20

Hoy 'escribí' este post en la ducha, ese momento en el que Arcadi Espada decía que bosquejaba también los temas de sus entradas, en aquellos años gloriosos de la blogosfera, 2004-2006. Me vino a la mente el anuncio que acaba de parir el amigo Paco Bescós, colaborador de 'Sub-Urbano', creativo publicitario y escritor inédito pero con mucho potencial y obras calentitas esperando. 

Me gusta esa campaña, para Bassat-Ogilvy. Describe bien el espíritu de esa década, con un toque de emoción, para fundirse gradualmente con la idea del anuncio, los 20 millones, la posibilidad de ser joven toda la vida, forever young. El dinero quizá no dé la felicidad, pero quizá nos devuelva juventud. La juventud no era garantía de felicidad, pero sí sentir que había en el entorno un caldo de cultivo propicio para conseguirlo. 

Pensaba, frente a ese espejo que nunca duerme, en mis 20, en si fueron los clásicos años de "convertir la sensación de libertad en algo cotidiano", como dice el spot. Pues no exactamente, con 21 años me vi envuelto en toda la historia que cuento en 'Luz de noviembre, por la tarde', así que no se puede decir que viviera como esos abanderados del veintañerismos que son Luna Miguel, Antonio J. Rodríguez, Laura Rosal o Julio Fuertes Tarín, los de 'Tenían 20 años y estaban locos', título algo redundante por cierto. 

Viví, precisamente, a contracorriente de cualquier tendencia veinteañera al uso. Tenía 20 años y estaba cuerdo. Con visitas, por ejemplo, al colegio en el que hacía poco pasaba las horas para conocer las evoluciones académicas de mi hermano pequeño, por entonces aún en edad escolar. Jugaba a los matrimonios con mi pareja de entonces, y no era improbable que aquel juego se convirtiera en realidad, ¿hasta que la muerte nos separase? 

Me recuerdo con 23 años, en unos meses madrileños, en la famosa edad que siempre dice tener Raphael. Bueno, vale, tengo 23 años, pensaba. ¿Y qué? ¿Esto es la juventud? ¿Qué hago con ella? Joder, hace casi diez años de aquello... Parece, literalmente, que fue ayer. Acojone.

Hubo cambios en ese sentido y, en el ecuador de la veintena, me propuse vivir la década de un modo más convencional, más acorde a lo que toca, libertad, soledad, aventurillas, música escrita para ti, y así. Y quizá me quedé atascado ahí, en una veinteañerez que se coló incluso en los treinta, estirada sine die hasta que algo o alguien me cambie el rumbo. 

Y no se está mal, porque vivir los 20 con más de 30 es hacerlo desde la experiencia, rebelándote contra esa máxima que dice que habría que vivir dos veces, una de ensayo y otra de verdad.

Luna Miguel, que tiene veintialgo y está loca.

Comentarios

  1. me encanta tu franqueza y honestidad. si vivir es eso.gracias hermano

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  2. Me gusta cómo lo cuentas. Mantén tu espíritu veiteañero, es necesario ser foreveryoung por dentro, por fuera es una batalla perdida de antemano, cara y antiestética.

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  3. Pues no te diré que mantengas tu espíritu veinteañero... Todo estuvo bin en su momento. Los veinte años son impetuosos, insolentes, te diría que egoistas y hasta insolidarios salvo con los que son veinteañeros, de sentimientos encontrados, ambiguos (se menosprecia el riesgo y la vida pensando que nunca se perderá, se alardea de una valentía inconsciente, un desafío que a algunos les cuesta perderla), creemos qu nadie ama como nosotros, nadie se divierte como nosotros a los veinte...
    Simplemente manten tu espíritu, sin más, ese ánimo tuyo que te hace ir a donde vas y no a otro sitio, ése es el que no tiene que decaer a pesar del tiempo. Lo otro es puntual y pasajero.

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  4. Creo que Nabokov decía algo así como que era la inconsciencia de su fatalidad lo que hacía a la nínfula tal. Lo contrario, entonces, la convertía en una simple y vulgar mujer. Lo mismo ocurre con la juventud. Se es joven sin más o no se es tan joven, pero desde luego alguien joven de verdad no se preocupa tanto de reivindicar su juventud en cada cosa que hace o dice, ni se escuda en ella para legitimar según qué cosas que por sí mismas tal vez no tengan valor (que me da la impresión de que es lo que hacen los jóvenes-no-tan-jóvenes de ahora). La juventud es hermosa, o puede serlo según la vivamos o según nos toque, pero hay que tener mucho cuidado con convertirla en nuestro blasón o considerarla parte de nuestras virtudes. Es inevitable entonces que se vuelva contra nosotros, y lo peor es que probablemente nos pille desprevenidos. Time goes by para todos (con Loli).

    Besos,

    V.

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