30.5.12

Escritores sin blog (y II)

Concluye esta serie bipostal que arrancó con ese vómito metafórico de lo que me parecía, licencias poéticas aparte, el hecho de que un escritor no tenga blog: un razonable sinsentido. 

Dice Oteiza, en un video genial que circulaba por YouTube, que jamás tuvo miedo al folio en blanco. Un escritor con miedo al folio en blanco quizá no sea escritor, un escritor sin blog quizá no lo sea, tampoco. El folio en blanco es un campo de libertad, el interfaz en blanco es un espacio de similar libertad. Y además, con un público, más o menos reducido, pero con alguien que te sigue los pasos. Y recuerdo la frase mil veces citada que me regaló Antonio López en unos cursos de verano: "Si encuentras placer en lo que haces, y encima tienes el apoyo y seguimiento de la gente, puedes trabajar incansablemente". Aprox. Y ya, añado, si con eso te ganas la vida, ni te cuento. Algún día, eso, supongo.

Esta aseveración mía se presta a mil y una réplicas. ¿Juan Rulfo tendría blog? Juan Rulfo escribió dos obritas en toda su vida. Juan Rulfo escribió dos libros pero, ¿Juan Rulfo era escritor? Nos contó hace poco Blanca Berasategui, directora de El Cultural, que una vez tuvo el raro privilegio de entrevistarle. Odiaba las entrevistas. Quizá porque no se sentía escritor. Hemingway odiaba hablar de libros, podía llegar a las manos, si insistían mucho, me contó el guía de su Finca Vigía. Rulfo no escribió más, y pasó el resto de su vida trabajando en una editorial, en labores hormiguiles de corrección y así. 

Juan Rulfo fue escritor cuando escribió 'Pedro Páramo' y 'El llano en Llamas'. El segundo, además, es una recopilación de 17 pequeños relatos, que escribió en 1953. Rulfo murió en 1983. ¿Por qué tantos años de agrafía? Se ha escrito mucho sobre la agrafía, sobre todo Vila-Matas, en su 'Bartleby y compañía', libro que dejé a medias porque se lo regalé a Alberto Fuguet. 

¿Puede haber escritores de una sola obra? ¿Son estos tan escritores como los escritores totales que fueron, no sé, Pío Baroja o Francisco Umbral? El lenguaje es pobre. La barrera entre la autenticidad e impostura también. Uno puede impostar un libro, pero no se puede impostar toda una carrera literaria. Aunque, Umbral, allá donde lo veis, tuvo mucho de impostado. Dalí también. Personajes hechos a sí mismos. Qué agotador.

Juan Rulfo (Wikipedia)


No creo que un escritor actual sin blog sea un impostor. Pero quizá me parecen menos escritores. El escritor auténtico es el que necesita escribir, y para ello se sirve de cualquier recurso que tenga a mano; como el trabajo del pintor, el pintor total, es solo la punta del iceberg, y su estudio es un zoco loco de bocetos, probaturas, dibujos, garabatos y demás desvaríos paleta en mano. 

A mí me parece que se habla mucho de literatura, que hay mucha actividad en el campo literario, pero no encuentro muchos blogs que me seduzcan. Que produzcan verdadera literatura, esa que nace de la observación, de la curiosidad, del asombro, de las ganas de fotografiar con las letras. "Un escritor lo es cuando tiene obra publicada", dijo una vez Alberto Olmos. Sí, en parte, aunque también puede serlo más alguien que cultiva un blog desde hace décadas, en plan Microgramas de Walser, y no necesita siquiera de la formalidad de la publicación. Un escritor es un tío que escribe, que disfruta haciéndolo. Así de simple. Cuanto más escribe, más escritor es. 

Y veo que los escritores consagrados, los de la generación anterior, nacidos en torno a los 50, siguen demostrando su raza literaria. Pienso en Antonio Muñoz Molina, Andrés Trapiello, José Luis García Martín o Miguel Sánchez-Ostiz. Abrazaron sin complejos el formato blog y ahí siguen, ofreciendo casi cada día sus historias. En mi generación, apenas veo blogueros activos. Mucha reseña, mucha 'prescripción', pero poco blog literario. Alberto Olmos a veces sabe de la libertad y las posibilidades que tiene el formato blog, pero lo actualiza a un ritmo que diríamos calmo. Pienso en Elvira Navarro, con su  blog 'Periferias', como un buen ejemplo de folio en blanco pixelado en el que fijar el asombro por algo, en este caso, los universos barojianos del Madrid de extrarradio. 

