Vocaciones en barbecho

Soy un veleta vocacional, cambio de chaqueta profesional a cada rato, en un escapismo de mi oficio actual que no sé muy bien a qué responde. No sé si hay en ello un peterpanismo equis, un deseo de renovarse o morir eterno, una ingenua sensación de que lo bueno es lo otro, un inconformismo enfermizo, o qué carajo. Puede que no sean sino unas señales de alarma, las luces de un faro que tratan de guiarnos hacia esa plenitud que adivino en una cierta sencillez vital. 

Leo el blog de Ayacam, y envidio esa vida de maestro de escuela, el reunirse de chavales de nueve o diez años que ofrecen un sustrato de humanidad verdadera que mi frío teclado MacBook no me proporciona. La sensación de estar haciendo algo verdaderamente útil por los demás, mostrar a esos chavales una manera de mirar y entender el mundo que uno cree buena, transmisible. La idea de volver a casa satisfecho y con el pan ganado decentemente. Visión bucólica, estoy convencido, de la educación, pero es la que me ha venido en esa ensoñación matinal desde elangulo.

Leo el blog de El Comidista, y me encuentro con un tipo que deja, con 35 años, su trabajo en una agencia de publicidad para montar una web que suministra productos frescos. Es De Mercado, se llama, y se encargan de servir a domicilio verduras frutas y demás sin que se mueva el cliente. Pienso en los gastos de mantenimiento y gestión de la web, del pago a los repartidores y del coste de adquirir las mercancias, y la verdad es que no veo mucho beneficio y sí mucho curro, pero aún y todo el concepto me seduce. Me seduce la idea de tener tu propia criatura generadora de unos euros limpios y honrados, que se convierten en más o menos según el grado de implicación que uno le eche al asunto. Economía real.

Me seduce la vida de llevar una vida sencilla y con cierta estabilidad pecuniaria, algo que ahora mismo no me proporciona mi actual y prestigiada profesión. Me seduce combinar lo técnico con lo cerebral. Me seduce escapar de ciertas espirales de vanidad, o reservar esta para otras latitudes, alejadas de aquello que te da de comer. La idea de ser un ciudadano que aporta, y no un ente decorativo, puede que incluso agradable a la vista, pero con complejo de jarrón chino inservible, aparatoso, que no se sabe muy bien qué hacer con él.  

El caso, anyway, es quejarse. Lo malo es que hay motivos.

Comentarios

  1. Yo, aunque no esté a disgusto en esta profesión que es el periodismo (¿prestigiada profesión?), busco precisamente ese sentir que haces algo que se supone que proporciona dedicarse a la educación. Ante la dificultad de conseguirlo, más el miedo, etcétera, se suma el no saber si, una vez abandonada una cosa por otra, uno se sentirá satisfecho. Y cuando uno busca planes b, c y d por si de un día para otro se encuentra de patitas en la calle, se le pasan por la cabeza ideas de negocio. ¿Y no estaría yo mejor ocupándome y dándole un aire joven a una pequeña mercería casi de barrio? ¿O no sería buena idea una frutería en un sitio donde no hay, con plus de vida sana y algo de batidos de frutas para los clientes, por ejemplo? Y uno piensa si no sería más feliz dedicándose a cualquier otra cosa. Pero yo creo que eso no es malo, porque supone que, por mucho que ames tu profesión actual, sabes ver sus virtudes y sus defectos y, al apreciar lo de otros, te convences de que, si llega el momento en que tengas de trabajar en otra cosa, no se te caerán los anillos.

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  2. Yo aspiro a vivir de lo innecesario. Para mí eso es el triunfo y estar en paz con el universo, esa cosa burlona que nos ha creado para matarnos antes de que decidamos qué somos.

    Nos comemos demasiado la cabeza inutilmente.

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  3. Vivir de lo innecesario? Hazte periodista.

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  4. Lo cierto es que no te veo como cantautor. Tampoco te imagino vendiendo mermelada de ciruela casera on line. Aunque creo recordar que alguna incursión tienes en el cine, y "porte" de estrella no te falta, imaginarte como el próximo James Bond y desfilando por alfombras rojas... ea, todo es posible desde que osaron convertirle en rubio. O sustituyendo al legal de Vigo Mortensen en la 18ª entrega del El señor de los anillos.
    Tu profesión, a saber; tu vocación, indiscutible. Los artículos tal vez se los lleve el viento o no sirvan ni para encender una buena lumbre desde que el papel es prescindible desde que nos convertimos en digitales, pero tienes el gran poder de la palabra: para condenar, reivindicar, aplaudir, emocionar, sanar... o simplemente atrapar esa luz de una tarde de noviembre y convertirla en inmortal.

