10.6.12

Fd

El Macropost implica escribir todos los días, se tenga o no ganas, tiempo o cosas que decir. Esta vez es así. A veces no hay tiempo para escribir, y en otras no hay tiempo para que haya habido la rumia necesaria como para regurgitar algún que otro párrafo. Este fin de semana ha sido así, sin tiempo para la rumia catalana. Uno se pregunta si se podría vivir así siempre, enlazando planes, copas, amigos, cañas, tapas, eventos literarios, deportivos, y el resto del rato dormir, limpiar la casa, ir de aquí a allá. 

El otro día, tomando un café y una barrita con tomate (qué limitada es la oferta en los desayunos madrileños) sentí que no podía seguir leyendo la prensa, que me resultaba literalmente indigerible. La necesidad de digerir, de rumiar, lo que vamos viendo, leyendo, oyendo, aprendiendo. Así que aparté de mi vista el periódico como el vegetariano que aparta de su lado un plato de callos a la madrileña. Y me dediqué a escuchar a una cabeza que estaba pidiendo que se le dejara realizar sus procesos naturales. Ese mastique de los estímulos que recibimos a diario. Ese dormir despiertos. 

En ese rato de rumia a media mañana pensé en algo que podríamos llamar la estadística biográfica. En cómo durante años he leído siempre el periódico en esas horas que van de las diez y media a las doce. Recuerdo mis primeras lecturas del periódico, en la adolescencia, en la cafetería Gure Etxea de Madrid. Lo hice especialmente durante un verano de BUP, el del 96, en mis inicios como procrastinador. Leer el periódico para postergar el estudio. Y me fumaba un cigarrillo Chesterfield o Lucky, quizá dos, con gran lentitud y delectación, sintiendo que el mundo se detenía. 

Aquellas cosas que nos provocan esa burla al tiempo, conseguir saltar de su sombra y creer que lo hemos detenido, son las que valen la pena. 

Profundicé más en esa estadística biográfica, y en cómo me gustaría que hubiera gráficas que fijaran el rastro de nuestras actividades. Los ratos exactos en los que ha habido más frecuencia de lectura, sexo compartido, sexo individual, desayunos, comidas cenas... La media exacta de las horas que hemos dormido, y en qué extremos nos hemos dormido y despertado. 

Llevo dos años con una media por debajo de la ídem. Cierro.

1 comentario :

  1. No leo la prensa hace ya tres o cuatro años. No suelo pasar de los titulares, y por internet. De pequeño leía el periódico de noche, después de cenar, en el suelo de la cocina. Recortaba noticias curiosas y las pegaba en un cuaderno o las guardaba en una carpeta. Era el único momento en el que tenía a mi disposición absoluta el papel.

    Si vives 75 años y duermes 8 horas al día, te pegas sobando 25 años.

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