No es cuestión del formato. El blog surgió con fuerza a partir de 2003 y sigue siendo válido. Son palabras colocadas en el mayor difusor de información que hoy existe: internet. Los escritores sin blog son menos escritores. Quizá sean novelistas, pero no escritores totales.


24.5.12

Escritores sin blog (I)

Árbitros sin silbato. Cirujanos sin bisturí. Taxidermistas sin paja. Tapiceros sin orejas. Jueces de línea mudos. Jueces sin puñetas. Tocólogos mancos. Peluqueros con parkinson. Notarios con Alzheimer. Oncólogos con metástasis. Percebeiros de secano. Malabaristas cojitrancos. Chamarileros sin trastero. Filósofos a distancia. Estomatólogos bocazas. Psiquiatras de diván. Psicólogos de salón. Psicoanalistas no-argentinos. Putas célibes. Opusianos promiscuos. Puteros sin un chavo. Programadores de Flash. Diseñadores en PC. Echadores de cartas en buzón. Recicladores de papeleras. Funambulistas de meseta. Cortadores de jamón de york. Bomberos inflamables. Opositores sin temario. Autoestopistas autosuficientes. Tuiteros sin teclado. Gais sin ano. Analistas sin porcentajes. Pordioseros sin escudilla. Escuderos sin Quijotes. Quijotadas con fundamento. Fundadores de lo antiguo. Anticuarios vanguardistas. Abanderados de las causas ganadas. Perdigones de gominola. Golosinas de carbón. Cabrones de ONG. Ornamentadores de belenes de verano. Veraneantes con esmoquin. Relativistas dogmáticos.   Críticos del cítrico. Ciudadanos de pueblo. Pueblerinos en Manhattan. Cosmopolitas de provincias. Mamporreros del silencio. Violadores del ripio. Profanadores de rumbas. Asesinos en sirio. Anestesistas nerviosos. Navegantes de tiovivo. Espectadores sin espalda. Banqueros con dignidad. Cantautores sin guitarra. Cobradores sin frac. Agitadores de Baticao. Manifestantes perdidos. Hormigas sin antenas. Antepasados sin futuro. Futurólogos nostálgicos. Farmacéuticos drogatas. Dromedarios insumisos. Hipsters de Modas García. Brokers de Monopoly. Polis de guardería. Guardianes sin esencias. Ensayistas de rugby. Rutilantes opacos. Paquidermos de piel fina. Impostores del post. Postrimeros del prolegómeno. Profesionales del ocio. Especuladores del humo. Vendebicis pinchadas. Embaucadores del desahucio.

20.5.12

Una historia verdadera (ahora sí)

Es una tontería, que me contaron el otro día. En apenas unas pocas líneas está despachada. Una pareja, en ese estadio algo atascado de ciertas parejas. Las que no acaban de avanzar, sumidas en un ámbar sentimental que ni fu ni fua. Parejas que no acaban de reformar una casa que deja bastante que desear, que no acaban de tener hijos, que no acaban de irse de vacaciones con los padres de ella. Pero que "estamos bien así", al menos para uno de las dos partes. Siempre hay alguien que quiere más. Siempre hay alguien que tiene la sartén por el mango. Casi siempre. 

El caso de esta pareja era de claro dominio del varón. Rollo estoy bien así, y no me rayes con casamientos ni historias de mayor índole. Y ella que se quiere casar y dar entidad a la relación, tentar al intento de que sea para siempre, feliz incluso. Y él que solo piensa en el día a día, en ese traicionero carpe diem, sin comerse mucho el tarro. Entonces ella pasa al chantajeo duro, y le dice que o se casa con ella, o ella se casa con su mejor amigo de la infancia, que le dirá "Sí quiero" sin pensárselo dos veces. 

