Hacer tuyo

Llevo dos semanas ya en la nueva casa y me encuentro bien. Me gusta y convencen sus medidas, su disposición, su infraestructura, sus muebles, su zapatero, su cocina, su feng shui. Qué cosa darse cuenta de que los espacios reducidos son incluso más acogedores, cómodos y prácticos que los grandes. Hay en este pequeña frase un cierto secreto de la felicidad, la que Paris Hilton no tendrá nunca, la que Michael Jackson jamás rozó, en la inmensidad triste de Neverland. 

Pero las casas hay que hacerlas nuestras, hay que impregnarlas de uno mismo. Y es un proceso lento, hay que echarle paciencia, es difícil hacerlo, por ejemplo, con las habitaciones de hotel, aunque se han dado casos. Requiere un poso de impresiones, de recuerdos incluso, alguna experiencia entre esas cuatro paredes, cenas con amigos. Poco a poco se va llenando de nosotros la casa y es cuando la reconocemos como nuestra. Tiene esto algo de perro, o gato, que mea sobre el territorio. Por eso, cuando dejamos uno de esos espacios nuestros, algo se muere en el alma, porque había un pedazo de nosotros en ella. Por eso, cuando dejamos a una persona, algo se nos muere dentro, sufre nuestro bluebird, porque esa persona éramos también nosotros. 

Los inicios en una relación tienen algo de ese habitar un poco vacilante del inquilino recién llegado. Luego poco a poco uno se instala en la casa, en la persona, y abandonar la casa, la persona, puede ser un proceso doloroso. El amor es como un piso, compartido en este caso, en el que uno se instala, en busca de felicidad, en busca de recuerdos con que llenar de fotos las paredes, sin saber muy bien hasta cuándo.

1960 : ‘Second Homes for Leisure Living’ (Retronaut.co)

Comentarios

  1. Quizás sea mejor dejar ese piso, o esas relaciones, a medio decorar, a medio construir. Para que esos espacios vacíos nos quiten las ganas de tirarnos al sofá y en vez de recuerdos, nos hablen de lo que aún podríamos hacer.

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  2. Mmmm, igual no me expliqué bien. Me refería que en las relaciones nuevas y en los piso nuevos, hay un tiempo en que hay que hacerlas 'tuyas'. Vivirlas, habitarlas. Luego uno está como instalado en ellas. (Y si hay que salir, cuesta, claro, porque uno se ha volcado en la otra persona, y también ha dado vida a algo tan inerte como una vivienda).

    saludos

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  3. Creo que te entendí. Lo que quise decir es que ese creer que las 'hacemos nuestras' puede ser nuestro 'patinazo'. Vamos, que lo de la instalación es una ilusión. Eso es lo que creo que quería decir. Saludos dudosos.

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