20.5.12

Una historia verdadera (ahora sí)

Es una tontería, que me contaron el otro día. En apenas unas pocas líneas está despachada. Una pareja, en ese estadio algo atascado de ciertas parejas. Las que no acaban de avanzar, sumidas en un ámbar sentimental que ni fu ni fua. Parejas que no acaban de reformar una casa que deja bastante que desear, que no acaban de tener hijos, que no acaban de irse de vacaciones con los padres de ella. Pero que "estamos bien así", al menos para uno de las dos partes. Siempre hay alguien que quiere más. Siempre hay alguien que tiene la sartén por el mango. Casi siempre. 

El caso de esta pareja era de claro dominio del varón. Rollo estoy bien así, y no me rayes con casamientos ni historias de mayor índole. Y ella que se quiere casar y dar entidad a la relación, tentar al intento de que sea para siempre, feliz incluso. Y él que solo piensa en el día a día, en ese traicionero carpe diem, sin comerse mucho el tarro. Entonces ella pasa al chantajeo duro, y le dice que o se casa con ella, o ella se casa con su mejor amigo de la infancia, que le dirá "Sí quiero" sin pensárselo dos veces. 

Así que él piensa que quizá ella está un poco loca por plantear semejante chaladura, y la deja. Y ella se acaba casando con su mejor amigo de la infancia, al que yo conozco por cierto, de un antiguo trabajo, y él, el amigo de la infancia, se casa creyendo que es por amor y nada más que por amor, ignorante de que en el fondo es por amor hacia otro. No sabe que es un mero instrumento, un gran segundo plato, un hombre objeto. Pero se casa, y cree que vive un matrimonio al uso, pero tampoco sabe que ella sigue, de cuando en cuando, tentando al hombre que de verdad quiere, y éste le sigue dando largas e, imagino, repudiando cada vez más conforme sabe de las sucias tretas de quien fuera su novia. 

Apenas coincidí con aquel tipo unos meses, hace varios años, en un lugar de trabajo. Es de los que se hace el sueco cuando te ve fuera del horario laboral. Si me lo cruzo de nuevo por la calle, quizá me recuerde, pero nunca imaginará que conozco su patética historia, una historia verdadera de la que él no tiene ni idea cuando duerme, cada noche, a pierna suelta.

3 comentarios :

  1. Lo más importante de nuestras vidas siempre pasa por detrás de nosotros, sin saberlo, como el muñeco de papel de las inocentadas que nos cuelgan por la espalda y que menos nosotros todos ven.

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  2. Todo es cuestión de perspectiva. Quizá ella, sin saberlo, también sea un gran segundo plato para el amigo de la infancia. Quizá todos seamos segundos platos de alguien. Saludos.

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  3. En determinada etapa de la vida, lo de menos es ser segundo plato, que todos lo somos... casi prefiero ser un buen postre, es decir, ser lo último que alguien tome, que sea digestivo y lo deje satisfecho para mucho tiempo.

    Pero si triste es no saber que no es a ti a quien hace el amor, más triste es amar a otro en otro cuerpo. Y también los hay prefieren esa forma de amar o ser amados que la soledad. Pequeños diablos jugando a ser felices.

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