Diplomático en Kenia

Esta mañana, o media mañana, desayunaba leyendo sobre el nieto de Hitler, un tal Philippe Loret, y reflexionaba sobre el buen feng-shui del local en que consumía mis consumiciones. Venía de consultar antes en un barucho colindante con la plaza Mayor cuánto costaría la tortilla de patatas que tenían como único comistraje y un café: 4 euros me quería timar el jacho. No ha caído esa breva. 

Así que me he decidido por la cafetería de Utopic_Us, como hago casi todas las mañanas, y he escrito este post en la mente, mientras la chica que atiende el local me regalaba un zumito de naranja y un trozo  suplementario de cruasán de chocolate. Me ha hecho gracia que se colara en mi plano mental justo cuando 'escribía' en el aire este texto. El pensamiento como un campo cinematográfico, y la idea de que alguien se cuele y participe perfectamente de la acción, en pleno rodaje. 

Me voy a ahorrar la descripción del local, ubicado en unas callejuelas, cerca de Tirso de Molina, que me hacen especial gracia. Es un sitio hecho con gusto, pero sin que se note el gusto. Cuando algo se nota, como ya hemos comentado, se rompe la magia. Hay incluso una cierta dejadez o sensación de relajación en la decoración. Es un arte, también, saber huir de lo rígido. El secreto de este local es que está concebido con cariño, y se lleva del mismo modo. 

Ese cariño por las pequeñas cosas que brilla por su ausencia en buena parte de ese Madrid vencido por las inercias, a excepción de ese 1% de establecimientos de nuevo cuño que se preocupan por hacer las cosas un poco mejor, aunque no siempre lo consiguen. No basta con reproducir cuatro consejos extraídos de las guías de tendencias más cools del mundo. Cuidar cada mínimo detalle, echarle amor a la hora de hacer una ensalada, no se enseña en ninguna academia Hoffman, tiene que ver con la valía personal de quien lleva el negocio. De ahí, sin ir más lejos, el éxito de La Dichosa, con reseñas en periódicos de todo el mundo. ¿El secreto? "El amor". No lo digo yo, sino la citada 'dichosa', en algún video en que la he visto. 

La cafetería de Utopic_Us, con sus ventiladores antiguos, me ha recordado a cierto rollo colonial. Y a ese anuncio de Heineken en que se veía a un diplomático en país africano, que se siente feliz porque hay birras en su nevera y el mundo todo le parece ya habitable. Esa sensación del occidental, pongamos  miembro del Imperio Británico, que viajaba a los países de la Commonwealth y se movía siempre en las grandes residencias victorianas donde tomaba té con pastas y leía la prensa británica. 

La idea de ser un poco ese diplomático, la idea de vivir en una ciudad, en un país, que tiene mucho de dejadez, de tosquedad de tasca, de desprecio hacia un proyecto de belleza que se construye por la base, por lo menor, por lo cotidiano.

Quizá empezando por esos detalles no estaríamos donde estamos.

Comentarios