30.4.11

Ef

Llegar a Pamplona y encontrarte con el silencio de una primavera cálida, y no los chuzos de punta tipo Belfast que uno esperaba encontrar. Impresionante el paseo de Sarasate, ya era hora, cooñño, de que lo adecentaran como ese paseo merecía. Habrá quien diga que son algo excesivas las estructuras jardinescas de los lados, pero cualquier cosa mejor que esa sensación de desidia, de descampado, de parterres muertos de pena, en pleno centro de la ciudad. El conjunto, en general, creo que es potente.

No sé como ciertos dirigentes municipales, hablo en general, pueden dormir tan tranquilos. Uno, cuando hace de anfitrión, se preocupa por ciertas acumulaciones de polvo, o por la mierdecilla agolpada en esa alfombra receptiva, o por el cerco de unos vasos que no se recogieron a tiempo. Y quien te visita no son sino amigos, que tienen otras preocupaciones que el estado higiénico de tu casa. Un alcalde, en cambio, puede vivir con el salón de su casa-ciudad hecho unos zorros y le da igual, aunque venga el mismísimo Richard Flurrings a conocer la villa.

Es como la puerta de la estación de autobuses de Soria, la que da acceso a la cafetería York, a la que  he entrado 1.246 veces y en la mayoría de ellas he hecho ese ridículo paripé de tirar, empujar, probar con la otra puerta, etc. Miles y miles de viajeros caen en esa misma trampa diariamente, pero nadie es capaz de colocar un cartelito, metálico, bronceado, que ponga EMPUJAR. No, amigos, a nadie se le ha ocurrido. (Soria también necesita su PPC, me temo.)

Pero volvamos al paseo del violinista, por el cual me alegro, y que mostraba un follaje increíble, hacias las cuatro de la tarde, con árboles robustos y en general flipantes. Me han dado ganas de instalarme de por vida en esta mi ciudad de origen, a cuyo paseo de Sarasate viví orientado durante 25 años de mi vida. 

Y hablando de iniciativas municipales, esta mañana he dado con una que me ha reconciliado con el despilfarrador Gallardón. Una cestilla, en el metro de Avda. de América., con unos pocos libros, perfectamente apiladitos, limpios, ordenados, antiguos, vintages, amarillentos, pero intactos. Me pregunto de dónde habrán venido. De algún piso del barrio de Salamanca repleto de libros que jamás leyó nadie. Una suerte de bookcrossing institucionalizado, una gran idea. Había uno de Quevedo, 'Vidas de Quevedo', creo, y unos cuantos como de aventuras, malillos. Sobresaliendo ntre ellos, 'Castilla', de Azorín, del que recuerdo que Andrés Trapiello, una vez que le entrevisté, me dijo que era fascinante, por las descripciones y tal. Lo he tomado, maravillado, algo culpable, como si robara algo o me apropiara de algo valioso, sin dar nada a cambio.En el interior, tenía la etiqueta de dónde habiá sido comprado: Galerías Preciados.

Precisamente en el bus he leído un libro de Trapiello, el último tomo de sus diarios. Como modo de compensar este pequeño regalo sorpresa, lo entregaré, una vez lo termine, de un modo similar, a la comunidad lectora. Ya veré donde lo coloco.

 

29.4.11

Ee

Esto del Macropost tiene que ver con escritura casi diaria, un poco a la fuerza, un placer obligado, pero con su punto, ya digo, de reto, de ver qué coño sale hoy. Hay días en que haya que recurrir a mindundeces varias, quizá los más, pero ahí la gracia. Esto tiene algo de ejercicio.

Hoy comí en una terraza, en una agradable sombra soleada, en Dos de Mayo, con la única compañía del periódico. No hay iPad54 que supere esa sensación. La de aceptar, por ejemplo, la acotación que te ofrecen esas páginas. El seguir su camino propuesto. No tener que elegir. Pasar una página y tener que, inevitablemente, encontrarte con la siguiente. Gourmet lector. ¿En vías de extinción? Yo moriré antes, después de mi, el sirimiri.

He leído, por ejemplo, la página de Obituarios. ¿Hay alguien en el planeta que lea los obituarios en los diarios on line? Contesto yo mismo: No. En cambio, en el papel, zas, de pronto te encuentras con tal vejete entrañable y, felizmente amodorrado por el efecto de la caña en estómago vacío, te sumerges en la vida del tipo como si fuera tu mismísimo abuelo. En este caso, el inventor del teleprompter, también conocido como autocue, que ha muerto a la edad de 91 años.

