30.4.12

Recuerdos del futuro

No es un título benedettiano, ni nada con intención poética. Es algo real, dentro de lo real que puede ser un pensamiento, o un sentimiento que he sentido. Recuerdos del futuro. Me había propuesto no hablar mucho por aquí de mi vida privada, pero yo soy yo y mi vida privada, que en cuento la hago un poco pública deja de ser tal. También soy yo y mis libros, como puse ayer en Twitter. Me siguen en cada mudanza, y ya van unas cuantas, y alguno se queda por el camino, pero luego me alegro de que estén conmigo, que me sigan fieles, mientras el mundo, amistades, novias, gobiernos, dictadores, van cayendo. Todo se desmorona, cambia, se altera, la interfaz de Facebook y de Blogger, pero los libros siguen. Supongo que será la necesidad de aferrarse algo. 

Recuerdos del futuro. Apenas llevo 24 horas en mi nuevo domicilio, en un barrio de esos en los que vive tu cuñado. Ese cuñado un poco tontorrón que gusta de llevar camisetas del Real Madrid cuando baja la basura y que hace cosas de informática que nunca entiendes bien. Todos hemos tenido, tenemos o tendremos un cuñado así. Un día pensé escribir un libro para ese arquetípico cuñado, lo titularía: Guía rápida de (Twitter, Linux, Guitarra) para cretinos. Lo malo es que no pillaría la indirecta.

AVISO AL LECTOR: NO TENGO NINGÚN CUÑADO PARECIDO. ES UNA FORMA DE HABLAR, ES EL ARQUETIPO DEL CUÑAO ESPAÑOL, COMO EL DE LA SUEGRA, EL VECINO, EL TAXISTA HABLADOR... SIENTO LA POSIBLE AMBIGÜEDAD. 

Recuerdos del futuro, y a ver si consigo no irme por las ramas. Llevo poco tiempo en esta casa pero, quizá para hacerme a ella lo antes posible, para irla colonizando desde ya, he generado, proyectado, una serie de recuerdos futuros en ella. Finales de Champions con amigos, el visionado de '¿Conoces España?', previsto para el 16 de mayo, concurso que cuenta con mi concurso, una cena japonesa con gente por el suelo, noches de martes en agustez sin fisuras...

La matemática del cuerpo (y de la mente). 

27.4.12

Redada porreta

Dormía profundamente tras una noche breve, en uno de los asientos, el 32, sobre la mitad, de un autobús de PLM. Siestuz atravesando la parte norte de esta España que nos duele, cabezada fuera de horas de las que nos aturden y entumecen un poco el alma. Dormía tanto que no me enteré bien de cuando los agentes de la Guardia Civil (cuerpo fundado en 1844 por el Duque de Ahumada, como nos recuerda la calle que hay, en Pamplona, donde el Bar Niza) subieron al vehículo. Si noté que algo pasaba cuando abrí medio ojo y vi a un tipo con pinta de perroflauta aseado (valga el oxímoron) al que pedían la documentación y demás. Momento que aprovechó para encenderse un pitillo, para envidia del resto de viajeros fumadores, a los que se impidió bajar siquiera a estirar las piernas. 

Pero no importaba mucho, porque desde nuestras ventanas asistíamos al humillantillo espectáculo de ser escrutado como un potencial porteador de drogas blandas, como en efecto era. El adiestrado pastor alemán se puso a dar vueltas alrededor del amigo pintillas, hasta dar con la china del delito.  Lo hicieron con él, y luego con su acompañante. Unos gramos de hachís, como luego me confesó en la estación de Pamplona, que no se tradujeron en multa ni en nada, pero sí en confiscación. Alguien debería supervisar, por cierto, si no lo hace ya, qué hacen luego las famosa fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado con este material. 

Foto malilla; no pude hacer más por acabarse la batería del móvil.


Redada porreta, un viernes a media mañana, en una zona indeterminada de España, o no tanto: cerca de Lerma. La noche anterior, había visto un estupendo documental sobre los años locos de Torremolinos, finales de los sesenta, conocido como el Liverpool del sur, donde había más vicio homosexual que en la propia San Francisco (EEUU), según afirmaban los expertos en el tema. Hasta que llegó la gran redada, en 1971, porque a Franco se le hincharon los huevos del mariconerío y los mandó a todos a la cárcel o fuera de España. Qué se habían creído. 

El gobierno actual, de resabios franquistones, reforma el código penal para convertir en delito diversas formas de protesta ciudadana. No sé si asociar acciones como la extemporánea redada porreta de aquel viernes por la mañana a unas órdenes precisas de poner en vereda a la ciudadanía española, sobre todo a la 'torcida'. Ignoro si estos controles se practican a menudo, rutinariamente. 

Pero me dio mala espina.

