimas personas que trato que se han relacionado con él. Sus modos laborales, desde luego, y sus modos de hacer negocio, tienen muchísimo que ver con los seguidos por Enrique Goñi, y en el reparto de esta sórdida historia de la caja de ahorros el papel de "Jaime" tiene su enjundia, vaya que sí.
    Por desgracia, lo que dice el anterior comentarista me temo que es cierto. Muchísimos trabajadores de "Jaime" han visto caer su plan de vida y algunos se han ahogado. Pero él siempre flotará, me parece.

    ResponderEliminar
  3. Gracias, Ayacam, valoro y agradezco mucho tu opinión. De hecho, conforme escribía el texto, me acordé ligeramente de un post tuyo en que comentabas algo de experiencia personal relativa a discursos de cargos públicos.

    Me temo que tengo que darte, en parte, la razón. Mi idea 'buenista' y bienpensante puede que tuviera su cosa poética, pero no sé si a todo el mundo la vida le pone en su sitio. A 'Jaime' me temo que no. A Goñi, pues mañana le ha puesto en el Parlamento.. O sea que quizá no sea tan mala la frase que da título al post.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario