Otro homenaje a John Cage, en su centenario

Escuchar 4,33 la obra llena de silencio, esa música cashada que diría un tal Norberto Morales, nos enseña cosas. Ponerse a escuchar el silencio es, en verdad, escuchar algo. Silencio. Y en el silencio puede haber no sé si música, pero sí al menos sensaciones profundas y misteriosas que pertenecen al lenguaje del arte. También unos matices en los que no habíamos reparado. 

Ojo.

Hoy fue mi primer día de piscina. Creo que me va a gustar esto de nadar porque es también una actividad que se hace en silencio. Es difícil encontrar silencio, de día, hoy. En ciertas tardes de primavera, entre las siete y las ocho y media, hay un silencio raro. En capitales y provincias. Un silencio de siglos, que nos entronca con los siglos. Uno puede escuchar la Baja Edad Media, si se concentra bien, paseando por la calle Hortaleza en uno de esos días. 

Hoy fue mi primer día de piscina y, al secarme y vestirme entre desconocidos sentí un silencio especial. El silencio de los extraños, el silencio de los habitantes de una gran urbe, el silencio de aquellos lugares donde es raro el encuentro. Me acordé entonces de John Cage en su centenario, al escuchar ese silencio tan elocuente de una sociedad occidental que lo tiene todo y a veces parece no tener nada. 



"The material of music is sound.... and silence".

David Tudor

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