24.4.12

Agradecimientos

A veces, al terminar una novela, te encuentras de sopetón con la página de Agradecimientos. Me pasó en 'Plataforma' y 'Mapa del territorio', de Houellebecq. Me parece bien que los autores den las gracias, pero no tan pronto. Uno está en el clímax reflexivo del final y se encuentra sin remedio con el autor en su faceta menos literaria, la de tío que da las gracias a los polis que le ayudaron a conocer detalles forenses sobre crímenes en la periferia parisina y así. Señores de Anagrama, tomen nota.

No hay un código claro sobre cuándo y dónde dar las gracias. Este fin de semana, por ej, mi tía B. me agasajó a base de bien, entre otras cosas con un lote de productos gastronómicos varios, entre ellos un queso gouda con rúcula y nueces que me ha venido de perlas estos días. Ayer, salchichas encebolladas a la cerveza con fondo 'goudiano'. Ni El Comidista en sus mejores ratos, oigan. ¿Le di las gracias? No. A veces, no hace falta darlas, supongo. Dar las gracias se puede convertir en un acto de cortesía, hay riesgo de que entre en lo protocolario y se desvirtúe. La familia no está para protocolos. No creo en ellos. Ciertos detallitos, ciertas formas de cortesía, proceden con los jefes, suegros, compañeros del gremio que se han portado bien contigo y así. No con tu primo. Dicho esto, me contradigo radicalmente para decir lo siguiente: a veces, un pequeño detalle, se valora y mucho. Espero que lea este texto, mi tía y madrina.

Esta larga introducción para decir, con la resaca del Día del Libro, que siento gratitud por todos aquellos que han apostado por Eduardo Laporte como animal literario. Por aquellos espíritus curiosos que se han interesado por un nombre sin nombre, anónimo, y que leyeron mis cosas, 'postales del náufrago digital', 'Luz de noviembre, por la tarde', sin saber si aquello colmaría sus expectativas.

FOTO: JUAN JEREZ DEL VALLE


Podría también agradecer el trabajo de los periodistas, críticos y reseñadores más o menos amateurs que han dedicado tiempo y esfuerzo a esos trabajos literarios. No quiero hacerlo, al menos ahora, porque seguramente olvidaría algún nombre y nadie merece ser pasado por alto. Simplemente, hoy he sentido un arrebato de gratitud hacia esos lectores, también anónimos, que un día eligieron mi libro entre los demás, que decidieron invertir en un bien tan complejo y antimaterialista como un libro. 

Yo, que me considero alguien cercano al mundo del libro, y que incluso trabajo en las dos caras de su moneda, la creadora y la divulgadora, no siempre tengo ganas de enfrentarme a un autor novel, del que apenas hay referencias. 

Es ese valor, ese riesgo, y esa pequeña osadía al atreverse con un desconocido merece una mención, este mínimo post, porque gracias a todos el siguiente libro que publique, ya no será de alguien tan desconocido. Y ese anhelo es algo que no tiene nada que ver con la fama, sino con algo más ambicioso, pero más sano y humano. 

Thanks, folks.

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Y gracias también a Juan Jerez del Valle, que ficha como colaborador ocasional del náuGrafo digital, y que cede la primera foto que ilustra este post.

Podéis admirar su trabajo en su web.


19.4.12

Decepcionante Vargas Llosa (post de prejuicios)

Me mandaron la invitación para la presentación del último libro de Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura. "No iré", pensé nada más coger la tarjeta completamente analógica, que reproducía la portada de su último libro ensayístico: 'La civilización del espectáculo'. 

Me empecé a formar unos juicios llenos de prejuicios, o no tanto, y me entró una gran pereza respecto al libro. Para empezar, el título es claro plagipréstamo, que denota vagancia creadora, de Guy Debord y su archicitado 'La sociedad del espectáculo'. 

Siento que ya he leído ese libro, que me lo puedo evitar, que ya sé qué me va a contar. Como Sánchez-Dragós, en la parodia de Martes y Trece, sé qué me va a contar. Sí, tan listo soy. No obstante, me acerco a las notas de prensa para que me lleven la contraria, y no encuentro más que argumentos a favor de mis prejuicios hipotéticos. Tiene toda la pinta de ser el clásico discurso plañidero de un tiempo pasado que siempre fue mejor, en que la gente no solo leía, sino que releía a Borges, después de comentar las últimas obras de Sartre, los manifiestos futuristas de Marinetti, las películas de arte y ensayo más sagaces y demás.




Tengo el prejuicio de que Vargas Llosa ha escrito ese libro desde el prejuicio: el de que vivimos en la era de la banalización. Tesis esta tan vieja y trasnochada como acusar a la juventud de rebelde e indisciplinada. 
Leo en este artículo algunas declaraciones del Nobel hispanoperuano, como el titular en el que afirma que ya no hay grandes creadores en el cine, aspecto en el que discrepo absolutamente en el momento en que no doy abasto para ver la cantidad de películas interesantes de directores atractivos que no me da tiempo a ver: Steve McQueen, Cronemberg, David Fincher, Jim Jarmusch, Sam Mendes, Steven Soderbergh, Alexander Payne, etc. 
Autores de su tiempo que ¿son peores que Kubrick o Hitchcock? Pues mire ussthé, cada momento tiene sus narradores, y estos son reflejos de una época, no me parecen unos pelagatos. Y la gente va a verlos. No son pasto para cuatro esnobs.

