Mis problemas con Redacciona (o el abaratamiento del Periodismo, 2/2)

Por un problema de coordinación con el diario con el que colaboro habitualmente, hice una entrevista al escrito Marcos Giralt Torrente ('Tiempo de vida', Anagrama), por la consecución del Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero por el libro de relatos 'El final del amor'. Pedí ese libro a la editorial, Páginas de Espuma, lo leí (con gusto) y quedé con él una tarde de otoño en el café Comercial de la glorieta de Bilbao, Madrid. Hablamos durante, ¿una hora y media? Le invité a un par de aguas y pagué mi café con leche descafeinado de máquina (ca-le-des-ma).

Fue una tarde agradable, la verdad. Me habló algo de su abuelo, Gonzalo Torrente Ballester, y de cómo dejó en Galicia a su familia para hacer carrera literaria en Madrid. Se ganaría el Parnaso con los años, pero también condenaba a su familia a no pocas penurias económicas. Su hija se casó con el pintor Juan Giralt, que tampoco fue una máquina de cosechar dinero. 

Tampoco lo habrían sido, ni Gonzalo TB ni Juan G., ni Marcos GT, en el panorama periodístico español actual. Porque es difícil, ya digo, ser una máquina de generar euros si uno canaliza sus esfuerzos profesionales a través de plataformas como Redacciona.com. O eso me ha parecido a mí, en la relación que he tenido con esa empresa de contenidos.

Porque a través de esa web de promoción y oferta de trabajos periodísticos, uno puede vender su trabajo. Como tenía 'colgada' esa entrevista, y me parecía un feo no publicarla, y una descortesía con el autor, me pareció buena cosa ofrecerla a través de Redacciona. Y, cobrar por ello, claro, un precio mínimamente acorde con el tiempo y esfuerzo invertidos (que leer sea un placer, no significa que el trabajo sea menos trabajo): 

- Cuatro horas de lectura del libro
- Dos horas de la entrevista
- Hora y media de transcripción de la entrevista
- Dos horas de redacción y edición de la entrevista

Total horas: 9 y media, que redondeamos a 10 horas, sumando la procrastinación pertinente.


Sin dejar de lado que cuando uno invierte 10 horas en algo, deja de invertirlas en otras cosas, me pareció que 50 euros, a los que luego se descontarían los descuentos pertinentes, era una cifra razonable. ¿Qué digo razonable? Era una cifra más que discreta. 

Subo el documento y relleno los campos pertinentes y veo, al rato, que donde ponía 50 ahora pone 100. No entiendo nada, ¿por qué mi entrevista vale ahora 100 euros? No me importaría llevarme 100 euros por la entrevista, pero dudo mucho que nadie la compre por ese precio. ¿Por qué vale ahora 100 euros y no los 50 que yo fijé? Me dirijo a una de las responsables de la web, que me atiende muy amable vía mail, y me responde esto: 

En respuesta a encargos concretos de nuestros clientes, el margen que aplicamos sobre el precio de venta es de un 30%, un 50% en el caso del market-place, que dedicamos a mantenimiento de plataforma, desarrollo de plataforma, equipo comercial para ofrecer su contenido a todas las publicaciones que pudieran estar interesadas en adquirirlo, publicidad de la plataforma off-line y on-line para facilitar la venta de contenido, marketing de contenidos, etc.

El libro, eso sí, me gustó. El final del amor. La semana que viene colgaré por aquí, gratis et amore, la entrevista porque, obviamente, nadie la ha comprado. 

Comentarios

  1. Kafka ansiaba ser carpintero en Palestina . Y fue un trabajador aplicado en la mútua laboral.
    Janousch recuerda como Kafka , poco dado a la vanidad , se sintió orgulloso cuando un peón de obra le paró por la calle para agradecerle el arreglo de su pensión tras un grave accidente .
    No está la cosa para escoger .

    Pero es como perseguir la perfección acuarelística y pintar a brocha gorda.
    Priorizaba el prior de Príamo príapos y provectas prostitutas de probada prudencia en el prado precursor de la prostación previa a la putrefaczitióne fatale. Pron , Paquito.

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  2. ¿Qué representante se lleva el 50% de lo que factura su representado? Sinceramente los que han tenido la idea de montar esta web creerán que es una idea brillante, y podría serlo si no quisieran hacerese ricos a costa de la miseria de los periodistas. La idea puede ser buena en su origen, no lo dudo, pero esta me parece que es una de esas buenas intenciones que adoquinan el infierno.

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