Y la gran lluvia cayó

Le preguntaron a Bob Dylan si la gran lluvia, la tormenta de mil pares de rayos y truenos que predijo  (o precantó) iba a caer, a hard rain's gonna fall, sería radioactiva. Era allá por 1962, poco después del ridículo intento de invasión de Cuba, vía bahía de Cochinos, por parte de los vencibles Estados Unidos de America, gob bless America, del entonces presidente Kennedy.

Dylan, que entonces atendía más a los medios, si la memoria no me falla, explicó que nada de rollos nucleares, que sería simplemente una gran lluvia. ¿Una limpia que todo lo lavaría, como sucede tras las fiestas más o menos cerdas, véase Sanfermines? Nadie le hizo nunca esa pregunta, y jamás se supo. Si algún día me cruzo, vis a vis, con Dylan, se lo preguntaré. Hace poco me contó una persona que estuvo  20 minutos con él, charlando sobre cómics, y que mantuvo el tipo, porque Bob es de los pocos tipos que aún te puede impresionar ver en persona. Yo lo vi el 6 de julio de 2008, en Rock 'n Río Madrid. Tocó, al final, Like A Rolling Stone, y todos le perdonamos la hora y media anterior demasiado narrowstream, digamos. 

Y al final cayó, ha caído, sigue cayendo, la lluvia. CON LA QUE ESTÁ CAYENDO, escuchamos, decimos, lamentamos, todos los días. ¿Cuándo dejará de caer? Ayer hablé con un colega, que tenía un proyecto de diario local en internet. Ha sondeado a posibles anunciantes gordos y la respuesta que ha recibido ha sido una versión moderna del "Vuelva usted mañana" de Larra, o sea, "Vuelva usted dentro de tres años". 

Me gusta pensar que esa lluvia de mil pares tendrá las mismas bondades que la lluvia postsanferminera: es decir, limpiar toda la mierda, el manto de meada, la empantanada y descomunal vomitona de ajoarriero, la gran diarrea tóxica que durante demasiado tiempo se instaló entre nosotros, y de la que no queda sino un mal recuerdo.

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