Estoy de acuerdo en que el mundo de arte contemporáneo, donde la especulación manda y los criterios han sido conquistados por el arrealismo, es un sindiós que a menudo no hay por donde cogerlo.

Dice MVL que ahora se da más importancia a la moda y a la gastronomía que a la buena música y a la buena literatura, y yo veo a mi alrededor más gente hablando y comentando libros, a través de las redes sociales y en encuentros físicos en librerías y otros escenarios, que nunca. Veo que gracias a internet se lee y se escribe más que nunca, y que gracias a las descargas se ve más cine, de calidad o no tanta, que nunca. También gracias a Google y a Wikipedia hay acceso a las enciclopedias más directo que nunca, y los debates en las redes sociales están generando una conciencia más crítica y participativa que nunca. 

Las series. ¿Por qué no habla el Nobel peruano de las series de HBO y demás? Nunca en la puta vida se habían consumido series de tanta calidad como las actuales, pero eso parece no contar para el autor de 'La fiesta del chivo'. 

Habla del amarillismo de la prensa y de otros males como si estos fueras propios del siglo XXI, cuando el sensacionalismo ha sido una constante en la historia de la Comunicación, así como hábitos culturales tan 'elevados' como la pasión por el folletín de quiosco que se despertó en el siglo XIX o los diversos circos de los horrores, freak shows, con mujeres barbudas y rinocerontas cojitrancas que recorrían los EEUU de hace muchas décadas. 

A mí me preocupa más que un Nobel de Literatura, al que uno presupone unas capacidad de foco cultural y espiritual, proponga reflexiones tan decepcionantes como esta: 


No creo que meter goles sea mucho más importante que pensar con claridad, que escribir una gran obra de teatro o un hermoso poema. No lo es, pero sí lo parece”, afirmó Vargas Llosa.


18.4.12

El juego sucio (y cutre) del Banco Santander

Supongo, se comenta, que lo hacen todos, pero yo solo conozco mi caso, porque solo tengo relación con un banco, el Santander, desde hace varios años. Quince por lo menos, no recuerdo cuando entré en tan ilustre institución. Un periodo que solo me ha traído infortunios. Como cuando me dio por comprar unas acciones a 13 euros, que tuve que vender en vacas flacas por 5. Culpa mía, por haberme metido a especulador wannabe. Las acciones no se venden, además, dice todo el que juega a estas cosas. Recientemente, contraje un crédito por valor de 3.000 euros, y mes a mes me acuerdo de las draconianas condiciones: el total que hay que pagar, sumados los intereses, es de 4.700 euros. Hace poco me enviaron una publicidad para ver si picaba con otro crédito. Subo fotos ilustrativas.




Reverso de la hoja informativa.

Un crédito de 3.500 euros cuesta 1.864,59 euros.


No se puede decir, por tanto, que este náuGrafo sea un incordio para la entidad, sino al contrario, un cliente más bien rentable. Además, me tiene bien pillado con estratagemas del tipo tarjeta de crédito BoxGold, a la que recurro cuando el mes se hace muy largo, con el consabido aumento de mi particular agujero financiero, del que ninguna troika me rescata, y el correspondiente pago de intereses a las arcas de la entidad citada, que me torea lo que quiere y más, con unos extractos luego del pago de intereses que ni los jeroglíficos sumerios. 

Quiero dejar claro una cosa buena, en el tiempo que me une a esta sacrosanta institución capitalista:  la atención personal que me brinda una empleada de mi oficina matriz, en pza. del Castillo, 21, Pamplona. Me avisa de cuando estoy cerca el saldo en descubierto y me trata como si fuera el único cliente del que dispone. Eso es así y se lo agradezco. Pero ella no puede evitar las malas artes de una entidad que trata a sus clientes de la peor de las formas posibles: sancionándoles a las primeras de cambio casi como si fueran delincuentes del ahorro. Hoy leí, precisamente, en la prensa internacional, que el antiguo director de Goldman Sachs acabó saliendo por la puerta falsa de ese banco, tras acusar a la empresa de que estaban más pendientes de los beneficios que de los clientes, articulón en el New York Times mediante. Algo similar debería hacerse en España y la prensa debería también atreverse a publicar textos tan críticos, aunque fuera en detrimento de sus principales anunciantes. Eso sería lo ideal. Quizá en el mundo de la piruleta, pero sería lo ideal. 

