Ya no vengas

Novedades en la oficina. Del segundo al quinto piso, mudanza. Más prietos pero, por fin, luz, ventanas. Adiós a la monocromía ambiental, y qué cosa tan espectacular ver cómo la noche se deshace y el día se va imponiendo, sutilmente. Dicen que la naturaleza es salvaje, cruel, no sé qué, pero a mí me parece una cosa como muy elegante y de lento avance. Debemos imitar más a la naturaleza, la naturaleza es más sutil de lo que nos venden. El tsunami es la excepción.

Novedades mobiliarias, pero también humanas. "Chicos, X ya no seguirá con nosotros, hemos hecho cuentas y no nos salen los números. Es una pena, pero no podemos permitírnoslo". Se produce así la certificación de la muerte laboral, porque todo despido no es sino una muerte laboral, al menos dentro de la vida de esa empresa. Ya no hay sitio para ti en ese lugar. Lo sentimos mucho. Ya no vengas. 

Todo despido es una muerte laboral, pero siempre está la posibilidad de resucitar en otra empresa, en otro proyecto. Mediados los cincuenta, y con el único oficio de periodista, la cosa está más jodida. No me gustaría verme en su pellejo, y menos con tres hijos veinteañeros.

Jodida cosa tener que empezar de cero cuando ya se peinan canas, muchas. La sensación de que todo está muy mal montado, y la pena por ese compañero muerto al que nunca volveré a ver. Primero de octubre y aluvión de facturas que te dejan en rojo mientras los pagadores se toman con calma sus compromisos, no hay prisa.

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