Así que él piensa que quizá ella está un poco loca por plantear semejante chaladura, y la deja. Y ella se acaba casando con su mejor amigo de la infancia, al que yo conozco por cierto, de un antiguo trabajo, y él, el amigo de la infancia, se casa creyendo que es por amor y nada más que por amor, ignorante de que en el fondo es por amor hacia otro. No sabe que es un mero instrumento, un gran segundo plato, un hombre objeto. Pero se casa, y cree que vive un matrimonio al uso, pero tampoco sabe que ella sigue, de cuando en cuando, tentando al hombre que de verdad quiere, y éste le sigue dando largas e, imagino, repudiando cada vez más conforme sabe de las sucias tretas de quien fuera su novia. 

Apenas coincidí con aquel tipo unos meses, hace varios años, en un lugar de trabajo. Es de los que se hace el sueco cuando te ve fuera del horario laboral. Si me lo cruzo de nuevo por la calle, quizá me recuerde, pero nunca imaginará que conozco su patética historia, una historia verdadera de la que él no tiene ni idea cuando duerme, cada noche, a pierna suelta.

18.5.12

Una historia verdadera

Tú pones 'Una historia verdadera', y la gente te lee más. Es lo que vende, o vendía, al menos, hace unos años. 'Patrimonio', de Philip Roth, y debajo, 'Una historia verdadera'. Mi 'Luz de noviembre, por la tarde', se promocionó como 'Novela', pero era una historia verdadera. Una historia verdadera, en la que los hechos son contrastables, no es una novela. En una novela el hecho no importa tanto. Una novela entra dentro de la verdad literaria, que es otra verdad, no tan apegada a los hechos como tales. En una novela, puedes decir "Pío Baroja era maricón", y no pasa nada, ni nadie se rasga vestidura alguna, pero en 'una historia verdadera' no puedes decir nada que no sea verificable. No hay pruebas (allí está la biografía reciente de José-Carlos Mainer) que prueben este estrafalario supuesto. Pero el castellano es un idioma muy limitado, y no podemos añadir la palabra real, por ejemplo, a novela. Una realnovela. Pues sí podemos.

Realnovela. Me gusta.

Queda inventado un nuevo género literario para esos libros con vocación literaria pero que cuentan hechos reales, pero que tienen vocación literaria. Como por ejemplo:

'Luz de noviembre, por la tarde', de Eduardo Laporte.

'Missing: una investigación', de Alberto Fuguet.

'Anatomía de un instante', de Javier Cercas.

Y como me he enrollado, as usual, dejo para otro momento la redacción de 'Una historia verdadera'.

Realnovela.

16.5.12

Aprender a trabajar

A mi padre, que me enseñó a trabajar. Dedicatoria de 'Nadar en agua helada', de Recaredo Veredas, Bartleby Editores, Tipos Infames, por fin es primavera en Malasaña, barrio al que accedo como por unas escaleras subterráneas, como los moradores de la Rochapea suben a la meseta de Pamplona. Sensación de extramuros, de ubicación pasajera, que no tiene algo de no estar ni ser de ninguna parte, again. Pero bien. Aunque se arrastra una nueva morriñez, de la ciudad de uno, como espacio quizá en el que construir, y deseos, ya tocan, de acometer el descenso del castillo en el aire. 

Madrid como viaje, el periodismo como viaje, ¿la vida como viaje? Mezcla de dos vinos en ayunas, más menú barato de oferta callejera de Burger King en mano, con Pepsi Light, y euforia pequeña de antes de dormir. Antes, abanico de sensaciones para todos los públicos. Cierro la idea: Barcelona como caldo de cultivo de malencarados por ser ciudad para siempre y no de paso, como es en el fondo, un poco, Madrizentro. El anonimato de la gran ciudad te convierte en un don Nadie, reflexioné antes en Twitter. 

Por la mañana, cobertura de un acto sobre la cultura italiana, y nombres de autores de aquel país, Magris, Tabucchi, Calasso, Elsa Morante, Erri de Lucca. Y el director del Instituto Italiano de la Cultura que lleva un reloj como el mío. Necesidad perentoria de rodearme de belleza, de un mundo teatral, quizá ficticio, donde sea posible la ilusión de belleza. Ayer, en la calle del Redín, aquel arbotante que rompía la estrechez de la calle. Rodearme de belleza, quizá como contrapunto para un barrio de alitas de pollo sobre plato de los chinos que es el que ahora me acoge, o también como el pasaporte para un mundo mullido que el burgués, grande o pequeño, que en el fondo soy, exige y reclama en el corto/medio plazo. 

