VeranoB

Durante largos años, quizá aquellos de la infancia/adolescencia en Pamplona, el comienzo del otoño me parecía un tiempo deprimente. Esas ráfagas de viento que soplaban con particular virulencia por la avenida de las Navas de Tolosa para reposar después en el paseo Sarasate, con hojas de los castaños ya húmedas y un tono en el cielo que ya se ponía como morado. Recuerdo un 23 de septiembre de 1988, en el aula de 4º de EGB del cole de El Huerto, con un cielo panza de burra, gris gabardina, pero gabardina mojada. Las ventanas, que daban a un edificio en obras cuyo proceso analicé de principio a fin como un precoz mirón de obra, estaban abiertas, pero la violencia del mal tiempo ya había llegado al norte con intención de quedarse. Tan solo hace dos días era verano, pensaba yo, con melancolía de niño. 

Desde que vivo en Madrid me he reconciliado con casi todas las estaciones, a excepción del invierno que tiene lo suyo. Pero, sobre todo, he hecho las paces con el primer otoño, ese que no se distingue muchísimo del verano, sino que es como una versión moderada, tamizada, civilizada, suave, del mismo. Empieza el 1 de septiembre y acaba con Halloween o víspera de Todos los Santos. El verano es español, este 'otoño', o 'VeranoB', del que os hablo, es francés. Los excesos españoles me cansan. La tibieza francesa también me acaba aburriendo. En el punto medio de esa nación imaginaria, te espero.

Desde el ventanal de una cafetería entre hopperiana y castiza me fijaba en los altos árboles de la avenida, aún llenos de hojas, mecidos por la temperatura suave de este VeranoB. Y pensaba que, así como hay Juegos Paralímpicos, que son como una prolongación amable y sosegada de los excitados Juegos Olímpicos, y hay  San Fermín Chiquito, y hay caras bes, y caras ocultas de la luna, y luna de día, también hay otro verano, el Salón de los Rechazados del verano, que igual te digo que hasta me gusta más que el verano oficial, el VeranoA. 

Exagero, pero no tanto.

Comentarios

  1. Es ese veranillo de san Miguel, que siempre se acusa en la meseta. Los del norte se adentran antes en ese otoño anunciador del frío invierno. Por aquí, esa antesala que anuncia el otoño es más duradera; todavía el calor tiene que madurar las uvas y atemperar corazones maltrechos... Es también más saludable, menos traumática, esa entrada lenta, ese ir haciéndose poco a poco a la oscuridad y a los pies fríos.
    No exageras, no.

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  2. Eduardo, tío, enhorabuena por ese modo tuyo de encontrar entretiempos. Haces el milagro de ampliar los días y los meses. Gracias.

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