7.8.12

Vivieron de puta madre

Y mejor que vivirán ahora, prejubilaciones mediante y demás condiciones generosísimas para todos aquellos directivos de cajas de ahorros, como la hasta hace bien poco inmaculada Caja Navarra. Pertenecer a esa ilustre institución era poco menos que formar parte de un proyecto filantrópico, pero a la vez ser miembro de una casta superior, con privilegios de los que no dejan mal sabor de boca. Recuerdo cuando me tocó redactar alguno de los contenidos para la revista interna de la citada caja, en sus años de gloria y esplendor, hace exactamente una década. Se empezaba a hablar entonces mucho de China, pues bien, todo eran promociones y descuentos para los trabajadores de la Caja para irse al país asiático, en el puente/acueducto de diciembre. Recuerdo también un montón de actividades extralaborales para que el empleado medio tuviera la tarde ocupada. Pinturas, mus, ajedrez, cocina. Trabajar en Caja Navarra era lo máximo a lo que podía aspirar el hombre de bien navarro, más incluso que ser funcionario en la Diputación. Y de ocho a tres. 

Recuerdo también, en ese verano de 2002, que me tocó ir a las oficinas centrales, sitas en la city pamplonesa de Carlos III, en ese edificio que intenta ser como imponente, con sus cristales tintados en bronce. Fue de mis primeras reuniones serias, de trabajo, con mis recién cumplidos 23. Discutir tal campaña publicitaria, tales propuestas, tales textos. Nos atendieron dos tipos, a lo Hernández y Fernández. No paraban de descojonarse, sobre todo, uno, que hacía el papel de gracioso, en el dúo payasesco en que suele haber otro más serio. Ya entonces me parecieron patéticos, y me rasgaron algo esa inocencia laboral que tiene todo becario que confía en que el mundo no está tan podrido como le dicen. 

Diez años después veo que sí, que aquello era un pudridero, un pesebre tóxico en el que unos cuantos se forraron sin merecerlo, gracias simplemente a su coincidencia ideológica con el partido en el poder, que era también quien cortaba, siempre fue así, los bacalaos en dicha caja de ahorros. 

Hoy leía una entrevista de Iñigo Antolín a Mariano Guindal para minileaks, con párrafos tan desmoralizantes como este: 


Es una estafa múltiple propiciada por el sistema, donde están todos los actores sociales. Es cierto que Bankia era el banco del PP. Cada consejero cobraba 6.000 euros por ir a reuniones en las que únicamente hacía aquello del oír, ver y callar. Se ha visto que las cajas eran el reparto de un botín. Las cajas actuaban como bancos de desarrollo regional de la autonomía de turno, sin criterios sólidos. Rato tenía 6 millones de euros de sueldo, lo cual en el sector privado es aceptable, pero en el público no puede ser.



#Nuncamais, deberíamos volver a corear, quedándonos muy cortos.

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