Descanse en paz. 

Su aportación al mundo no fue menor. Creo, por cierto, que todos deberíamos aportar algo al mundo, por pequeño que sea. No joderlo puede ser incluso una aportación suficiente. Este tío aportó un invento que al principio funcionaba con un rollo de papel, y un tío dándole p'abajo. Sirvió a los políticos en sus discursos, para hacer como que creían en sus ideas, y a los locutores para ganar en veracidad. Recuerdo a un presentador de las noticias de Telenavarra, un tipo moreno, adusto, con pinta de jugar a pala los sábados por la mañana, que miraba todo el rato al folio. Decía una frase, "El alcalde de Arróniz", y miraba al folio, cabecica baja, "ha inaugurado la semana del aceite", y así todo el rato. La verdad es que no te concentrabas en nada de lo que decía. Y digo yo, ¿para cuando teleprompter para los corresponsales y reporteros a pie de calle? No consigo entenderles, porque sufro por ellos al verle tensos, reteniendo los cuatro parrafitos que tienen que solter sin que noten que están tensos, pero se les nota, y nos piden como ayuda, y les ayudamos, y no nos enteramos de jodida nada.

También he leído a Boyero sobre Armendáriz. Hablaba bien del director navarro. Destacaba de él su medida producción: ocho películas en 27 años. Con un boli, he pintado en los márgenes del periódico los títulos que recordaba, y me han dado los ocho: Las cartas de Alou, 27 horas, Secretos del corazón, Silencio Roto, Obaba, Historias del Kronen, Tasio y ahora esta, No tengas miedo. He visto cinco y media. No tengas miedo se estrena hoy, y la veré pronto. En la misma página, había un texto de Montxo. Eso tiene que ser un director de cine. Luego, con más tiempo, pongo enlaces. Tiempo para documentarse, para conocer a la gente afectada por los abusos, para aprender él para luego contar. Ha dicho algo que me ha gustado, que en el proceso de acercamiento a un tema al principio todo es cuantitativo, aluvión de datos, y que luego aflora lo cualitativo. Como el caso de esa chica que le contó que, tras los abusos, le habían robado el pasado. Y que lo jodido era aprender a vivir el día siguiente como si fuera el primero de su vida. Sin ayer. 

Mañana más.

Leed la prensa.

En papel, una vez a la semana.

Por lo menos.

Ya tengo epitafio: 

Después de mí, el sirimiri.

Magustao.

Luego corrijo y pongo enlaces. Hoy paso de corregir, será mi particular transgresión del día. Hala.


28.4.11

Ed

No había caído, y creo que me gustan estas minisorpresas del Macropost, en que esta entrada conformaría un nombre. Hay gente que se llama así, dos letritas, Ed Harris. Yo no, como mucho tres. Una U más. Sólo Ángel Duarte se refiere a mí de ese modo, en las blogosferas, y no me desagrada ni mucho menos. Y ese pintor de gasolineras, Ed Ruscha, del que algún día escribiré una novela, un relato, algo. Lo acabo de decidir. Hace dos segundos. Aquí queda constancia.

Hoy me sentí feliz por tener un trabajo que te permite leer un libro, fliparte con él, y luego conocer en persona al autor. Y que te paguen por ello. Hay días en que después de una de esas entrevistas siento una completez profesional, existencial, literaria, humana, que digo: pa' qué coño quiero ná más (con acento tipo José Mota). Hoy, tras abandonar Casa de América, y dejar en ella a Alberto Fuguet, autor del muy recomendable MISSING (UNA INVESTIGACIÓN), sentí de nuevo esa plenitud. Había dormido poco cuatro horas, y seis ayer, y cinco y cinco los días anteriores. Una media preocupantemente cercana a la hipomanía. Sentí que no andaba lejos de hacer una locura y, cuando se me cayeron al puto suelo los dos paninis de bbq Dr. Oekter y grité un joder que lo escuchó hasta Enrique Morente en su Albaicín celestial, vi que a lo mejor la liaba. Pero estaba de buen humor tras la entrevista, hacía sol, ese sol arrogante y español que le gusta a la Rosenvinge, y me tomé con filosofía la cosa.