    El comentario aquí :P

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  5. Pues vaya!
    Yo he sido cartero, mimo, carpintero, payaso, pintor de brocha gorda, recolector de setas, cuidador de caballos, empaquetador de pollos, fabricante de betunes y alquitranes, plantador de árboles, peón de albañil, curador de embutidos y, entremedias y en la actualidad, desempleado. En todos los trabajos (y países) he buscado lo mismo, eso que tiene que estar ahí, sin duda, y que hace que haya personas que se sientan realizadas con ello. Vi hombres mostrándome orgullosos un montón de mierda mezclado con paja que luego sería un magnífico abono para champiñones, como el que muestra una fortuna. Una mujer en Escocia se vanagloriaba de vaciar un tanque de 800 litros de pintura y envasarlos manualmente en 160 botes de 5L en menos de una hora. Un recien jubilado me enseñaba una depurada técnica para meter siete ladrillos en un molde de metal que formaría la base del palét en dos movimientos.
    Deduzco que la gente que ama su trabajo es porque en su empeño por realizarlo lo más correctamente posible encuentra la parte creativa que esconde.
    Respecto a la utilidad de un periodista pienso que nunca hemos necesitado tanto como ahora que esteis ahí.

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  6. Querido Náugrafo: Siento decepcionarte (seguro que no, porque ya no quedan ingenuos), pero no conozco a casi nadie para quien el trabajo remunerado coincida con alguna de sus pasiones. Eso, que el trabajo sea tan gustoso y útil que nos haga un poco felices, es demasiada y rarísima suerte. Casi todos queremos, desde luego, que el trabajo no nos amargue ni (a lo peor) destruya, y a ser posible queremos que nos lo paguen dignamente (¿cuánto es eso?). Pero casi siempre sobrellevamos el trabajo como podemos. Yo disfruté dando clases a niños, pero luego me cansé y pensé que me estaba secando intelectualmente. Y ahora me gustaría dar clases a adultos muy adultos, y como no puedo, pues soy un huido de la tiza y me gano la vida en la Administración, en un trabajo que, digamos, no me desagrada. Pero no alimento ningún sueño laboral, sólo el de seguir como estoy hasta que pueda escapar de la obligación diaria.
    En fin, ya ves, vulgaridades archisabidas. Sueños, ilusiones, en este terreno nada, ninguno.
    Un abrazo

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  7. Muchas gracias a todos por los comentarios. Como le decía a Carmen antes, estos post son verdad, pero a su manera. Dentro una 'verdad literaria', digamos. Este en concreto viene a hablar de la tentación de meternos en otras vidas, y del deseo de ser otras personas, de querer hacer un poco todo, esa cosa imposible. Y viene motivado un poco también por la dificultad de conciliar un oficio agradable -el periodismo cultural- con una vocación que parece consolidarse -la literaria.

    Y ciertos dilemas internos como ver que quizá el periodismo y la literatura no sean los mejores compañeros de viaje. Y que si uno apuesta por la literatura quizá debería apostar también por un trabajo que nos permite hacer frente con cierta solvencia a los peajes de la vida (llegan en forma de facturas, por el buzón).

    Entiendo que, como todo, el equilibrio llegará. Esté en mi mano, supongo. Pero con post como el que escribiré mañana o pasado (estad atentos a vuestras pantallas), entendéis que a veces es todo un poco desazonador.

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  8. Nunca he tenido vocación por nada. Jamás... Es una pena que haya que trabajar para vivir porque si por mí fuera, me dedicaría a sobar y ver pasar nubes hasta que muera.

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  9. El trabajo es el mejor invento para disfrutar del ocio. Somos así de tontos. Tenemos que sentir la finitud del tiempo de ocio para valorarlo más. Y también se disfruta más del ocio, de las actividades ociosas, cuando en realidad se debería estar trabajando. Hay algo de vicio en todo ello, jaja

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  10. A Ancín no le falta razón, curiosamente hablaba de esto hace un par de días con un buen amigo de Canarias (un tío brillante, además) y me confesaba exactamente lo mismo.

    Permitidme esta cuña al respecto:http://picandovoy.blogspot.com/2011/11/hacer-o-no-hacer.html

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