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El deseo de leer, pero no tener a mano ningún título apetecible. Cansancio de cierta ficción, ganas de una literatura más pegada a lo real, sin los espejos deformantes del callejón del Gato literario, pero que no caiga en la erudición fofa. No hay tantos libros como esos. El otro día me agencié un libro prometedor, en la FLM2012, 'Elogio de París', de Victor Hugo, en graciosa edición colorada de Gadir. En unas cuentas paradas del metro vi que el librito se me caía de las manos. Un sinfín de efemérides desordenadas, erudición preWikipédica como sin ton ni son, muy elogiosa de París, pero atosigante y escurridiza. Una pena. Un tipo serio, de todas, formas, este VH. Y un dato: "En 1255, la Inquisición (francesa) persiguió a los banqueros".

El deseo de enamorarse, pero que no acaba de materializarse. El deseo de escribir, aunque puede que no haya mucho que decir, que contar, ni una mente predispuesta. Y el tiempo que nos vence, y el tráfago de cosas, cositas, encarguitos, historias, que nos atenaza de alguna forma y van pasando días un poco como de palo y zanahoria, y la novela aún sin terminar. La comencé un 19 de junio, día de mi 32 cumpleaños, en un restaurante japonés de París. Cenando, solo. La quiero terminar antes de esa fecha, y así lo haré.

Retomar el hábito de escribir antes de dormir, como hice durante 100 noches de invierno, en la otra casa. No es mala cosa antes de irse a dormir, cuando se hace solo. Escribir es compartir. Darse, de alguna forma, al otro. Veo que la última serie del Macropost, la de la E, es de hace un año. Concluyó con un 'Ez', un 14 de junio de 2011. Qué de cosas han pasado en un año. Siempre pasan cosas.

El deseo de que sigan pasando, ansiedad, más bien. Temor al fin de fiesta. Madrid era una fiesta. Con sus montañas rusas, como toda buena fiesta.

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