Preadiós

Apenas unos días, los que quedan hasta Navidad, en esta casa que enseguida se sumará a la Gran Lista de Pisos Madrileños (GLdPM). Se activan ya los dispositivos de despedida, que es una forma de ir llevando el duelo casi sin dolor, con ese wu wei, concepto de la filosofía oriental que viene a significar hacer no haciendo. Me encanta ese wuweismo, hacer cosas sin apenas notarlas; como esas verduras que se reblandecen en el agua hirviendo y que, sin apenas esfuerzo, pronto haré puré.

Adiós a otro escenario de vida, y ya van unos cuantos, y a todo lo vivido entre sus cuatro paredes, que no ha sido poco. Hoy, objetos que me convierten en improvisado detective sentimental: la ropa que dejé en el salón para no despertarte el jueves por la mañana, a mi vuelta; la botella de Casera aún con agua, cerca de la mesilla; la ducha que descubro a media altura; un pelo, largo y negro, vivo, que aflora desde las profundidades de las cañerías; la horquilla de la cocina, a la que saludo cada mañana cuando el zumo de naranja. 

Objetos que me hablan y me hacen compañía en esta ceremonia doméstica del adiós que compensa su melancolía con la consoladora frescura de lo recién vivido.

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