Una historia verdadera

Tú pones 'Una historia verdadera', y la gente te lee más. Es lo que vende, o vendía, al menos, hace unos años. 'Patrimonio', de Philip Roth, y debajo, 'Una historia verdadera'. Mi 'Luz de noviembre, por la tarde', se promocionó como 'Novela', pero era una historia verdadera. Una historia verdadera, en la que los hechos son contrastables, no es una novela. En una novela el hecho no importa tanto. Una novela entra dentro de la verdad literaria, que es otra verdad, no tan apegada a los hechos como tales. En una novela, puedes decir "Pío Baroja era maricón", y no pasa nada, ni nadie se rasga vestidura alguna, pero en 'una historia verdadera' no puedes decir nada que no sea verificable. No hay pruebas (allí está la biografía reciente de José-Carlos Mainer) que prueben este estrafalario supuesto. Pero el castellano es un idioma muy limitado, y no podemos añadir la palabra real, por ejemplo, a novela. Una realnovela. Pues sí podemos.

Realnovela. Me gusta.

Queda inventado un nuevo género literario para esos libros con vocación literaria pero que cuentan hechos reales, pero que tienen vocación literaria. Como por ejemplo:

'Luz de noviembre, por la tarde', de Eduardo Laporte.

'Missing: una investigación', de Alberto Fuguet.

'Anatomía de un instante', de Javier Cercas.

Y como me he enrollado, as usual, dejo para otro momento la redacción de 'Una historia verdadera'.

Realnovela.

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