Pero lo que no me parece piruletesco es pedir un poco de fair play, de elegancia, de actitudes no tan zafiamente usureras, como la que acabo de sufrir. Para unos será un problema menor, pero para mí ilustra muy bien el modus operandi de estos monstruos de las finanzas, y retrata a las claras su falta de escrúpulos general. (Conozco a empleados de la sede de Boadilla que podrían enriquecer este post con cosas que me han contado en privado.) Me refiero a la multa de 35,56 euros que me han cobrado por tener unos días en descubierto mi cuenta corriente. Me avisaron, pero al estar pendiente de unos pagos que se iban a producir el 15 de abril, no me preocupé de poner en positivo el -4 de la cuenta. También, porque no tenía cash en ese momento. Pero el 15 abril cayó en domingo, y los ingresos se demoraron por cuestiones técnicas, así que esta mañana veo que me han castigado con 35,56 por tener dos días de más un descubierto de cuatro euros. Entiendo que un banco que genera cientos de millones de beneficios anuales puede vivir dos días sin esos cuatro euros. 

Hay que cambiarse de banco. Eso está claro. No tardaré en hacerlo. Dicen que todos son iguales, así que optaré por la banca ética de Triodos Bank, aunque me hayan advertido de que son ellos quienes se autodenominan éticos, y que hay voces que dicen que pagan una mierda y que explotan como en todas partes. Pero también que destinan parte de sus beneficios, no sé cuánta, a obra social. Presupongamos que quien se autodenomina banca ética alguna conducta ética tendrá, ¡digo yo! En su defecto, podremos afearles la conducta, de no cumplir esos patrones éticos, porque lo que sucede con la banca tradicional es que, si te quejas, siempre hay una voz que te dice: "Ah, es lo que firmaste en el contrato". Bien, pues romperé tan lamentable e inhumano contrato. Me bajo del barco. 

Concluyo este post-protesta con otro caso de chapucerismo financiero que atañe al banco de don Emilio Botín. Lo padeció un buen amigo mío (hay pruebas), y tiene que ver con el robo de unos 8.000 euros que sufrió de su cuenta. Fue un pirata financiero que entró en su cuenta de internet y le sisó el dinero, así, sin más. Mi amigo denunció y, como era evidente que se trataba de una irregularidad, no tardaron en devolverle el dinero. Bien. Pero no solo no le compensaron de ningún modo, ni con un detalle, ni con un regalito, ni con una sartén inoxidable, sino que estuvo más de un año sin poder acceder al servicio de banca 'on line'. También era un cliente con varios años de antigüedad. 

Cada vez simpatizo más con aquella etiqueta que proclamó Iñaki Gabilondo en un memorable editorial hablado. Estamos en la dictadura de los mercados. Podemos ser cómplices de ella o no, como en su día hubo cómplices del franquismo, y gente que tuvo la dignidad de no serlo. 

17.4.12

La mujer que miraba por la ventana

Hubo un periodo indefinido, difícil discernir si fueron semanas o meses, pero sí que fue un tiempo dilatado, espeso, lento como las ruedas dentadas de un reloj del siglo XIX. Vivir en Roma parecía que daba una cierta licencia para esa ociosidad. Como si el mero hecho de mirar por la ventana, de impregnarse la retina con esa realidad inabarcable que era la Ciudad Eterna, fuera un deber y no un eludir las responsabilidades. ¿Cuál es mi deber, qué tengo que hacer en la vida, en el mundo?, pensaba la mujer que miraba por la ventana, una ventana al Trastevere, en su posición de gata cigarro en mano. Mi deber es ser feliz, aprender a ser feliz mirando por la ventana, y para eso necesitaré semanas, meses o incluso años. Lo que haga falta.
Siempre le gustaron los relatos con final feliz, el suyo también lo sería.

13.4.12

Lecturas estacionales

Recuerdos de aquella tardecita en plan grupi con Jiménez Lozano, del que confieso, a lo Mazagatos, que no he leído nada. Con un par. Bueno sí, un relato llamado 'El grano de maíz rojo', aunque le tengo ganas a sus dietarios varios. Uno de los acompañantes, le preguntó, algo timorato, si releía a menudo a Dostoievski. Es que no basta con leer, amigos, ni con tomar cinco piezas de fruta al día. Hay que releer, rerreleer y rerrerrerreleer. Literatura, y metaliteratura, y metametaliteratura. ¿Qué qué es la metametaliteratura? La última frase tiene un poco de eso. 

Nos dijo que Dostoievski, era, para él, una lectura de otoño. Pensé entonces si alguna vez releería a Dostoievski, con todas las obras del ruso que aún tengo por leer por vez primera... Pensé también en si yo tenía algún hábito similar, para concluir que no. Puede que sean de viejos esas rutinillas literarias, pero no descarto ir fijándolas. Aunque lo que más me gusta de la afición lectora es, precisamente, no someterla a ningún plan o esquema rector. 

No obstante, recuerdo haber leído libros en épocas determinadas del año, y que esas épocas determinadas del año influyeran en la lectura, se colaran, como un agente literario más. Pienso, de pronto, en mi 'Luz de noviembre, por la tarde', escrito en su mayor parte en otoño, y que habla, sobre todo, de un otoño y que, por tanto, se recomienda su lectura para esa estación como de introspección. 

