Grasa

El otro día le regalé un libro a un compañero de trabajo. Pensé que podía interesarle. En cuanto se lo regalé, sentí esa punzada tonta, tan humana, tan pueril, de sentir el producto del que vamos a prescindir como un bien que deberíamos conservar. Así de viles podemos llegar así. Así que en un momento en que sentí la necesidad de visitar al señor Roca, me lo llevé conmigo, para intentar extraer algo de ese jugo del que iba a renunciar por siempre jamás. Leí el prólogo y parte del primer capítulo. 'La flecha en el aire', se llama, por cierto. 

El autor es Ismael Grasa, un tipo de Huesca, con cara de haber nacido en Huesca, de formación filósofo y escorado hacia al principio hacia la literatura y el comentario periodístico. Buen currículum literario, con el Tigre Juan y el Ojo Crítico, nada menos, como premios de su palmarés. Dice que no le gustaban los adolescentes, y que no se planteaba trabajar como docente, la vida le conducía por otros caminos. Pero un día de 2005 se presentó a una entrevista de trabajo, y al poco estaba subido a una tarima, tiza en mano. 

En el prólogo, habla de cierto elemento incómodo de los debates habituales en clase, esos sobre la eutanasia, el aborto, la pena de muerte, el velo islámico, etc. Él, por ejemplo, está en contra de su uso en los colegios públicos españoles. Yo, estoy a favor. Podríamos tener uno de esos debates, mano a mano, como los que tiene él con sus alumnos. Lamenta, en el prólogo, que a menudo, cuando acaba la clase, se da una suerte de veredicto, se crea una división entre buenos y malos. Porque se dicen cosas inadmisibles tipo "habría que echar a todos los negros del país", y entonces el profesor sale de la imparcialidad y aplaude o critica los argumentos dados. Pero tras esos argumentos hay personas, y el profesor siente que está salvando a unos y condenando a otros. Y en el fondo es así. 

Pero luego hay unos que no dicen nada. Esos son los que realmente me disgustan, viene a decir, y me ha gustado esa idea, tanto como para provocar la escritura de este humilde post.

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Antes de publicar este textito, busco más información sobre Ismael Grasa, y encuentro el artículo de alguien que ha leído el libro con muchísima más atención y tiempo que yo. Y encuentro 14 argumentos en su contra. También se citan algunas virtudes. Nos quedaremos con estas últimas. (Enlace al blog en cuestión, [que no lo encontraba...].)

Comentarios

  1. De Ismael Grasa leí, y me gustó mucho, un libro de relatos, "Trescientos días de sol". Es lo único que conozco de él, aunque sé que ha publicado bastante. Del libro que has regalado ya he leído varias entradas en librerías, y seguro que acabo comprándolo. Me interesa mucho esa mezcla de diario personal y reflexión filosófica que ensaya. Y me interesa también la manera en que descubre que la filosofía no es algo que estudió en la carrera, sino algo lleno de hondura y sentido en su propia vida. ¿Has hecho bien regalando tu ejemplar? No sé, no sé... Abrazos, náugrafo.

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  2. Pues creo que he hecho mal, rematadamente mal, pero también tenía la certeza de que, por el tiempo y su manía de ser limitado, era un libro que no iba a entrar en mi acotado campo de lectura.

    Quizá en otra vida...

    abrazos

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  3. Añado enlace al blog ese que le mete un poco de cera. Había olvidado ponerlo y me he vuelto loco (no tanto) para encontrarlo.

    De la entropía de ciertas búsquedas guglianas..

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  4. Iba a dejarlo correr, pero no he podido. Me ha cabreado alguno de los puntos del blog que has colgado. La mayoría con un "vamos, no me jodas" y alguno con un "hay que joderse". ¿Que para enseñar filosofía en el colegio, y ser consideradi un buen profesor, hace falta utilizar las nuevas tecnologías? Vamos, no me jodas. Con profesores como el bloger se entiende el desastre de educación que tenemos: ¿Un aula una democracia? Hay que joderse...

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  5. Tiene toda la razón Javier Ancín. El tipo del blog que has enlazado escribe tonterías monumentales, y esas tonterías, esas naderías modernas, esos tópicos que no resisten un análisis decente, tienen mucho que ver con desastres que acontecen en muchas aulas. No tengo a mano el enlace ahora, pero en Letras Libres escribió Xavier Pericay, creo que en el número de enero, una crítica excelente del libro de Grasa.

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  6. Pues me quedo más tranquilo, lo leí muy por encima.

    El enlace que citas:

    http://www.letraslibres.com/revista/libros/una-delicia-pedagogica

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