19.1.12

Post de dar envidia

El miércoles por la mañana me costó levantarme. Apuré las perecitas hasta el límite de lo legal y estuve barajando, durante largos minutos, las razones que me hacían ponerme erecto, en sentido corporal, y creedme que durante un buen rato no encontré ninguna de peso. Pesaba una cierta resaca, no alcohólica, de la noche anterior, y como una ausencia de ilusiones en el plazo más inmediato, que me mantenían en posición horizontal, estático como una estatua, plano como un folio de carne. Imagino que habrá un día en que los motivos por los que levantarse no sean lo suficientemente potentes, ni siquiera esa honrilla del "ah que no hay huevos", y entonces uno no se levante, como un tumbao andaluz, como un Oblómov, como un Onetti, como un tal.

Pero me levanté y trabajé mis horas regladas con concentración casi budista y me fui al barrio de Embajadores a uno de sus bares cutrelos y españoles a escribir un rato. Y escribí unas páginas creo que felices de la novela en marcha. Me gustan esos baretos para escribir. Sentirme un personaje arrealista entre la parroquia, con mi material de literatura, boli y cuaderno, el café descafeinado ya abandonado, ¿qué coño hace ese tío? Me siento bien en esos ambientes, los siento extrañamiento míos, me jacto de ser escritor de cafetería cutre española, autor de bar Manolo, juntaletras de barrio horrible. Encuentro una curiosa inspiración, que no es otra cosa que el bienestar del literatura, la fuerza, la garra, la soltura, la agilidad, el temple con las palabras y las ideas. No me desagradan los pepes botellas y demás pero, ay, no sé, hay algo de impostado o de wanabí en los segundos.


Esperaba ahí a maese Holzer, con el que tenía fijada una de esas partidas de pádel que jugamos periódicamente desde hace varios años. Luego, el paisaje desierto de las pistas a media mañana, como si de pronto no existiera paro en España, o los parados no tuvieran el coraje de irse al practicar el deporte favorito de Aznar. Antes, encuentro con Tali para que me devolviera la pala, y charla al sol durante un buen rato como dos viejos que hablan de asuntos prácticos de su incumbencia. En nuestro caso, cosas de ivas, irpfs, autónomos, colaboraciones y demás. Que qué mal está el periodismo, chico. 

El primer set ha sido mío, 6-0. Pero en el segundo mi rival se ha recompuesto, y me ha calzado un 6-3. Después hemos ido al bar de siempre, al bar del post-partido, donde yo he bebido un Aquarius y él un Bitter Kas, acompañado de unos torreznos. Nos los han cobrado, los cabrones, por cierto. 

He aprendido que la palabra carajillo viene de coraje, de corajillo, que era el bebedizo que los soldados españoles se metían entre pecho y espalda cuando lo de la guerra de Cuba. Lo hacían para envalentonarse, café y ron, los productos típicos de la isla, y pienso ahora que algo parecido hacen los miles de currelas antes de enfrentarse a sus respectivos curros con mambises con camisa dispuestos a saltarse en la yugular.

Me he sentido un poco Julian Schnabel de poca monta, en el metro, de vuelta a casa, con mis garrillas al aire, las zapatillas con suspensión (o amortiguación) y el abrigo que se puede ver en la foto de mi avatar. No hacía casi frío y lucía un sol que indignaría a cualquier belga y he sentido entonces que sí que merecía la pena levantarse, todos los días incluso, y también he pensado que al día siguiente probablemente me costaría menos.

No tengo un chavo pero, como dice Vecinita, vivo como un rey. Y me ha gustado sentirme un pequeño rey, un reíto, protagonista quizá de la secuela nunca escrita del famoso relato de Saint-Éxupery.

6 comentarios :

  1. Tú lo has dicho, un post de dar envidia.

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  2. Embajadores es pijo comparado con lo que hay por el madrid de barrio profundo. Baja, baja más... más allá de General Ricardos está lo que buscas. jaja... Y si sales de Madrid, por todo el excinturón rojo flipas. O la vallecas del interior, donde ni los metros llegaban... Tengo una colección inmensa de esos bares. Me patee como un condenado todas las zonas más humildes de Madrid, luego, curioso, iba a dormir a una de las mejores zonas. Yo siempre todo lo hago al revés.

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  3. Siempre me he preguntado qué anima a los hombres del pueblo a juntarse en una tascuza a las seis de la mañana a meterse entre pecho y espalda una o dos copas de ponche (o similar). ¿Será el 'corajillo'?

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  4. Me han encantado es de "folio de carne".
    Lo que no he entendido es ese anuncio de POF o como se llame que sale al final de la entrada, y menos aun que esté dirigido solo a mujeres. Ya dirás. :-) Abrazos.

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  5. Ahora veo que si recargas la página el mensaje de POF está dirigido a los hombres. Claro, claro, la otra mitad. Pero de todos modos, ¿qué hace ese anuncio en tu entrada?

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  6. POF, POF, ¿quién es? jajaj

    Pues ni idea de lo de la publi. Se pone automática, y con ella me saco unos ingresillos para pagar los dominios y con suerte una cena de no muy altos vuelos.

    gracias por la visita!

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