Anticipar

Estoy de buen humor, nada melancólico, pero me ha venido a la cabeza y no he podido evitar pensar en él, dedicarle unos minutos. Es la hora de comer, uno de esos ratos en los que más se nota la ausencia, el vacío de la mujer que estuvo durante décadas a tu lado y que ya no está. Pienso que el matrimonio, institución cada vez más obsoleta, más anacrónica, conlleva la jodida bola negra del vacío que trae cuando uno de los dos se ha ido. Para algunos puede que haya algo de "al mal tiempo buena cara", y una puerta abierta a otras vidas, a otras rutinas, a otras compañías incluso. Pero me temo que la mayoría de los de cierta generación, se quedan cojos, a medias, descompuestos, cuando llega ese delicado momento.

El vacío llega demasiado tarde para rehacer nada, aunque demasiado pronto como para no planteárselo. Pero bah. Lo poco que queda entonces es esa dignidad de la post-fidelidad, un luto sin trajes de negro al que aferrarse como única manera de seguir queriendo a esa persona, de seguir profesándole amor. 

Así como las redes sociales, o las webs de relaciones, tienen su letra pequeña, el matrimonio, el matrimonio a la antigua usanza, también la tiene, y bien grande. No hay plan B para ciertas viudeces cuando llegan a según qué edad. Una pátina de tristeza impregna al miembro vivo de la pareja desmembrada, y no hay manual de instrucciones de uso para esa situación. Además, el tiempo se vuelve un incómodo compañero habitacional, que trae una y otra vez el recuerdo de la persona que se fue primero. Y la rutina recuerda, en cada gesto cotidiano, que las cosas ya no volverán a ser como antes. El servilletero abandonado, la sacarina que nadie usa ya, las explicaciones a la asistenta que nunca supo que tendría que llegar a dar. ¿Que cada cuánto hay que limpiar la plata? Pues cuando a usted le parezca, cuando la vea sucia. 

Hace poco entrevisté a Valter Hugo Mae, escritor portugués de la minúsculas (defiende, simbólicamente, una democracia de las palabras). En su 'la máquina de hacer españoles' (Alfaguara) narra la vida de un António Silva cualquiera, de 84 años. Insistió mucho en la entrevista en la necesidad de "anticipar". 

Anticipar.

Comentarios

  1. Los viudos (hombres) jóvenes demuestran que el amor es una mentira (salvo excepciones), no tardan ni dos noches en salir a buscar una sustituta, y no precisamente para que ordene a la asistenta cuando limpiar la plata (arrealismo total lo de limpiar la plata). No sucede lo mismo con los ancianos viudos, se quedan mancos, cojos, diría que hasta ciegos. Les falta ella, la compañera, la que les ponía las pastillas junto a la taza del café cada mañana, la que siempre ha estado ahí. Aunque creo que en el fondo no deja de ser igualmente un sentimieto egoista. A ellas, ancianas, les pasa lo mismo, aunque lo superan mejor, ellas sobreviven más tiempo tras la muerte de ellos. Pero en ese duelo y en ese vacío, de lo que ellas y ellos son conscientes es que se aproxima el final, e "intuir" el final no es alegre, la vejez es pérdida en todos los sentidos.

    Pero no lo llames matrimonio, no lo menosprecies por la firma de unos papeles o un sí quiero en el altar, llámalo un plan de vida, una apuesta de dos personas a las que les gustaría ser parte de alguien y todo cuanto rodea a ese alguien, como aquellos niños que cruzaron la sangre de sus dedos y se juraron fidelidad. Luego el tiempo dice, o las vidas se replantean, o la gente cambia y nada o casi nada de lo que era es, a veces pasa, o la vorágine de la vida nos tienta a vivir de otra manera, a menospreciar esos modos de vida, a pensar que fuera hay algo que te estás perdiendo, o que la soltería es el estado ideal de libertad y que mejor aventuras que compromisos... Pues sí, todo puede pasar, pero eso se piensa a los veinte, a los treinta, también a los cuarenta... Solo tengo que decir que estoy rodada de mucho soltero y soltera y recién "liberados", y no los veo que vibren de felicidad, es más, presiento cierta amargura, mucha decrepitud y esa sensación de estar asqueado de todo.

    No sé, es complicado. Pero sobre todo, compartir la vida con alguien (llámalo como quieras) y que después de 20 años sigas pensando que su cuello es el más bonito del mundo (Auster, o que en un momento que pierdes la conciencia y te despiertas en sus brazos piensas que no te importaría morir, que has sido el hombre más feliz del mundo con ella (Auster), que cualquier momento del día, estando ella, es un buen momento para morirte (FF Casanova), eso, estimado Laporte, es motivo sificiente para apostar por ello.

    ResponderEliminar
  2. Atención, nos encontramos ante ese fenómeno, de épocas pretéritas, de comentarios MÁS LARGOS QUE EL PROPIO POST.

    Hosti!!

    Luego leo. gracias

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares