Parte del viaje

De nuevo en autobús hacia Madrid. Han cundido estos días de descanso, de destensar el cerebro, de no vivir por encima de mis posibilidades mentales. He dormido en un buen puñado de camas, físicamente solo, pero acompañado en sentido figurado. Es bien (expresión de reciente cuño que se está viralizando sin remedio).

Al final del tramo vacacional sentí una nueva tensión, preocupante esta, que tenía que ver con el exceso de ociosidad y productividad cero. Ganas de volver a los escritorios habituales y avanzar en los varios frentes abiertos. La gente que se toma un mes de vacaciones hace mal, opino.

He dormido la mayor parte del tiempo, en el bus. Con la cortina abierta, con el sol como aliado. Cuando compro un billete por internet, elijo la orientación oeste. Me hago un rápido croquis mental de la dirección del autobús y su ubicación en el mundo antes de darle al click de selección de plaza. En los campos de Soria, el sol dura más que en el resto del planeta, y uno aprecia ese brillo de larga duración desde esa pantalla que es toda ventana. Hay cierta quietud en el movimiento, uno querría a veces quedarse ahí eternamente, con esa sensación de avanzar que mitiga nuestra inquietud. 

He agradecido especialmente el sándwich marca Ñaming de tía B. (cada vez hacen mejor los sándwiches) y me he arrepentido de no haber hecho caso de su sugerencia de cambiar la cerveza San Miguel 0,0 por una de las de verdad. El síndrome Stendhal a la altura de Guadalajara, con todas esas industrias que nos hacen pensar en vida, en ocupaciones, en actividades que también mitigan ansiedades, habría sido de aúpa, con esa pequeña dosis de alcohol en vena.

Ya en el metro, los clásicos runrunes sobre el estar aquí, allá, la mudanza como un estilo de vida, provincias, gran ciudad, etc. El "pues yo a ti te veo bien en Pamplona haciendo vida familiar" de Bro, del otro día, a la altura de Erromardie, y el "no te digo que no, pero no ahora". Y la alusión a una suerte de viaje en el que uno está embarcado, y en el que las casas, las mudanzas, ¿los amigos?, son parte de este viaje. Nuevas ciudades en el horizonte con la sensación de estar acometiendo las últimas fases de ese viaje entre interior e invisible. 

A lo lejos, el 'Cuando ya esté tranquilo', de D'Ors. La duda, enfilando ya el portal de mi casa provisional, de si no será todo un gran palo y zanahoria, un gran viaje a ninguna parte, con punto de partida pero no de llegada. Algo me dice, no obstante, que siga tirando millas.

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