En estos días pasados de Semana Santa, con la tontuna de un virus que me dejó en cama la mayor parte del tiempo, encontré en las redes sociales un aliado para los ratos de lucidez. Una compañía, un acceso al mundo, a la gente, un entrenamiento/entretenimiento para el cerebro. En el muro de mi amiga Laura Martínez vi una foto que me gustó, y se lo comenté. De pronto, sin proponérnoslo, comenzamos a dar contenido a esa foto muda, y creamos una historia. El relato a cuatro manos 2.0, vía chat de Facebook.
No es Raymond Carver, pero creo que no quedó mal. Desde luego, cuando volvimos la vista hacia la foto, ya no lo veíamos como al principio. También fue interesante el proceso de redacción conjunta, como integrar un cerebro al tuyo y que, curiosamente, nada chirriara, al contrario.
Té español
el señor destroza el caballito y acaba tragándose un zapato
y la chica se ríe
le parece tierno
y le invita a tomar té al día siguiente
en un salón de té muy mono que hay no lejos de allí
el hombre jamás había soñado con caballitos de juguete pero, los ojos de esta joven le recordaron a su primer amor
él llega puntual a la cita
5 o'clock
es primavera, no hace frío
y suda a borbotones
la brillantina de su pelo empieza a parecer aceite de oliva virgen extra
sí, le recuerda a un viaje que hizo a España, hace muchos años
a este pueblo de Almería...
donde dicen q nació Walt Disney...
pasaron por Linares
pero luego se hospedaron en Mojácar
ah, su primer amor.. el único
y compró una figura de barro típica
sí, y mucho aceite de oliva, que aún conserva
el índalo
del que hoy se acuerda
ella llega un poco tarde
dice que ha estado de compras en Guys&Dolls
y en efecto, trae una rebeca nueva muy graciosa
rosa
de un material rugoso, como con bolitas
a juego con sus sombras de ojos
le dice que no puede quedarse mucho, que su madre la espera para q la acompañé a casa de los Hupplethorne
para la partida semanal de bridge
es un incordio vivir aún con mamá, pero los alquileres en Londres están muy caros
el pesado perfume varonil, se mezcla con el olor a puro
y ella titubea...
no sabe si sentarse o no
se sientan y piden té y unas galletas danesas
de mantequilla
él le habla de sus negocios de exportación con India
cada vez van mejor
ella escucha con admiración
aunque le aburre cuando entra al detalle
mientras escucha, ella mira de un lado a otro. No quiere que nadie la vea conversar con un señor cubierto de brillantina
mas disimula, prestando atención a los ademanes enérgicos de su nuevo amigo
el té está demasiado caliente
quiere irse ya, pero esta feo dejar la bebida a medias
se quema la lengua
que pena que aún no hayan inventado esos teléfonos portátiles de las películas de ciencia-ficción y espías
serían de gran ayuda para inventar un pretexto
aunque también es cierto que el caballero es un hombre bien posicionado
sin duda ninguna le ayudaría a independizarse
está harta de vivir con su madre
tan solo tendría que ser un poco amable con el
una vez a la semana, como mucho
quizá los martes, que es un día que no tiene actividades
mmm qué tipo de amabilidad? lavarle el pelo?
tomar el te juntos?
jugar con el caballito?
jugar al caballito?
por desgracia, nadie te regala un apartamento en Baker Street por jugar a los caballitos
la sola idea le generaba repulsión
pero también es cierto que el caballero era amable, no parecía un depravado
le estaba cogiendo cariño
el té empezó a tener un sabor extraño
él seguía hablando de la crisis mundial que se avecinaba
el problema del petróleo, un bien escaso
ella se empezó a marear
el té ardiendo, ese olor a puro intenso, la frente del hombre cada vez más brillante
sus manos rollizas
sus ojos saltones
la papada temblorosa
se levantó
él admiró su belleza
su figura diseñada por alguna divinidad
el sol le cegaba un poco y sintió que veía algo de otro mundo
ella dijo que tenía que irse, que se hacía tarde
era la reencarnación de Carmencita, aquella chica que había conocido en España tiempo atrás
aquella pasión efímera
hija de aceituneros
que nunca olvidó
un poco iletrada, pero sabia a su manera
tan espontánea
tan alegremente desvergonzada
por ella no habían pasado los puritanismos del norte
ni ninguna Inquisición
siempre con los faldones mal colocados
y los pechos como bolas de petanca
en pleno campeonato francés
unos pechos muy españoles
como naranjas valencianas
pomelos incluso
amargos como la retama
la chica dijo que tenía que irse
alegando que su madre la esperaba, lo cual era verdad
se despidieron con un fino contacto de manos
y supo entonces que no la volvería a ver más
y esa misma tarde acudió a su agencia de viajes habitual
para comprar el primer billete con destino a Andalucía.
***********THE END*************