Aprender a trabajar. Dice Veredas que su libro, apenas 55 paginitas con solo un tercio de ellas manchado de tinta, le costó "décadas". Solo después de mucho trabajo de lima brotó un libro, crear es quitar, del que han dicho que es fruto y no cáscara. Obviamente, las dosis de trabajo fueron espolvoreadas en el tiempo. Ningún poemario se escribe de ocho a tres. El poeta trabaja siempre.

A mí no me preocupa tanto aprender a trabajar, sino aprender a construir. El montoncito, decíamos ayer. En esto, pero también en lo otro. 

Construir es también conservar.




15.5.12

Espacios no trillados

Cuando paseo por Pamplona, o cuando voy de un sitio a otro, cuando simplemente me desplazo, es inevitable que me asalten los recuerdos. No son recuerdos particularmente épicos, sino simples sensaciones. En cada esquina sentí algo o pasó algo, un día, y lo recuerdo. Si hubiera un mapa de mis huellas por el mundo, estadísticamente estas siguen manchando el espacio que va desde el centro de la ciudad al colegio San Cernin. 142 días lectivos, aprox., por los doce, quince, cursos que allí completé. Como las gráficas que ilustran la zona más pisoteada por el futbolista X en el partido Y. O como ese mechón de tierra desgastado, precisamente, por la agitada confluencia de delanteros y defensas en los campos de fútbol que  aparecen, de pronto, en un claro en pleno bosque. 

'París no se acaba nunca', sentenció EVM en su libro homónimo. Las ciudades de provincias puede que lo hagan antes. El tránsito repetido por los espacios de siempre obligan a una relectura: el habitante de ciudad pequeña se enfrenta a diario a esa escucha en bucle de, pongamos, Changing Of The Guards, de Dylan.

Relecturas porque siempre hay novedades en el relato de la ciudad. La plaquita a Joaquín Zabalza, ex Iruña'ko, en su casa de la calle Mayor 54, vecino por cierto de otro Iruña'ko, cuyo nombre no recuerdo. Los cambios en el paisaje comercial, una tienda clásica (Erro) que pasa a mejor vida y una heladería, Nalia, que estaba ahí desde la fundación de la ciudad, que se moderniza y se expande hacia el suntuoso mundo del yogur. Y no nos olvidemos de esa efeméride hiperlocal do las haya, que son los cien años de Droguería López. Un siglo vendiendo no solo drogas, sino también artículos de pintura, de brocha gorda pero también muy fina, con mucho arte, según dicen los que consumen estos coloridos productos.

En general, reandamos lo andado y podría hacer un post de cada esquina, rincón, calle, bocacalle, chaflán, plazuela. De todos guardo imágenes. Pero el lunes 14 de mayo de 2012, en un rato de deambule laxo, me interné por los pliegues de la Ciudadela de Pamplona, que tiene unos cuantos. Y descubrí no sin asombro que había una zona que no había pisado en mi puta vida, y eso me llenó de un cierto gozo. No todo está leído. Luego pensé que quizá es que habían abierto al público nuevas áreas, pero prefiero pensar que no, que había zonas aún inexpugnables, que la posibilidad del hallazgo no muere nunca. Aunque la ciudad se acabe.



Ciudadela de Pamplona

11.5.12

PERMANECER EN LAS REDACCIONES ES PELIGROSO

Lo pongo así, en mayúsculas, porque es como aparece en 'El sol como disfraz', última novela del escritor Pedro Sorela, al que entrevisté el otro día en el hotel de las Letras, probablemente el hotel más literario de Madrid. O no.

Llevo toda la semana hablando, o escuchando, sobre periodismo, que es un tema que me gusta hasta cierto punto. Me gusta por lo que tiene de técnico, porque a veces la técnica es una manera de amarrar el humo, de disipar una tendencia a la abstracción que nos conduce a una locura de salón. Y no queremos volvernos locos de salón. Pienso en un escritor de Cantabria, reciente premio Nadal, con ese aire desgarbado genialoide de despiste indeleble. Pero no me gusta por que siempre es más de lo mismo, esa cosa quejicosa, y porque es demasiado subjetivo todo como para ser cierto. 

