Registros

Concebí este post hace justo una semana, en Ascain. Subiré foto al respecto. Lo hice al buscar un hotelito, hotel du Parc, en el que estuvimos mi familia y primos hace más de veinte años. Eran los ochenta, creo. Dudo, y por eso este post. Dudaba del hotel, pero merodeando por la zona di con él, di con ese elemento exterior necesario para hacer un click interior. Así, aprox., funciona o debe de funcionar la memoria. Hay como un caldo de cultivo que nos resulta familiar, y que se confirma cuando ese elemento registrado en nuestro disco duro se hace evidente. En este caso, un arco en la entrada del hotel especialmente ancho y achatado. También, la disposición conjunta de hotel y restaurante. Pequeñas anomalías que, precisamente por su condición anómala, se fijan en la memoria más que otras. 

Entré en el hotel, extrañamente vacío a pesar de ser pleno julio, y el señor de recepción me miró raro. "Excusez moi, je voulais simplement verifier si j'avais était ici il fait longtemps", o algo así, le vine a decir, mientras el tipo se jalaba un sándwich de queso. 

Merodeando por esas calles vascofrancesas, que son tan agradables como lo francés y tan exóticas como lo vasco, pero sin la tosquedad española, pensé en que debería haberme armado de valor y preguntarle si podía meter la nariz en los ficheros. No me llevaría más de 10 minutos. Verano del 89 o 90, seguramente, franja de agosto del 20 al 30. Familia Laporte.

Me contó mi hermano mayor que fue al oculista. "No venías desde 1989" le dijo el oftalmólogo, mirando en unos papeles supongo que digitalizados. Una vez me dijeron algo parecido en el dentista: "No venías desde 1996". 

Recuerdo una tarde de febrero de 2011 en que hice una entrevista a Juan Cueto a propósito de su recomendable 'Cuando Madrid hizo pop'. Antes de que llegara el buen hombre me entretuve en ojear unos cuadernos de registros que permanecían expuestos en el salón de la cafetería del hotel Capitol dó habíamos quedado. Eran de la década de los cuarenta. Me encantó esa letra estilizada, perfectamente elegante, cargada de alma, en cada una de las inscripciones de entrada y salida de los huéspedes de aquellos años cuarenta en la Gran Vía. 

“Tantas cosas suceden sin que nadie se entere ni las recuerde. De casi nada hay registro, los pensamientos y movimientos fugaces, los planes y los deseos, la duda secreta, las ensoñaciones, la crueldad y el insulto, las palabras dichas y oídas y luego negadas o malentendidas”.  Lo dice el personaje de Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías, en una cita que utilicé en más de una ocasión en Luz de noviembre, por la tarde.

De casi nada hay registro. Pero también lo hay de un sinfín de cosas, más de las que creemos. Como de mis andanzas por Ascain, de las que dan fe este par de fotografías.



Registros, en Ascain. 

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