27.4.12

Redada porreta

Dormía profundamente tras una noche breve, en uno de los asientos, el 32, sobre la mitad, de un autobús de PLM. Siestuz atravesando la parte norte de esta España que nos duele, cabezada fuera de horas de las que nos aturden y entumecen un poco el alma. Dormía tanto que no me enteré bien de cuando los agentes de la Guardia Civil (cuerpo fundado en 1844 por el Duque de Ahumada, como nos recuerda la calle que hay, en Pamplona, donde el Bar Niza) subieron al vehículo. Si noté que algo pasaba cuando abrí medio ojo y vi a un tipo con pinta de perroflauta aseado (valga el oxímoron) al que pedían la documentación y demás. Momento que aprovechó para encenderse un pitillo, para envidia del resto de viajeros fumadores, a los que se impidió bajar siquiera a estirar las piernas. 

Pero no importaba mucho, porque desde nuestras ventanas asistíamos al humillantillo espectáculo de ser escrutado como un potencial porteador de drogas blandas, como en efecto era. El adiestrado pastor alemán se puso a dar vueltas alrededor del amigo pintillas, hasta dar con la china del delito.  Lo hicieron con él, y luego con su acompañante. Unos gramos de hachís, como luego me confesó en la estación de Pamplona, que no se tradujeron en multa ni en nada, pero sí en confiscación. Alguien debería supervisar, por cierto, si no lo hace ya, qué hacen luego las famosa fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado con este material. 

Foto malilla; no pude hacer más por acabarse la batería del móvil.


Redada porreta, un viernes a media mañana, en una zona indeterminada de España, o no tanto: cerca de Lerma. La noche anterior, había visto un estupendo documental sobre los años locos de Torremolinos, finales de los sesenta, conocido como el Liverpool del sur, donde había más vicio homosexual que en la propia San Francisco (EEUU), según afirmaban los expertos en el tema. Hasta que llegó la gran redada, en 1971, porque a Franco se le hincharon los huevos del mariconerío y los mandó a todos a la cárcel o fuera de España. Qué se habían creído. 

El gobierno actual, de resabios franquistones, reforma el código penal para convertir en delito diversas formas de protesta ciudadana. No sé si asociar acciones como la extemporánea redada porreta de aquel viernes por la mañana a unas órdenes precisas de poner en vereda a la ciudadanía española, sobre todo a la 'torcida'. Ignoro si estos controles se practican a menudo, rutinariamente. 

Pero me dio mala espina.

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