25.2.12

Aquel concierto

Recuerdo bien aquel concierto. Le pedí a mi padre ir, y me concedió ese deseo, y creo que nunca se lo agradecí lo suficiente. Eran mis idolos, entonces, BBM, porque eran buenos, y porque eran como una reencarnación generosa de Cream, grupo al que admiré de adolescente, y de Eric Clapton, mi god musical particular de entonces. Recuerdo leer biografías suyas, una de un tal Harry Shapiro, en inglés, con ese inglés mío de 14 años completamente precario y limitado. A veces, me enteraba de algún pasaje, y conseguía meterme en ese mundo nebuloso y fantástico que me parecía el de los inicios de rock. Habían pasado, a principios de los noventa, solo treinta años de aquello, pero a mí me parecía la Edad Media. Y quienes habían vivido en aquellos años una suerte de supervivientes de un tiempo mágico, en blanco y negro, que no eran sino los albores de este tiempo nuestro, tiempo pop, tiempop.

Agradezco al hoy difunto Gary Moore que se metiera en la aventura de jugar a suplantador de Eric Clapton, sin complejos. Gracias a él pude ver a esos músicos legendarios, al Ginger Baker de la batería de doble bombo, con su rostro tan enjuto como británico, elegante. Fuimos los cuatros varones de mi familia, al velódromo de Anoeta, 18 de junio de 1994. Bro se quedó dormido durante la interminable 'Spoonful' y la verdad es que en tema también yo me aburrí bastante. Pero era un aburrimiento sano, porque hay aburrimientos sanos e incluso necesarios. El otro día hablábamos un poco de eso por aquí.

Recuerdo con algo de nostalgia aquel día. Me compré una camiseta en el stand de merchandising de después del concierto, y la usaba siempre en el grupo que tenía entonces, con el genial Germán, Manregg, hoy músico profesional afincado en Barcelona. Me la puse unas cuentas veces pocas semanas después, en el verano iniciático de Bournemouth.

El día siguiente del concierto era mi cumpleaños. Mi familia puso mi fotito en la sección de Sociedad de 'Diario de Noticias': Edu Laporte, 15 años, decía.

Lo vi en el bar de un restaurante de un pueblo del norte de Navarra, ese en que había una bifurcación importante, cuyo nombre no recuerdo, en los tiempos de antes de la autovía. Habíamos pasado el fin de semana en San Juan de Luz y habíamos sido felices.

1 comentario :

  1. Yo ya tenía 23. A mi hermano le volvían loco... Después de ese concierto empezamos a perdernos la pista el uno al otro.

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