Me dijo Fuguet que la entrevista era la más rara que había tenido (supongo que en el día). Me gustó escucharlo. Lo cierto es que tenía hasta tres folios con preguntas, que imprimí en una copistería de la calle Barquillo, y al final creo que no miré ni una sola vez al folio. A la mierda. En mi bolsa llevaba 'Bartleby y compañía', de Vila-Matas, que pensaba leer luego con una caña, al sol feliz de Madrid, con el orgasmo postentrevistual. Pero en un momento dado, pensé que quizá Carlos Patricio Fuguet García, el personaje de su libro, el tío que se pierde, quizá tenía algo de ágrafo, de Escritor del No. De tío que incluso ni se había planteado que podía ser un escritor, esto es, un ágrafo inconsciente de su agrafía, lo que no está nada mal. Saqué el libro para dar más fuerza a mi pregunta improvisada y pensé, coño, regálaselo. Joder, pero qué leo luego, está a medias. Toma, te lo regalo. Estaba lleno de subrayados, dibujillos y mierdas varias, y una servilleta de Café y Té, con caras a boli, entre las páginas. No la retiré. Acabamos la charla y le firmé el libro, el de Vila-Matas ("tengo prejuicios contra este señor, demasiado teórico, pero sí tú me lo recomiendas...), como si yo fuera el autor y no él. Creo no le sentó mal, al contrario. Le pusé ahí mi dirección de mail, "con letra esquizofrénica", dijo de ella, porque no me quedaban más tarjetas de Coverture. Las dos que llevaba en la cartera se las di la noche anterior a dos personas: Wesley Jackson, y Daniel, un mexicano que vino a ver el partido a casa, y que hacía couchsurfing en casa de otro amigo, Rubén. Vive en Montreal, Canadá, y me ha convencido de que me vaya a Canadá. Una temporada. Hay curro, amigos. Acabo parrafada.

Me pareció un tipo a seguir, perdón por el galicismo, este Fuguet. Cuando llegué a casa, le pasé el libro a Bro y le dije, "léelo, es de los nuestros". Me regaló una frase que me reservo para la entrevista, pero que tiene que ver con trazar lazos con los lectores, amigos invisibles. Quizá, esto lo pongo yo, la literatura no sea sino una forma de amistad desinterasada entre dos desconocidos. Pocas cosas más bellas. Luego puedes conocer a la persona, y a lo mejor surge una amistad real, pero esa intención, esa propuesta de ser tu amigo y para eso escribo este libro, aunque no te conozca, es impagable.

Hay días en que se puede dar la razón a Gabo, novelista, cuando dice que el Periodismo es el oficio más hermoso del mundo.

27.4.11

Ec

En el cruce de la calle de los Reyes con San Bernardo me he topado con un cartel de una empresa llamada Victoria Milan (punto com), especializada en canas al aire. Creo que es lo último en ciberrelaciones. Hace poco vi que había otra, Second Love, nombre ingenioso porque hace un tácito guiño a lo de Second Life, y a Secret Life. Puede que Victoria Milan haga un guiño a Victoria's Secret, quién sabe. Y lo de Milan, Italia, a pasiones latinas. No hay nada gratuito en esas decisiones brandinguísticas.

He cruzado la calle y no he pensado en mucho. He pensado en si en el Dia venderían las pizzas Dr. Oetker que quería comprar, para el partido de esta noche, el clásico que llaman, que veré en casa, con unos amigos.

Luego he pensado en que vivimos tiempos raros. No sé si mejores o peores. Yo creo que bastante mejores. Ayer comentábamos, Bro y yo, en la cocina, que tenemos suerte. Hemos vivido, ya, mucho. Nuestra generación anterior tuvo que conformarse con lo que le tocó. Muchos se casaron sólo por follar, por salir de casa. Franco me robó la juventud, dice mi tío Ivlivs. Bueno, no toda la culpa va a ser de Franco. ¿Franco se metía en tu cama si te acostabas con Lupita Vinuesa? El problema es que el contexto no invitaba a la acción, y vale que se hacían excursiones a San Sebastián, a Isaba, incluso a Francia, lo más osados algún viaje a Londres, pero asuntos como ligar seguían siendo más milagro que pecado, sobre todo en latitudes nortiles impregnadas de opusianismo. 

La web de Victoria Milan se ofrece como un remedio para la rutina matrimonial, cosa que daría para infinitos debates. ¿Una cana al aire puede ayudar a engrasar un matrimonio estancado? Quizá sí, qué demonios. Es arriesgado, pero tampoco es fácil, en tiempos de estímulos constantes, apostar por una sola persona. Apostar, hoy, por una sola carta, ya sea por una ciudad, un trabajo, un coche, una mujer, o un perro, tiene algo anacrónico. Como comprarse un video VHS. En los últimos once años, sólo conservo una cosa: mi guitarra. (Iba a poner también que la familia, pero esa viene dada [aunque también hay quien renuncia], y ha habido varios adioses.)

Me he alegrado por no estar casado, anyway. Y preferir un poco "la ensalada a Beethoven y Sinatra, y a Vivaldi, uvas pasas, que me dan más calorías". El ciento volando, mientras se pueda, como apunta con lucidez mi hermano, Bro, en su libro sobre Australia. 

Enfilada la calle Pez, he llegado al Dia. He tenido suerte, estaban, ahí, esperando, las pizzas Dr. Oetker. He pillado cuatro. Luego cervezas, vino y alguna cosas más que me ha hecho pensar en que aquello iba a pesar demasiado, y estos barrios malasañeros son cools pero andan cortos de supermercados, no como en otros más cutres pero prácticos como Delicias. No había servicio a domicilio y he pensado muy seriamente en decirle a uno de los negros de la puerta que me ayudara a llevar el cargamento a casa. No era plan de llevar 20 kilos a cuestas durante cosa de un kilómetro. Pero, ¿qué tipo de aberración era esa? Pagar a un negro como porteador. ¿Estaba aflorando en mí una suerte de pulsión colonialista, explotadora? Joder, le pagaría cinco euros, más de lo que gana abriendo la puerta a las viejas de cartera artrítica. 

Para mí consuelo, no había pobre oficial en la puerta, así que he cargado con mi mercancía a solas, libre de conflictos de conciencia, como los que tampoco se me presentan al no requerir los servicios de Victoria Milan.



26.4.11

Eb

Me ha costado tres cuartos de hora conseguir engancharme a la red wifi del jodido Vips de la plaza de los Cubos. Echo la culpa a este establecimiento por no echársela a mi ordenador, o a Bill Gates, que crea ordenadores torpes, renqueantes, achacosos. También podría echármela a mí mismo, por no saber más de casquería informática para toquitear programas, atajos, cortafuegos y subwafers con queso, y así no tener que cagarme en esta gente hostelera probablemente inocente. No obstante, hay algo que no entiendo, y es esa ley por la que, en el entorno informático, algo que no funciona, por no se sabe qué, acaba arreglándose, él solito, no se sabe cómo.  

He paladeado la idea, por cierto, de pedir el libro de reclamaciones. Nunca lo he hecho, pero espero con ansia el día en que tenga una razón, una razón de peso, para estampar mi firma y datos personales, carbon copy, en uno de esos impresos diseñados para calmar iras. Una queja al día, como la Micebrina, una caña o un polvo con la vecina, debería ser receta de obligado cumplimiento.

Pero yo quería hablar de un silencio extraño, cagiano, por lo menos, que escuché ayer (por cierto que me encuentro entre los que defienden 4'33", de John Cage, como una obra musical, aun silenciosa. A veces, cuando me quedo sin batería en el iPod, mantengo los auriculares. Hay una ausencia de canción que es canción, un silencio acotado que es distinto al silencio de la calle, porque el silencio de la calle es ruidoso, variopinto, multisonoro). 

Escuchaba a este Pedro Blanco, tudelano él, que sigue radiando como el difunto Carlos Llamas, en la SER, en una noticia no cargada de malicia y regodeo sobre la multa de unos 30.000 euros a MAR (y quien no sepa quien es MAR que se informe) por llamar "nazi" al doctor Luis Montes (presunto sedador de ancianillos indefensos) en una emisión de 59". De pronto, se hizo el silencio.

Pero el silencio no se debía sino a la mala calidad de mi radio azul a pilas, pero esto lo supe al rato. Antes, creí que la derecha, mediática y militar, se había cansado ya de tanto sindiós y de que todo el mundo opinara desto y lotro y de que Zapatero, cual dinosaurio, siguiera allí, así que la habían liado buena. Un golpe de Estado, así, por las buenas, a las dos y pico de la tarde un 25 de abril, 2011. La SER, secuestrada, y ese silencio, unos segundos de silencio antes de que un gerifalte (sí, con ge) de Intereconomía lanzara una soflama entre patriótica y cuchufletera, en la radio de los malos.

Reconozco que sentí una leve sensación de orden, en ese momento. Mira, el mundo que viene será una mierda, pero al menos es uno, es perceptible, se aleja del arrealismo al que estamos abocados. Luego toquiteé la rosquilla áspera y dentada del aparatejo y volví a escuchar al afectado Blanco, y vino un plácido alivio, que paladeé mientras freía unos hígados de pollo encebollado.

25.4.11

Ea

No sé si es buena idea meterme ahora con el Macropost, precisamente en un momento en que me persigue una agrafía considerable. Corro riesgo de convertirme en el nauáGrafo digital, y eso es mucho riesgo. Por eso, quizá, tratar de escribir, lo que sea, y que ladren luego cabalgamos o tal.

Dice Andrés Trapiello, cuyo último volumen diarístico compré el otro día, y cuyo título no recuerdo, y que no voy a levantarme para mirar, y esto lo decía Umbral, cuyo (bis) hijo G., el G. de los tomos del Salón de Pasos Perdidos se ha hecho mayor y ahora tiene un blog, cosas de diseño, porque a veces los hijos de escritores pasan de ser escritores, y quizá no quieran matar al padre, ni a la madre que los parió, y se meten a diseñadores gráficos, y diseñadoras gráficas si son hijas, un blog que lo he enlazado por aquí, con tipografías modernas y como cools y tal pascual, decía Andrés Trapiello, digo, que necesitaba una melancolía sostenida para escribir.

Si Andrés Trapiello fuera una ciudad, sería Lisboa. Pero una Lisboa española, una Lisboa dentro del proyecto lusibérico, del que soy partidario, por cierto. Unir para destacar nuestras diferencias. 

Si yo fuera una ciudad, quizá, hoy, sería Madrid. Porque a ratos me siento todo, y otros muchos, me siento nada. Un ser abstracto, porque todas las grandes ciudades lo son, hasta el punto de que perdemos las referencias, y añoramos nuestras ciudades de la vida, de la infancia, de nuestra provinciana felicidad. Hasta que vamos a ellas un rato y se nos quitan las ganas de acotar nuestros pasos a ese rollo amurallado, aunque concreto, pero amurallado. Y aquí seguimos.

Ayer leía a Alberto Fuguet, al que entrevisto el jueves a propósito de su Missing (una investigación). Decía  Fuguet (apunten este nombre, bueno, si quieren) que en Estados Unidos todo el mundo esperaba. "Acá todos esperan, le escribe a su madre. Esperan regresar a Chile, esperan jubilar, esperan morir". Actitud expectante, pero de una expectación algo desolada, bracicaída, como la mujer del cuadro de Edward Hooper

Ea. Me dijo Latinajo de Híspalis, en Moraira, que votara a Maiorga, de Ea, ahora en Bildu. ¡Ea!, le contesté, no caerá esa breva. Y esto me recuerda que tengo que pedir el voto por correo porque aún sigo ligado, al menos políticamente, a esa Navarra que a ratos añoro. Pero como quien añora un tiempo que aún no ha existido.

- -

Ah, y creo que para escribir se necesita entusiasmo, por recoger la idea descolgada en el segundo párrafo. Y que solo con la fe en abandonar esa melancolía lisboeta se consigue escribir algo. Pero con la melancolía en sí, así en bruto, nada de nada.

18.4.11

Partida terrorista

Esta mañana, camino a la oficina, pensaba en un dato que leí ayer: desde 2007, han sido detenidos 430 militantes etarras, así como ocho mandos de dirección dentro de la banda. El actual gobierno ha mantenido negociaciones con los terroristas pero, cuando se ha visto que no había pasos hacia la paz, no le ha temblado el pulso a la hora de perseguir y encarcelar. Ahí está ese dato, al menos.

Pensaba en cómo el actual gobierno tiene todas las de perder, en las generales de 2012, como las tenía también de perder en 2004, hasta que un descarrilamiento violento de los acontecimientos rompió cualquier lógica e inercia políticas. La mala gestión de aquella crisis provocó el castigo del electorado, y el partido de la oposición se coló en La Moncloa. Ocho años después, qué pasaría si esos islamistas radicales con txapela plantaran el siguiente órgado al todavía gobierno de Zapatero y al electorado español: Voto PSOE = adíós definitivo a las armas. 

