Banco Santander

El lunes me acerqué a las oficinas donde se supone me atienden personalmente y me conocen y tal, en el Banco Santander, para pedir una ampliación del límite de la tarjeta de crédito, cuyas onerosas condiciones pago religiosamente desde hace varios, demasiados, años. Me contestan hoy con negativas a mi petición inicial, pero en cambio me ofrecen la apertura de otra tarjeta, con sus correspondientes gastos anuales y añaden también un seguro de vida, debido a mi "riesgo", que tiene un coste de 128 euros al año. 

La empleada me explicó ayer que la mitad de la cuota mensual que pago es de intereses, dándome a entender que aquello era un robo legal en toda regla, que mejor pidiera un crédito. Pero me resisto a pedir otro de esos créditos en los que recibes 3.000 y pagas 4.700, en lentas y perpetuas cuotas. 

Qué capacidad la suya para endosarte cualquier producto timo a las primeras de cambio, sin tener en cuenta los ya miles de euros que desde mi cuenta han ido surtiendo a esa usurera entidad en concepto de intereses. Ni una jodida cacerola he recibido desde entonces. Tiene razón Leopoldo Abadía cuando defiende el débito frente al crédito, en su versión tarjeta.

No me gustan los bancos, no me gusta Emilio Botín, no me gusta, a veces, este mundo por cuyos aros me resisto a pasar, y solo se me ocurre largarme a una comunidad con dinero de pega, en algún rincón vivible de la Cataluña profunda, a decrecer lo más felizmente que pueda hasta el fin de mis días. 

Que les jodan a todos con su sistema enfermo, yo me largo. Y qué gustazo me daré el día, no tan lejano, en que pueda cancelar todos mis compromisos con tan putrefacta institución. 

Comentarios

Entradas populares