Fz

Me gusta terminar las series del Macropost de manera redonda, en términos cronológios. No lo hago adrede, pero así coincide a veces. En la segunda serie, la B, de mayo a junio de 2009, terminé justo el día de mi 30 cumpleaños, un  30 cumpleaños sobre el que pedaleé, por no decir di el coñazo, lo mío. Terminar ese día fue un bonito broche. Carmen López así lo advirtió en uno de sus comentarios, si la memoria no me falla. Este, tres años y unas semanas después, concluye un día antes de las fiestas de San Fermín, que empiezan el 6, aunque el calendario diga que el 7. El 7, como todo el mundo sabe, es la festividad de San Fermín, y el 6 la víspera. Lo que no acabo de entender es por qué se da inicio el mismo 6, a las 12h, con el lanzamiento del cohete o chupinazo, y la víspera, o sea, el mismo 6, se convierte en el fiestorro padre. Algún sanferminólogo en la sala quizá podrá aclarármelo. 

Escribo algo cansado, con hambre, en la víspera de la víspera. Es de noche, hoy publicaré 'a tiempo real'. Recuerdo, de niños, que este día era algo especial. Sobre todo por aquella cantinela, o cantilena, que diría un purista, de "a dormir, a dormir, que mañana es San Fermín". Y, en efecto, había un día que  dormíamos porque al día siguiente era San Fermín. He hecho memoria, hace un rato, de los Sanfermines en los que he participado. Salían más de los que pensaba: 2009, 2005, 2004, 2003, 2002, ¿2001?, 1998, 1997, ¿1996?, 1995, 1993. En el 92 estuvimos en Marbella, en el 91 en San Juan de Luz, en el 90 en el colegio de Étampes, en el 89 en la isla de Ré, y en los 88-87-86 etc, entre Pamplona y la casita que teníamos en aquel pueblo navarro de tanto encanto, a excepción de cierto entorno batasunoide, duro, que se dedicaba a tocar un poco bastante los webs.

En ese repaso, he concluido que en el fondo tengo cariño a estas fiestas, en las que a menudo ha pivotado sobre mi conciencia el concepto de amor/odio. Tu integración a ellas también hace que esa balanza bascule hacia uno u otro extremo. He recuperado raíces y me siento contento por ello, y también incorporo a gente nueva, lo que hace que la balanza se incline más hacia el amor que el odio. Y ese cariño tiene que ver con esa sensación de la infancia de que algo grande se cocía durante estos días. Se nota en la excitación de la gente. Tiene que ver, creo, con la exaltación del verano y con un extraño diálogo de siglos. Una comunicación que se da entre todas las fiestas de San Fermín de todos los años y decenios, y entre todas las personas que por ellas han pasado, y comulgado con sensaciones parecidas. Todo eso se palpa, un poco, en el ambiente. Lo transcribe bien, entre líneas, Ernest Hemingway, en su 'Fiesta'. No inventa nada, simplemente descubre, expone, traduce a palabras lo que está en el aire. Un buen escritor es un periodista que consigue sublimar, podríamos decir. 

Me gusta culminar, pues, esta serie el día 5, que es un día extraño, un día en que la peña, de la ansiedad, se cuece antes de tiempo y llega como puta por rastrojo al famoso chupinazo. Cuando suene el cohetico, me concederé entonces unas vacaciones al 100%. Lo de ahora ha sido un aperitivo vacacional, un ir cogiendo cuerpo de vacaciones. Porque, amigos, no es bueno lanzarse de cabeza a las vacaciones. Se te puede cortar la digestión, o así. Es como aquello que nos recomendaban los profesores de Educación Física: no tirarse al suelo después del gran carrerón, abrazar el descanso de manera solapada. O no beber agua como potrancos tras el ejercicio físico extenuante. Todo por fases. Estos días me he relajado a base de bien, pero también he escrito, leído, redactado un par de críticas, gestionado un par de cosas. Curiosamente hoy, jueves, me ha salido un trabajito, un pequeño encargo, que me da alas suficientes para seguir sobreviviendo. Y de eso se trata, al menos de momento, no pido más. 

Y no pedir mucho, e ir lográndolo, me parece que es, en realidad, mucho. Como el hecho de que no me pesaran las seis horas de trayecto que me ha costado la vuelta desde La Reserva a Pamplona, con 5 kms a pie (voluntarios), viaje brevísimo en TGV de San Juan de Luz a Hendaya, 'topo' o EuskoTren hasta San Sebastián, y Conda destino Pamplona. Tampoco me importó lo más mínimo que la rubia del anochecer no se presentara en el Bagus al día siguiente de nuestro no-encuentro. El sol de mi infancia me privó de todo resentimiento, dijo una vez Albert Camus. El sol de mi incipiente madurez, como el sol de estos días de feliz soledad en La Reserva, también me priva de cualquier tipo de resentimiento. 

Comentarios

  1. Literalmente, aquel junio del 2009 comenté esto:
    No se me aflija, señor Laporte, aún le queda una década entera para dar de sí al -ñero... Después vendrá el -ON (como el tañido del requiem de campanas... ¡qué tragedia!), aunque cierto es que la sociedad es más grata con los ON que con las ONAS, por aquello de que las canas en las patillas (de la oreja) suelen dar cierto aire de maduro interesante, culpable de todo eso, sin ninguna duda, Richard Gere... Eso sí, le aseguro que, en palabras suyas, aunque su edad adulta le esté encarrilando a ese "continuum treintañero a velocidad de crucero", los años a partir de YA vuelan a velocidad de vértigo,y no sé quién coño tiene la culpa de selecconar semejante velocidad de crucero... Mis felicitaciones y respire hondo antes de soplar las velas.

    Y digamos que en esos albores de los treinta, ir lográndolo no es poco, ya es mucho, y el empeño que usted pone es digno de admiración.
    Y,joer, mirando aquello con un poquito de nostalgia, hay que ver el de sí que da la velocidad de crucero.

    Este año toca estar en los sanfermines, el próximo quién sabe desde dónde se escribirá el último de la siguiente serie de macropost... Y desde dónde, cómo, qué habrá acontecido, con quién... ése en el que des el coñazo con los cuarenta.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares