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Financial Times. The Financial Times. Ft. Este verano me voy a harta de leerlo, del 15 de julio al 15 de agosto, cuando supla a mi compañero Antonio, que es quien normalmente lee ese periódico, muy de par de mañana, en ese curro ganapán en que nos dejamos las neuronas. Ganapán, pero también una lucha diaria, face to face, con un idioma, el inglés. Nunca olvido un consejo, de los pocos que me dio, mi abuelo, el francés, un día de septiembre, año 2003 quizá, en Ascain, país vasco-francés, comiendo juntos. Se lo pregunté con ese interés que encierran las preguntas a los viejos. Andaba cerca de los ochenta, tenía perspectiva, juicio, experiencia. La pregunta fue: ¿Hay algo de lo que te arrepientas?

Esperaba una respuesta personal, tipo el poema de Borges aquel algo cursilongui de ver más amanecer y pasear con los pies desnudos por la arena de la orilla al amanecer. Pero lo que me dijo, lo que siempre echó de menos durante su vida, su gran 'regret', fue no haber sabido hablar inglés. "Aprende inglés", me soltó. "Deja de fumar", me recomendó mi padre una vez, y así lo hice, con el tiempo, un 1 de septiembre de 2002. "Tienes que abrirte más a los demás", me aconsejó una vez mi hermano mayor, hará mucho tiempo, bajo las arcadas de la Diputación Foral de Navarra. Y así lo hice, quizá pasándome incluso, con el consejo de mi hermano; el de mi padre lo seguí a rajatabla, y con el de mi abuelo estoy en ello. Cuidado con los consejos. Este es mi consejo de hoy, como decía aquel japonés entrañable de las tardes de 'Lo + Plus'. Cuidado con los consejos. En general, pasa olímpicamente de la mayoría, incluso de este. Pero haz caso, a pies juntillas, odio esa expresión, de algunos. Porque vienen revestidos de verdad, de una verdad hecha a tu medida, para ti. 

Desde hace dos años y 28 días, leo la prensa anglosajona durante tres horas, y la traduzco a velocidad de Induráin sobre la mítica Spada. Algo se me debe de haber quedado. Hace no mucho conocí a una chica inglesa. Hablamos y bebimos durante tres horas. A veces, me gusta jugar a las estadísticas fantasmas, e imagino tablas, fiebres y tartas sobre distintos aspectos de la vida, por ejemplo, la cantidad de palabras, la 'posesión del balón conversacional', que ha tenido cada cual. En aquel encuentro, creo que gocé de más del 50% de la palabra, the word, y eso me llenó de un gran orgullo y satisfacción borbónicos. Sin darme cuenta, empezaba a conquistar a aquel endemoniado idioma de Shekspir, mi abuelo podría sentirse orgulloso. De hecho, y me pongo una medallita, me dijo que mi inglés era "excellent", y que dónde lo había aprendido. Le dije que en realidad en ninguna parte, o un poco en todas, y me sentí bien por notar que todas esas pelis, libros, documentarys que conecto en YouTube mientras echo la siesta, para que sedimenten en el coco, iban surtiendo su efecto. ¿Puede haber algo más grande que el autodidactismo? Seguramente sí, pero ahí queda eso. Ojo.

Esta mañana, en que me concedí unas horas de asueto, mastiqué una cierta teoría del amor. Surgió en el momento en que entré en el H&M de Callao, el antiguo cine, para hacerme acopio de ropa interior masculina. Tenía que ver con aquella muchacha londinense, de la que no volví a saber, o de aquella francesa de la algo he hablado por aquí, y de cómo me estimulaba la idea de un 'algo', pero con mayúsculas, un ALGO, con esos perfiles internacionales. Quizá por haberlo visto en casa, ser hijo de dos nacionales distintas, quizá porque, y aquí llega la teoría, el amor debe de ser superación. Un caldo de cultivo para mejorar, para hacerte mejor, un cierto, oh, camino de perfección. No una balsa de aceite en la que instalarse de por vida, acomodado, a recibir caricias y alientos frescos. Tampoco una musa en la que recrear la mirada, ni solo una amiga, compañera de juegos y risiones varias. Un pasaporte hacia una versión mejorada de uno mismo. Una perfección más allá del contenido mismo, y no me refiero a casarte con el profesor Richard Vaughan. La perfección de la sencillez, como si dijéramos.

Comentarios

  1. Es curioso que recuerdas exactamente cuántos días (“dos años y 28 dias”) estás leyendo prensa anglosajona. Tu obsesión de (o con?) mejorar ingles me recuerda mi obsesión de mejorar español :). Aunque me hace falta conocer una chica española (o un chico; me da los mismo :)) para platicar de vez un cuándo.
    Saludos.

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