Arena en los bolsillos

Arena otoñal, si es que esa arena existe. Recuerdos del otoño que ya es pasado, y que me obliga a poner ese maldito (en el sentido de dicho a malas) retrovisor. Lo hago con gusto, porque quien me conoce ya sabe de mi nostalgifilia. Saqué del armario la chaqueta, con olor a armario tras la hibernación, una chaqueta que quedó inmortalizada por los fotógrafos de prensa, pues ya llevé puesta unas cuentas veces en mis primeras intervenciones públicas para presentar 'Luz de noviembre, por la tarde'.

En un gesto reflejo, metí la mano en el bolsillo derecho, y encontré cosas que de pronto habían dejado de ser cosas para cobrar la forma de recuerdos. Souvenirs de viajes propios. A saber, un billete de metro de París, de aquel viaje inaugural del otoño con Bro, para celebrar los 30 años del primo Maxime, precisamente en el Maxim's (pagaban los mayores). Una tarjeta de Joe Allen, un restaurante 'american style' de la calle Pierre Lescot, cerca de Les Halles, donde cenamos el sábado 8 de octubre con Stefan y Amélie, antes de ir a la fiesta de M., antigua compañera del colegio, ahora reencontrada. Vive en un piso coqueto de la zona de Étienne Marcel, con su novio rico y guapo. 

Una tarjeta del bar Clarita, de cuando estuvimos Agus y Albert el día que murió Gadafi y que ETA dijo que lo dejaba. Noche que concluimos viendo al genialoide Miguel Noguera, en el teatro Lara. 

Y una chapa que compré el 21 de octubre, en la Casa de América, después de soltar unas palabras ante un público disperso, en un acto de promoción de editoriales. La compré para dársela a una chica que entonces me gustaba, era muy de su estilo, pero esa misma noche apareció otra, que no me gustaba hasta entonces, pero que esa noche me gustó, y su entrada en escena generó un punto de giro para ese otoño, otoño que hoy queda lejos. Siempre pasan cosas. O casi siempre. El invierno, en cambio, ha sido más invernal. En primavera volverán a pasar cosas. 

Hace un par de años, por estas fechas, escuché no pocas veces el disco de Bunbury, sí qué pasa, de título 'Las consecuencias'. Había una canción que me gustaba, de nombre '21 de octubre'. Pensaba, mientras la escuchaba, que ese día no significaba nada para mí. El otro día la volví escuchar, y me acordé de la primavera de 2010, pero también de ese día, 21 de octubre de 2011, que marcó el curso del último otoño, y de cómo a menudo todo sucede en un segundo, y las trayectorias se rompen o cambian sin previo aviso, y somos parte de un viaje, de unas fuerzas, casi siempre ajenas, superiores, a nosotros. 

Estoy dispuesto, de nuevo, a ponerme a su merced. Y a guardar, de nuevo, más arena en los bolsillos, que acabo de vaciar, después de volcar su contenido en esta pantalla.

Comentarios

  1. Decidiste darle la chapa a otra chica. Vale. Jeje.

    Aún no eres adulto del todo, eres joven, sigues diciendo sí, qué pasa. Creo que cuando ya no lo decimos es cuando ya no tenemos remedio.

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  2. He leído tu entrada al ver a Bunbury. Creo que te dije una vez que pensaba que esta canción hablaba de la historia de un maltrato. Al volverla a escuchar no lo tengo tan claro.
    Hablando de nostalgias, he leído hace poco el libro Todo lo que sucede importa y de él he sacado la idea de que la nostalgia es la dependencia afectiva hacia nuestros recuerdos, aunque el libro no dice exactámente eso.
    Saludos

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