Decía Sorela, que empezó en los setenta en 'El Correo de Bilbao', que en esto del periodismo hay que tener un plan B. Qué más allá de "los 47 años" no es sano ni recomendable estar absorbido por la rutina/esclavitud de la actualidad. La dictadura del tiempo, que no de los mercados, es una de las claves de su novela. 
Entonces le conté lo del mal de Sísifo, que sufrí en mis propias carnes cuando trabajé en 'El Imparcial': cuando por fin todo estaba colocado, todo apañado, todo en orden, ese puzle imposible que por fin casaba, ya de madrugaba, y te ibas a casa, no tardaba en llegar el nuevo día y otra vez había que levantar el edificio informativo, erosionado sin remedio por el desgaste del tiempo. 

El plan B de Sorela, que estuvo diez años, "largos", en plantilla de 'El País' ha sido la docencia: en la Universidad Complutense tiene fama de buen profe, aunque somete a sus alumnos a la "tortura" de leer unos cinco o seis libros. Qué crueldad. Y si se metió en el periodismo fue por subirse al tren de la experiencia, por la curiosidad, por el deseo de emprender un viaje. Y dijo eso, viaje, y quizá como un trayecto finito, temporal, enriquecedor, es como hay que vivir el periodismo, señores, y no como otra cosa. 

"¿Qué es un periodista?". 

Y luego me habló de una amiga suya, que respondía al perfil de periodista intrépida, de Moscú, que tenía acceso a jugosas fuentes de información con las que elaboraba enjundiosos reportajes, que viajaba por todo el mundo y que estaba muy bien considerada. Pero que también daba clases en un "departamentito" de universidad, y que un día abandonó ese periodismo de trinchera tan campanudo para dedicarse a la carrera académica. 



- Pero, ¿por qué lo dejas?
- Porque no hace montoncito.



Esto lo he pensado yo muchas veces, en mis constantes puestas en solfa del oficio periodístico, pero al oírlo por boca de Pedro Sorela como que la idea terminó de cobrar forma, y hasta la envolví con lazo y todo. "No hace montoncito". La dictadura del tiempo. El plan B. El periodismo como viaje. Y la vocación literaria siempre por encima de todo. Y en las redacciones, lo justo. Es peligroso. Be careful. Achtung, baby.


8.5.12

Viaje con nosotros

Los que nos hemos acostumbrado a los números rojos, a la presencia de un guión, o guion, negativo delante de nuestras cuentas corrientes (mecenas vocacionales, diríjanse a la pestaña de Pay Pal habilitada para las donaciones), vamos desarrollando nuevas formas de viajar sin movernos del sitio. Eso del viaje interior, en plan Kafka, que es más barato y cómodo que el viaje exterior a lo Hemingway. Como el exilio interior de Aleixandre y no el de Altolaguirre (que se fue a México para acabar palmando en España,  creo que en una carretera de noche, de accidente, creo que yendo al festival de cine de San Sebastián, creo que en 1958 o 1959. Exiliarse para morir en Burgos, triste destino).

Decía que los ricos de espíritu pero probes de parné desarrollamos nuevas formas viajar, como por ejemplo, undostrés responda otra vez, la staycation, que es una contracción de las palabras ingleses stay y vacation y que viene significando mayormente quedarte en tu puta casa mientras el resto se va a Cabo de Gata, Florencia, Algarve o los picos de Europa. Diré que buena parte de mis satisfacciones recientes me la ha producido la staycation, quicir, esa imposibilidad vacacional por cuestiones presupuestarias que, como digo, me ha reportado gran placer. Porque he visto a mis amigos cagarse en el mal tiempo de Semana Santa y en ese trajín forzado de maletas y neceseres que hay que revolucionar para sentirnos enganchandos al mundo. Desde mi habitación pascaliana he gozado como un niño con esa dulce condena al estatismo más místico y haragán, con dosis de solitariedad, que no soledad, matiz de Carlos Castilla del Pino.