Leí 'Soldados de Salamina' en primavera, creo que de 2002, y que la lectura fuera en primavera, ya digo, enriqueció dicha lectura. Inicio de la primavera, porque la primavera se divide en dos partes. Abril, por un lado, y mayo/junio por otro. Las dos tienen sus encantos, quizá el primero es más sutil, y me gusta más. Tiene algo de otoño dentro de la primavera. 

Recuerdo que también influyó el hecho de que fuera verano en la lectura de 'La educación sentimental', de Flaubert, esa obra que cita Woody Allen creo que en 'Manhattan' como una de las cosas que hacen que la vida merezca la pena. También en verano leí 'Cien años de soledad', y me gustó hacerlo en esa estación. 'Crimen y castigo' también cayó en verano, y me temo que, en efecto, es una lectura más otoñal, aunque también diré que los novelones rusos casan mal con una vida ocupada, que obliga a lecturas nocturnas. El exceso de personajes y tramas a menudo complicadas exigen una concentración que a veces solo se tiene en verano, en vacaciones. 

Me gustó leer el diario de Ana Frank en unas vacaciones lluviosas de Semana Santa, en 1999, en San Juan de Luz. Ese mismo año leí 'El perfume', mismo lugar y tiempo. También fue buena cosa leer 'Las partículas elementales', de Houellebecq, en Semana Santa de 2000, en Canarias, como disfruté también este verano con 'Plataforma', en agosto, y 'El mapa y el territorio', en septiembre.

Ana Frank

Disfruté (¿disfrutar es la palabra?) también con 'El extranjero' de Camus, que me regaló la señora de la casa en que me hospedé en julio de 1999, en la rue Saint Denis de París. Aquel verano de meterme en la piel del flâneur y embrionario escritor de diarios sin saber que existía esa condición ni ese género como tal.  

Lo dejo aquí. Cuéntame tú, ahora, amable lector, qué libros te gustó leer en tal estación. 

12.4.12

Anticipar

Estoy de buen humor, nada melancólico, pero me ha venido a la cabeza y no he podido evitar pensar en él, dedicarle unos minutos. Es la hora de comer, uno de esos ratos en los que más se nota la ausencia, el vacío de la mujer que estuvo durante décadas a tu lado y que ya no está. Pienso que el matrimonio, institución cada vez más obsoleta, más anacrónica, conlleva la jodida bola negra del vacío que trae cuando uno de los dos se ha ido. Para algunos puede que haya algo de "al mal tiempo buena cara", y una puerta abierta a otras vidas, a otras rutinas, a otras compañías incluso. Pero me temo que la mayoría de los de cierta generación, se quedan cojos, a medias, descompuestos, cuando llega ese delicado momento.

El vacío llega demasiado tarde para rehacer nada, aunque demasiado pronto como para no planteárselo. Pero bah. Lo poco que queda entonces es esa dignidad de la post-fidelidad, un luto sin trajes de negro al que aferrarse como única manera de seguir queriendo a esa persona, de seguir profesándole amor. 

Así como las redes sociales, o las webs de relaciones, tienen su letra pequeña, el matrimonio, el matrimonio a la antigua usanza, también la tiene, y bien grande. No hay plan B para ciertas viudeces cuando llegan a según qué edad. Una pátina de tristeza impregna al miembro vivo de la pareja desmembrada, y no hay manual de instrucciones de uso para esa situación. Además, el tiempo se vuelve un incómodo compañero habitacional, que trae una y otra vez el recuerdo de la persona que se fue primero. Y la rutina recuerda, en cada gesto cotidiano, que las cosas ya no volverán a ser como antes. El servilletero abandonado, la sacarina que nadie usa ya, las explicaciones a la asistenta que nunca supo que tendría que llegar a dar. ¿Que cada cuánto hay que limpiar la plata? Pues cuando a usted le parezca, cuando la vea sucia. 

Hace poco entrevisté a Valter Hugo Mae, escritor portugués de la minúsculas (defiende, simbólicamente, una democracia de las palabras). En su 'la máquina de hacer españoles' (Alfaguara) narra la vida de un António Silva cualquiera, de 84 años. Insistió mucho en la entrevista en la necesidad de "anticipar". 

Anticipar.

10.4.12

Amigo invisible

Hay amigos, viejos amigos, amigos que lo fueron en el pasado, pero a cuya amistad no renunciamos en el futuro, que diríamos invisibles. Inexistentes, habitantes de otro planeta, atrapados en el ámbar analógico de los noventa, inaccesibles a golpe de click en red social. ¿Dónde coño os metéis?

Conocí a X a principios de 1999. Vino de la mano de Algis Arlauskas, aquel actor y profesor ruso de teatro que nos daba clase los sábados por la mañana, a cuyas sesiones acudíamos resacosos y víctimas de un sueño profundo. Pero éramos jóvenes y felices, tomábamos café malo de máquina, fumábamos, nos divertíamos todo el rato, éramos universitarios. Qué jodido tiempo feliz, ingenuo y feliz, aquel de la universidad. Al menos el mío. 

