Por qué te vas

Hay una serie de dramas menores, poco novelescos que, precisamente por ser poco novelescos, apenas se ha escrito sobre ellos. Tampoco se habla de ellos, se corren tupidos velos y se pasa a otra cosa en la conversación. No se relatan tal como fueron, sino que se maquillan con una buena base de atenuantes para que lo que ha sido algo entre lamentable y dramático quede simplemente en la amplia categoría de lo sin más. Me refiero, claro está, a las vacaciones deprimentes

Si te vas a deprimir, si te vas a gastar pasta, si te vas a cabrear con tu/s compañero/a/os de viaje, y sin embargo amigos, ¿por qué te vas? 

Hace unos días, una amiga y su viaje a Letonia, Estonia y Finlandia, en compañía de otra amiga suya. (Diré antes que conozco la disposición geográfica de esos países bálticos, de sur a norte: Lituania, Letonia y Estonia. Capitales, Vilnius, Riga y Tallín, creo, pero ahí dudo. Google me dice que he acertado, una vez más.)

Su descripción fue todo negativa: lluvia, feo, gente antipática, sosa, que no te respondían a ningún intento de gracieta... Y eso que, como hemos comentado, estos relatos suelen ser siempre exageradamente positivos. Nadie dice, por ejemplo, que su fin de semana ha sido "un puto coñazo", sino que te lo venden como "tranquilito". Ninguna novia de tu amigo es "fea de cojones", sino que suele ser "maja" o "una tía de puta madre", así como nunca un padre de familia "no tiene un puto duro", sino que está "algo agobiado económicamente". Con los viajes, lo mismo, te dirán que si el café era caro, que si la moqueta del hotel era áspera, que si los taxistas no hablaban inglés, pero nadie te dirá: "Ha sido un infierno de viaje y un completo error hacerlo, mecagüen todos mis muertos, ojalá me hubiera quedado en casa". 

Sin embargo, aunque no se diga explícitamente, algo se dice. Como esa descripción de la estancia en Helsinki, ciudad calificada de terriblemente fea, de las que se ve en media mañana. Y puedo imaginar esa fealdad y, sobre todo, una anodinez no apta para el turista convencional, más recomendable en cambio para el recolector de arrealismos y el aficionado a los espacios a-interesantes, donde intuyo que uno puede encontrar a puñados en ciertas ciudades finlandesas. 

¿Qué hacer después una vez visitado el grueso turístico de Helsinki? Ver caer la lluvia desde una cafetería de cafés malos que pagamos con un euro común pero que aquí se gasta mucho más rápido, mientras nos lamentamos, ay, del momento en que tuvimos la exótica idea de venirnos al norte, en pleno verano. Y la conversación que languidece un poco, y el recuerdo de las ventajas del viaje en pareja que escuece mientras la amiga trata de avivar un poco la charla. 

Comentarios

  1. Es que Helsinki es como Berlín que para disfrutar de la visita tienes que maravillarte de Lo Feo y Lo Raro. Yo que viví allí, creo que es una ciudad con muchísima miga.

    Aparte de que no hay arquitectura espectacular, hay cosas funcionalistas y de estos estilos del S. XX tan poco llamativos.

    Hay sitios que hay que ir a visitar para ver lo feos que son, y eso es emocionante: las tuberías feas de gas en Moscú, las feas urbanizaciones de la costa española, lo feos que son los rumanos, etc.

    Turismo a lo feo.

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  2. Gracias, Marcos. Estoy de acuerdo, hay un turismo de lo feo que a mí, personalmente, me interesa. Otra cosa es que el turista medio busca cosas bonitas para los pocos días de vacaciones que tiene y tal.

    saludos

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  3. Muy mal por tu amiga, díselo de mi parte. He estado en Tallin, en Helsinki y en Vilnius y son ciudades encantadoras con gente peculiar pero muy agradable y servicial. A mí me paraban por la calle si me veían con una mapa para indicarme dónde ir.

    Tallin es dos ciudades, una hipermoderna y otra medieval y ninguna tiene desperdicio, aunque yo solo conozco la segunda. Yo, personalmente, estoy enamorada de Helsinki, es una ciudad bonita, muy sencilla, es cierto que no tiene mucho que ver si la comparas con otras pero si yo tuviera que irme a vivir allí, lo haría sin pensarlo (aunque por lo visto en invierno no es el mejor destino y, además, todo es carísimo). Y de Lituania, qué decir, me encanta ese país y sus gentes, eso sí que es gente maja (será por la cerveza riquísima que tienes).

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  4. Soy quien inventó Helsinki, Lituania, y las medias de esparto.

    Estoy superofendidísimo y pienso llevar este asunto a más de una tertulia ternesca taciturna.

    Alberto Perrone

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