Monos en Gibraltar. Agosto de 2009. Foto: el náuGrafo


Además de la staycation, últimamente he aprendido del placer de viajar con los demás, de la grata y económica— sensación de acoplarte a los viajes de la gente que viaja, y lo cuenta a través de internet. Durante casi dos años he recorrido el mundo de la mano de Fabián C. Barrio, que salió a dar una vuelta hace unos 700 días, y el 9 de junio llegará triunfante a Madrid. No he seguido con milimétrica atención sus pasos, pero en general siempre lo he tenido ubicado. Cuando cruzó los Urales, China, Australia, Chile, Brasil, México, Sudáfrica, Etiopía, Egipto, Israel y etc, yo también estuve, un poco, allí. 

También he estado en Venecia, Milán, Florencia, Roma, Nápoles, Capri y Bari, itinerario del viaje  de novios de Beñat y Teresa, cuyas andanzas hemos seguido sus amigos con un cuentagotas informativo que nos permitía saber en qué latitudes itálicas se encontraban y cuántos spritzs habían tomado tal o cuál día.

No es tanto conocer los detalles del viaje, virtual y ajeno, sino saber que esa gente con la que en su día compartimos viajes, como Ancín que estás en los parises, está ahora fuera y que, a través de esas pantallitas que algunos dicen deshumanizadoras, podemos disfrutar también con ellos.

7.5.12

En la piel de Nicolas

Me hace gracia el nombre de Nicolás, con tilde en español, sin ella en francés. Como me gustan las tiendas de vino francesas así llamadas, o los libros del pequeño N., de Renné/Goscinny, que leíamos en casa, de niños, en la colección naranja de Alfaguara. 

No le pega llamarse Nicolas a Sarkozy. Napoleon, Victor o Jean-Baptiste harían más juego con su carácter, ambicioso, ególatra, narciso, tipo B donde los haya. Es un tipo B el que va por la vida con las  cosas claras, sin pestañear si toca pisar alguna cabeza. Es tipo C el que está más pendiente del entorno, y el que se ahoga en un vaso de agua al pedir bailar a la chica. Yo nací C, pero me estoy curando, y ahora mis amigos dicen que soy un falso tipo C, cuando en los bares monto en cólera si el vino está caliente o si me parece excesivo que la botella más barata cueste 18 euros en ese sitio de tostas que hay junto al Ojalá, pza Juan Pujol, Madrizentro.

Toda esta introducción para decir que me alegré por la victoria de Hollande, con quien simpatizo más, en los colores y en las formas, pero que también sentí una extraña y absurda punzada de solidaridad con el gran perdedor de la temporada, monsieur Sarkozy. Porque pocas noches pueden cambiar tanto el destino de un hombre como una electoral, como la vivida el pasado 6 de mayo en Francia. Un escaso margen de tres puntos porcentuales que te apea de la vida política quizá para siempre. Ahora, el marido de Bruni ha declarado que abandona la vida pública, ¿para hacer qué? Ser un ciudadano francés más, creo que ha dicho. No sabemos qué opina su modelo mujer de ese cambio de acera de las caderas del hasta ahora comandante de la política europea, junto a la Merkel. Dicen que las mujeres buscan en sus parejas el poder y los hombres la belleza...

Me he metido en la piel de Sarko, y me ha dado una extraña pena de la que trato de desembarazarme, porque si había alguien nacido para ser presidente de la V República francesa era él, como demostró desde su vivida posición de ministro del Interior con Chirac. 

¿Qué hace un hombre al que se le ha despojado de todo aquello que daba sentido a su vida, tras el cruel pero exacto reparto de votos? Un expresidente veterano es alguien que tiene su lugar en el mundo, al menos en España: el Consejo de Estado. Un expresidente aún enérgico, al que se le ha truncado su carrera política en medio de la función, es algo raro, que a mí me deja un extraño sabor de boca, aunque me alegre de que mis queridos co-compatriotas se lo hayan quitado de en medio. 

A veces, cuando hablan de "la grandeza del fútbol", esa por la que te pueden apear de un Mundial, o viceversa, por un gol apurado en el último minuto, pienso en estos lances de la vida. Una película con un guion más extraño e impredecible que el de la ficción convencional.