X vino con su obra de teatro bajo el brazo. Aún no la había terminado de escribir, pero ese sería el texto, y no otro, el que llevaríamos a escena. Teníamos aún tres meses. Recuerdo que las autoridades competentes de la universidad habían rechazado otra obra que había propuesto Algis, 'Un hombre solo', de Bernardo Atxaga. Hablaba de ETA y no gustaba. Un poco patetiquillo eso de andar pidiendo permiso para hacer tal o cuál obra. No pasaríamos por ese aro, interpretaríamos nuestra propia obra, escrita para nosotros para la ocasión por un joven autor, alto, de aspecto misterioso, ojos verdes casi transparentes, melena larga, parecido a Liam Neeson.

A mí se me asignó, por primera vez, un papel que no fuera de comparsa o último mono. Interpretaría a Friedrich Schülz, un actor vejete, de vuelta de todo, demasiado receptivo a las consignas del nuevo partido en el poder, liderado por Adolf Hitler. 

Llegó la fecha del estreno, creo que 14 y 16 de marzo de 1999. X vivía en Bilbao, así que no tuve problema en acogerlo en mi casa durante los días de las representaciones. Recuerdo ir en coche a uno de los ensayos, y que me hablara de su hijo, al que había puesto, pese a la oposición del entorno, el nombre de su director de cine japonés favorito. Yo tenía entonces 20 años, y él 29. Yo era un jovenzuelo, él ya un hombre de voz profunda, con un hijo, y autor de obras de teatro. Me hizo mucha ilusión recibir en París, en verano, en el correo electrónico, el manuscrito de un largometraje de animación que estaba preparando. Lo leí como si fuera Kafka, aunque no dejaban de ser las aventuras de un tal Meteoro, Boliche y Carlitos. 

Luego le perdí la pista, y entonces no existía Facebook. Recuerdo que recibí unos SMS extemporáneos, un par de Nocheviejas, con esa exaltación de la humanidad, de la amistad, que viene tras las uvas. Una noche, en la estación de autobuses que hay cerca de San Mamés, en Bilbao, me lo encontré. Me contó algo de sus problemas matrimoniales, y que se dedicaba a dar clases de guion. Quedó en que me avisaría para acudir a unas sesiones de doblaje: las aventuras de Meteoro, o quizá fuera otra historia, se estaban rodando. Pero no me llamó y no volví a saber nada de él. 

Ocho años después de aquel último encuentro, febrero de 2012, lo vi en la tele, en casa de unos amigos. Dijeron su nombre, un título, y le entregaron el Goya al mejor corto de animación. Nervioso, se lo comenté a mis amigos, "Eh, conozco a ese tío", pero a estos les dio bastante igual, estaban a otras cosas, tuiteando la gala. 

Le mandé un mail para felicitarle por el premio, pero la cuenta ya no existía. Lo busqué de nuevo en las redes sociales, quizá se había reincorporado recientemente. Pero seguí sin verlo, y pensé entonces que se había convertido, definitivamente, en invisible. Solo el fotograma de la gala de los Goya me sacó de esa idea. También el fotograma me trajo otra idea, en forma de leve zarpazo: la de la amistad que podía haber sido y no fue.


9.4.12

Té español (relato a cuatro manos vía chat de FB)

En estos días pasados de Semana Santa, con la tontuna de un virus que me dejó en cama la mayor parte del tiempo, encontré en las redes sociales un aliado para los ratos de lucidez. Una compañía, un acceso al mundo, a la gente, un entrenamiento/entretenimiento para el cerebro. En el muro de mi amiga Laura Martínez vi una foto que me gustó, y se lo comenté. De pronto, sin proponérnoslo, comenzamos a dar contenido a esa foto muda, y creamos una historia. El relato a cuatro manos 2.0, vía chat de Facebook. 


No es Raymond Carver, pero creo que no quedó mal. Desde luego, cuando volvimos la vista hacia la foto, ya no lo veíamos como al principio. También fue interesante el proceso de redacción conjunta, como integrar un cerebro al tuyo y que, curiosamente, nada chirriara, al contrario.

Té español 



el señor destroza el caballito y acaba tragándose un zapato

y la chica se ríe
le parece tierno

y le invita a tomar té al día siguiente

en un salón de té muy mono que hay no lejos de allí

el hombre jamás había soñado con caballitos de juguete pero, los ojos de esta joven le recordaron a su primer amor

él llega puntual a la cita
5 o'clock
es primavera, no hace frío
y suda a borbotones

la brillantina de su pelo empieza a parecer aceite de oliva virgen extra

sí, le recuerda a un viaje que hizo a España, hace muchos años
a este pueblo de Almería...

donde dicen q nació Walt Disney...

