Luz

Volví de un fin de semana de celebraciones (entre ellas de la amistad) con un rato aún para disfrutar de la tarde del domingo. Salí a la calle en mangas de camisa (polo) en un gesto quizá demasiado osado porque pronto comprobé que el personal iba más abrigado, con ropa como de marzo. Aceleré el paso para entrar en calor, y lo conseguí. 

En Madrid, por la tarde, busco siempre el oeste, busco siempre el sol. La Gran Vía suele estar atravesada de luz, pero en las horas centrales de la tarde. Llegué ya en sombra, así que me dirigí a toda costa hacia el parque del Oeste, que es un refugio de luz, último bastión del sol al agotarse el día. Me senté en el yerbín, cuesta abajo, y me acordé del avance de las tropas franquistas por esas tranquilas lomas. Ni una jodida estatua, monumento, a la defensa de la ciudad por parte de las fuerzas republicanas, gobierno legal en el momento en que los nacionales intentan tomar Madrid. Una estatua, en cambio, al maestro Quiroga, que sin mirar Wikipedia no caigo ahora en quién es. Compositor y cupletista, pues muy bien.

Me gustó el baño de luz, el primero de la temporada, y me dije que lo repetiría más a menudo. Me acordé también de las víctimas, en el día señalado, escuchando la canción de Knopfler que habla de las que hubo el 8 de noviembre de 1987, en el que se conoce como el Remembrance Day. Ya de vuelta, por Argüelles, pensé en si no nos habíamos dejado llevar un poco por las pasiones partidistas habituales, y si no sería bonito que hubiera, en España, un día genérico para honrar/recordar a las víctimas de todos. Que fuera festivo, incluso. Pero luego vendrían los rollos, que si unos sí, otros no, taltal, blablá, etecé.

     We will remember them, we will remember them.

Me sentó bien aquella primera luz intensa de la casi primavera, y me acordé de un reportaje de Rafael Narbona, sobre los escritores bipolares, que todavía conservo. Hablaba de las bondades de la luz en los aquejados por ese trastorno, en una terapia aplicable a los no bipolares, a los tibiamente bipolares, como creo que somos todos un poco. Copio: 

"No está de más señalar que el autor de 'El viejo y el mar' padecía un insomnio obstinado que solo se apaciguaba con la luz. La luz es un potente antidepresivo en muchos bipolares, pues mejora su estado de ánimo y les ayuda a experimentar una tibia esperanza". 

Parque del Oeste, 11 de marzo de 2012

Comentarios

  1. Desde el parque del oeste se ve el mar, o al menos la misma luz que hay cuando desde la costa se ve el mar.

    Yo creo que como homneaje puedes hacer como Berlanga con la palabra austrohúngaro y meter la palabra franco en todos los post futuros y retocar los pasados para incluirla. Eso, o vestirte de miliciano, e irte como las estatuas humanas de las Ramblas, con su caja de melocotons, para mostrar tu disconformidad, subida a ella.

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  2. Pues me mola la idea. Sí, la idea de homenajes discretos, silenciosos, como para quedarte tú en paz al menos, suerte de justicia poética. Sí, pas mal.

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