Celebración del triunfo de Hollande.
París, 6 de mayo de 2012.
JUAN JEREZ DEL VALLE

4.5.12

Titanics y 'brandings'

Leo, en muy pequeñas dosis, 'Titanic, el final de unas vidas doradas', sobre las personas y personalidades que viajaban en el famoso buque siniestrado hace cien años y unos días. Buena muestra de la sociedad de una época, la que iba en ese barco, porque un elemento acotado como esa embarcación se presenta como un propicio foco para analizar la vida de esos personajes. Aunque en este caso, el del Titanic, la lista de pasajeros era especialmente selecta. "La que mayor cantidad de nombres célebres concentró nunca", se lee en el prólogo del libro. 

Interesante también la época, la conocida como Edad Dorada, que comenzó en 1870 y terminó, dice también el prólogo, con la introducción de los impuestos sobre la renta en 1913 y el estallido la Primera Guerra Mundial al año siguiente. Impuestos sobre la renta. ¿Qué tipo de impuestos pagaba el españolito medio del siglo XIX? Me gustaría conocer esos datos. ¿Cuándo se inventó el IVA? Sé que las vacaciones pagadas comenzaron en Francia, porque me lo contó mi abuelo en el verano de 2006, en el año 1936. Les congés, que es un nombre muy feo para algo tan placentero.

Me llama la atención una tendencia nominal, un branding particular, para los nombres de los grandes transatlánticos de la época. Si en los últimos diez años toda empresa española nueva se bautiza con la terminación en alia (Pastalia, Aceralia, Cotizalia, Opticalia, Parafernalia), hace cien años parece que el 'meme' comercial invitaba a acabar en ic.

Porque aparte del Titanic estaban sus 'hermanos' Olympic y Britannic, pero también el Traffic y el Nomadic.

Últimamente siento una especie déjà vu, o déjà vécu, más bien, respecto al siglo XX. Como que cambian los materiales, la tecnología, las velocidades, pero la esencia es parecida, termine en ic o alia. O en Costa Cruceros.

El Olympic, a la izq, junto al Titanic, en el astillero de Belfast,
en marzo de 1912, según los datos de esta web



3.5.12

Debajo de un puente

El hallazgo es de Nacho Gómez Hontoria, autor de un estado en FB que rezaba algo como "que la concentración de periodistas por un trabajo digno sea debajo de un puente dice mucho de cómo está la profesión".

Así ha sido, debajo de un puente, en este clima como moscovita que llevamos en Madrid, y que nos mostraba a José María García, y otros rostros de prestigio, con abrigo e incluso bufanda, reunidos bajo el hashtag #periodigno. Significativo también, ay, la escasa afluencia, si bien la hora, mediodía, era incómoda y la cita venía después de varios días festivos de no dar palo al agua. Mas, ¿cuántos periodistas en paro o con colaboraciones precarísimas habría en Madrid a esa hora? Unos cuantos de miles, y los allí congregados no creo que fuéramos más de 300. Presencia, eso sí, de periodistas veteranos, que podríamos llamar consagrados (Joaquín Estefanía, Fernando González Urbaneja, Àngels Barceló, Iñaki Gabilondo, etc), pero poca gente joven. Sensación parecida a la que tenemos al acudir a conferencias, inauguraciones, presentaciones literarias. Media edad más cercana a la prejubilación que al becariaje, como comenté con la periodista especializada en ciclismo, Laura Meseguer, que se sumó al acto en compañía de su padre, antiguo periodista de la Agencia Efe.

En casa del herrero cuchara de palo porque en la lectura de los comunicados no se escuchaba  apenas algo, por culpa de una megafonía en apuros. Tampoco se veía mucho, por efecto de las pancartas, aunque luego la cosa mejoró. Frases como "sin periodistas no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia". El 3 de mayo es el Día Mundial de la Prensa Libre y todos los mensajes que refuercen esa idea son más que oportunos. Sobre todo en un momento en el que el Gobierno quiere trasladar la mayoría absoluta que le han dado los votos a la televisión y radio públicas.

Había que estar allí, al menos para vernos las caras, para sentir la quizá ilusoria sensación de que somos más que carne de explotación. O para pensar, quizá ingenuamente también, que el futuro del oficio es menos griscasinegro que el de esta mañana de mayo debajo de un puente.

--


Àngels Barceló
Debajo del puente, pocos periodistas a 5 mn de las 12pm.

José María García y Antonio Casado




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