pasaron por Linares

pero luego se hospedaron en Mojácar

ah, su primer amor.. el único

y compró una figura de barro típica

sí, y mucho aceite de oliva, que aún conserva

el índalo

del que hoy se acuerda

ella llega un poco tarde

dice que ha estado de compras en Guys&Dolls

y en efecto, trae una rebeca nueva muy graciosa
rosa
de un material rugoso, como con bolitas

a juego con sus sombras de ojos

le dice que no puede quedarse mucho, que su madre la espera para q la acompañé a casa de los Hupplethorne
para la partida semanal de bridge
es un incordio vivir aún con mamá, pero los alquileres en Londres están muy caros

el pesado perfume varonil, se mezcla con el olor a puro
y ella titubea...
no sabe si sentarse o no

se sientan y piden té y unas galletas danesas

de mantequilla

él le habla de sus negocios de exportación con India
cada vez van mejor
ella escucha con admiración
aunque le aburre cuando entra al detalle

mientras escucha, ella mira de un lado a otro. No quiere que nadie la vea conversar con un señor cubierto de brillantina
mas disimula, prestando atención a los ademanes enérgicos de su nuevo amigo

el té está demasiado caliente
quiere irse ya, pero esta feo dejar la bebida a medias

se quema la lengua

que pena que aún no hayan inventado esos teléfonos portátiles de las películas de ciencia-ficción y espías
serían de gran ayuda para inventar un pretexto

aunque también es cierto que el caballero es un hombre bien posicionado
sin duda ninguna le ayudaría a independizarse
está harta de vivir con su madre
tan solo tendría que ser un poco amable con el
una vez a la semana, como mucho
quizá los martes, que es un día que no tiene actividades

mmm qué tipo de amabilidad? lavarle el pelo?

tomar el te juntos?
jugar con el caballito?
jugar al caballito?

por desgracia, nadie te regala un apartamento en Baker Street por jugar a los caballitos
la sola idea le generaba repulsión
pero también es cierto que el caballero era amable, no parecía un depravado
le estaba cogiendo cariño

el té empezó a tener un sabor extraño

él seguía hablando de la crisis mundial que se avecinaba
el problema del petróleo, un bien escaso

ella se empezó a marear

el té ardiendo, ese olor a puro intenso, la frente del hombre cada vez más brillante
sus manos rollizas

sus ojos saltones

la papada temblorosa

se levantó
él admiró su belleza
su figura diseñada por alguna divinidad

el sol le cegaba un poco y sintió que veía algo de otro mundo
ella dijo que tenía que irse, que se hacía tarde

era la reencarnación de Carmencita, aquella chica que había conocido en España tiempo atrás

aquella pasión efímera

hija de aceituneros

que nunca olvidó
un poco iletrada, pero sabia a su manera
tan espontánea
tan alegremente desvergonzada
por ella no habían pasado los puritanismos del norte
ni ninguna Inquisición

siempre con los faldones mal colocados

y los pechos como bolas de petanca

en pleno campeonato francés

unos pechos muy españoles
como naranjas valencianas

pomelos incluso

amargos como la retama

la chica dijo que tenía que irse

alegando que su madre la esperaba, lo cual era verdad

se despidieron con un fino contacto de manos

y supo entonces que no la volvería a ver más

y esa misma tarde acudió a su agencia de viajes habitual

para comprar el primer billete con destino a Andalucía.


***********THE END*************


7.4.12

Ajedrez, precisión, vida

He visto hace un rato este corto sobre este ajedrecista peculiar, que se instala con sus bártulos en Union Square, de NYC, plaza de gratos recuerdos para mí, por cierto. ¡Y qué buenos cortos se están haciendo en este momento! Basta coger uno al azar de los seleccionados en el festival iberoamericano de cortometrajes FIBAC para comprobarlo. Uno se pregunta si no tiene criterio, porque lo cierto es que me han gustado ¡TODOS!  ¡CASI TODOS! los que he visto. Acojonannnnnte

En este que os enlazo, de formato documental, conocemos a un tipo traído, de niño, a la fuerza, desde Camboya. No tiene permiso para trabajar, en el país de las oportunidades, y tiene que sacarse unos cuartos ofreciendo lo que por lo visto mejor sabe hacer, jugar al ajedrez. 

Suelta unas reflexiones interesantes al principio. Que si el ajedrez es adictivo porque es un juego en el que cada movimiento influye en la totalidad de la partida, afecta al resto de las piezas. Por eso, hay que ser muy preciso. Como en la vida. Es un buen simulacro de la vida. Nos gusta jugar, por eso, porque aprendemos claves para manejarnos en la vida: el tablero como un mundo a escala. Esto ya es de cosecha propia, ojo.

El ajedrez es más preciso que la vida. En la vida hay muchos movimientos en falso, inútiles, y que a menudo no tienen consecuencias. Sin embargo, conforme avanza la partida, la única que podemos jugar, nos empiezan a resultar cansinos esos movimientos fatuos, y buscamos más y más precisión. No siempre sabemos qué estrategia emplear, pero un sentimiento innato de la táctica nos hace mover hacia ese lado, y no hacia ese otro. Y nos alerta de cuándo un movimiento no merece la pena hacerse. Es curioso comprobar, como ajedrecistas que somos, que ya no volveremos a hacer ese movimiento. Que ya no movemos ficha si no va a sumar algo, de alguna manera. Y que ese movimiento, aunque sea tomar un mínimo café contigo, ya no tiene sentido, y jamás tendrá lugar.



"Odysseus' Gambit" - de Àlex Lora from FESTIDOK on Vimeo.

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Se ve con mejor calidad aquí, en la web de la FIBABC.

6.4.12

Los descansos de Zabalza

Me acuerdo de vez en cuando de Joaquín Zabalza, el mítico ex Iruña'ko, el profesor de guitarra de tantos pamplonicas, entre ellos yo, en su buhardilla mágica, la de las Guitarras Mágicas, de la calle Mayor, 54. A la gente buena no se la olvida fácilmente. Murió en marzo de 2005, y Beñat del Coso y yo pensamos en liar a alguien para hacerle un homenaje, aquí en Madrid. Quizá en 2015, aunque nos gustaría antes. 

Era un trabajador infatigable, raro era el día que no acabara antes de las nueve o diez de la noche. Sus últimos alumnos, recuerdo, eran de Armonía. Quizá reservaba la última hora para esa disciplina, por ser más teórica, más abstracta, lejos de la rutinilla cansina de "pon el dedo aquí, no, cuarto traste, luego arpegio, y acabas en fa mayor con cejilla".

Dirigía el cotarro desde su silla, pero luego hacía una rondica, uno por uno, explicándonos paso a paso, traste a traste, los avances de nuestras respectivas obras: el vals del Soñador, las Czardas de Monti, Zorba el Griego, el mix rumbero marca de la casa, y así. Cada día. Una paciencia que ni mil chinos.

Zabalza, saludando a Bebo Valdés (Foto: Eduardo Buxens)

Trabajaba hasta deslomarse, por eso sabía de la importancia del gestionar bien los descansos. No solo por salud física (nada más dañino para la espalda que el abuso de la guitarra), sino por salud mental. Tanta nota al aire, tanta repetición, tanta obra mezclada, tanta sinfonía caótica de sonidos de cuerda y caja, vuelven loco al más pintado. Por eso, durante los 31 días que dura el mes de julio, no cogía una guitarra ni jarto pacharán. Prohibición como prescrita por médico: no acercarse a más de cinco metros de cualquier objeto con cuerdas tensas y susceptibles de provocar sonidos.

Algo de eso estoy haciendo estos días, respecto al consumo de libros, artículos de prensa e incluso películas que generen algún tipo de reflexión, pensamiento, idea, metáfora, aforismo, simil, comentario, y me siento bien. Estos parones forzosos (¿la matemática del cuerpo?) obligan a dejar la mente en panne y, joder, cuánto de saludable hay en ello. La cosa pasa ahora por aprender a hacerlo sin necesidad de que venga una gripe, o un proceso vírico o lo que haya sido esta mierda, y aislarme mentalmente, sin remordimiento de conciencia alguno, de los libros. De las letras. De las palabras. De las ideas. De la razón. De la sinrrazón. Y dejar que se cuele el aire, la vida en bruto, mientras.

4.4.12

Tópicos desterrables

Estoy de mal humor por tener que pasar las vacaciones de Semana Santa en casa, víctima de una impertinente movida vírica. Después de 48 horas durmiendo casi sin interrupción (me he sentido cerca de ciertos animales, como el erizo), me noto algo más despejado, capaz incluso de escribir algo. Algo para desahogarme, algo para soltar cierta mala baba pascual que se me ha metido inside of me. Me voy a meter con ciertos tópicos que día sí, día también, leo por ahí, sobre todo en redes sociales. El lugar común es la muerte poética. Lo peor de todo es que hay no pocos poetas que recurren a él a menudo. Ay. 

Al mal tiempo, buena cara (la he oído tres veces al día en los distintos noticieros), Perderse, Desconectar, Me ha despertado una sonrisa, Estoy feliz, La lluvia golpeaba los cristales, Por fin es viernes, Mierda de lunes, Odio madrugar, Nada como sentarse frente al mar y llenarse los pulmones de oxígeno, ¡Vive!, ¡Grita!,  El olor a castañas, Las tardes de domingo, Los besos, Los besos robados, Los besos asules, Los besos cautivos, Las caricias, Las sonrisas otra vez, Una mirada furtiva, El olvido, El silencio de tus ojos, Tus ojos, Los charcos, Saltar en los charcos, La playita, Las cañitas, ¡Pintxos!, Me encanta Asturias, ¡Sidrinha!, Biquinhos, Paelliiitaaa, Ha pasado rápido la semana, Feliz entrada y salida de año, Aúpa Alonso, Qué calor, Dios mío, qué calor, Qué ganas de veranito, Vibrar, Sentir, Los atardeceres, Los amaneceres, Pasear a tu lado, Nada como un buen libro, Nada como un buen amigo, Ser amigo de tus amigos, Relajarse, Gozar, Dejarse llevar, Atreverse, Hacer locuras...

Uff, no doy más de mí.
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