25.7.12

Ir a mejor

Cada mañana me cruzo con el clochard meditabundo, viejo conocido de este blog, al que observo desde hace varios años ya. Hacia las siete, lo veo desfacer su tinglado donde duerme, en el hueco de esa agencia de viajes, Halcón Viajes, a la que le honra no haber instalado la típica verja expulsa-sintechos. Cuando acabo mis horillas de empacho macroeconómico en la oficina, para él es el momento del almuerzo (entendido este en su versión navarra, es decir, tentempié a media mañana). 

Hoy lo he visto machacando no sé qué en un mortero (o almirez, palabra que aprendí cuando me tocó un ídem en un boleto de la tómbola de Cáritas), porque el hombre parece estar cansándose de los habituales bocatas de embutidos que suele consumir. Este pobre sin techo (o con el techo prestado de una agencia de viajes) es cada vez más sofisticado. Aparte de parecerme un McGiver de la supervivencia callejera, el tío se ve que está perfeccionando sus hábitos culinario. Prueba de esos es el infiernillo (también hablé de él hace poco) con el que se cuece de vez en cuando sus comistrajos. El otro día vi que había puesto a secar un par de setas majestuosas; pronto me sorprenderá preparándose unas cocochas en salsa verde. 

Hay un misterio sobre este hombre, que me inquieta como inquietan las preguntas sin respuesta que vuelven una y otra vez. ¿Qué le motiva? ¿Por qué se levanta cada día, cómo tiene la paciencia y las ganas suficientes para mantener su precaria aunque compleja estructura vital? ¿Cómo es que no cae en el alcoholismo? ¿Cómo supera las horas de soledad, hastío y aburrimiento desde su trinchera de la calle Princesa? 

He llegado a pensar que se sentiría útil como parte del mobiliario urbano, humano en este caso, de una gran ciudad. Una referencia infalible en medio del caos cambiante e inestable de la capital. 

Pero la idea no me convence, no se le ve al hombre muy altruista, una vez le regalé un libro y casi me manda a la mierda. Su motivación creo que puede ir por la idea de que cualquier tiempo futuro, en su caso, será mejor. Pienso entonces en que espera que su madre, una vieja urraca de un pueblo de Toledo, casque en cosa de dos o tres años. A sus noventa años y con achaques varios no tardará mucho la cabrona. Entonces él recibirá su exigua herencia, pero suficiente para vivir en el pueblo, con una austeridad que le parecerá lujo asiático, y en una casa que le resultará más cómoda y fastuosa que el palacio más suntuoso jamás construido nunca, en comparación con las penurias sufridas durante casi una década bajo el duro pavimento de una calle de Madrid.

Ya sabía que tenía algo de sabio, el clochard meditabundo.

1 comentario :

  1. a ver si "tu clochard" va a tener algo que ver con el que aparece en "Salud y libertad" de Fred Vargas...y monta su performance, ajuar incluído, para cuando tú aparezcas por ahí cada día.

    personalmente, no creo que estas
    personas tengan en mente un futuro mejor (aunque si la vieji tiene capitalito en Toledo...jajaja), y mucho menos le den vueltas a un pasado que en la mayoría de las veces será más "rico y saludable". Sobreviven en su presente. Sin más.

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