No creo que ETA quisiera implicarse tanto en la vida política española porque, en el fondo, más allá de su ombligo soberanista no le interesa nada. Pero no es descabellado admitir que tendría en sus manos el poder suficiente como para determinar la dirección de millones de votos. Claro que todo puede hacerse sotto voce, y lograr una entrega de las armas que, antes de las elecciones, encontraría el probable premio de los votantes.

Si yo fuera Rajoy, estaría bastante tenso ante la posibilidad de una tercera derrota electoral consecutiva en unas generales. Me temo que no tiene vez, ni voz, en esta partida terrorista que, en el caso de resolverse con el anuncio de la paz definitiva, inclinaría los votos hacia el nuevo candidato socialista.

14.4.11

14 de abril (de 2011)

Ochenta años después de la proclamación de la II República en España, el día amanece soleado, casi más veraniego que primaveral, en Madrid. Lo que antaño fueron los cafés literarios hoy se llama Twitter y apenas muestra unas tibias referencias a la efeméride, a las siete de la mañana. El diario 'Público' ha dedicado un especial al aniversario y regala un ejemplar de la Constitución de la República, y un cuadernillo con firmas de prestigio. A mediodía, ni en un quiosco de la calle Princesa, ni en el VIPs de la plaza de los Cubos quedan ejemplares. Buen síntoma. Encuentro uno en la plaza de España, en el quiosco que descansa en los bajos del siniestro Edificio España, en la plaza del mismo nombre.

Ochenta años después, la monarquía de los Borbones reina, pero de un modo "decorativo", como dice la prensa extranjera, en España. Quizá esa sea una de las razones de que la oposición a esta Casa Real con vocación de florero no sea del todo agresiva, y que incluso exista simpatía por la institución. Hay algo de trasnochado en perseguir, hoy, una III República en España.


Puede que ochenta años después de aquello, querer recuperar un mismo espíritu sea una quimera más, digo. Pese a ser un proyecto abortado, por torpezas de unos y por la avaricia de poder, de un cierto tipo de poder, de otros, lo cierto es que querer intentarlo otra vez quizá no sea la mejor de las ideas. Sin embargo, no deberían olvidarse nunca aquellos los valores, demasiado progresistas para su tiempo, que emanó la II República. Otra España podría haber sido posible, si la otra España, la oscura, no lo hubiera impedido. 

Esa otra España que cercenó el desarrollo de la otra España, y que se materializó en un Fernando VII que puso coto al florecimiento de las libertades que trajeron las Cortes de Cádiz y la Pepa. Esa otra España que sumió al país en el caos durante un siglo XIX enfermo de guerras carlistas y que, cuando empezaba a despegar, en un período que se conoce como la Edad de Plata (1898-1936) encontró el aldabonazo de los espíritus más toscos.

Hoy en día no tiene sentido enrocarse en recuperar un tren que, por desgracia, se perdió en su forma original, y que habría colocado, no tengo ninguna duda, a España al nivel actual de Francia o Alemania. Sin embargo, sí podemos luchar hoy otra esa otra España, con la que tenemos que convivir. Esa otra España que se encarna hoy en las intereconomías, las gacetas, los gatos al agua, los federicos y los aznares. Esa otra España que aún pretende imponer su tosquedad de espíritu a otra España, mucho menos cerril y tolerante, que ni siquiera cabría en la etiqueta reductora de una eventual III República, y que aún está por hacer. 

Como esos numerarios del Opus Dei que se hacen llamar "soldados de Dios", los españoles del siglo XXI deberíamos formar parte de una clandestina misión pedagógica, dispuesta a lograr que la otra España se debilite, conceptualmente, cada día. Y, ¿qué hacer, por dónde empezar? Que cada uno se lo pregunte y obre según su conciencia. Ese sería un primer paso ilusionante.

14 de abril (de 1931)

Madrid, once y media de la mañana

Salgo de la estación, encuentro una habitación en un hotal de la plaza Santa Ana y enseguida me pongo en marcha. Compro los períódicos y entro en el café Riego (antes Fornos) para leerlos. El café está vacío. Me sorprende la postura de los periódicos, sobre todo la de los más ligados al movimiento republicano. Su punto de vista es que los resultados electorales del 12 de abril son muy importantes, pero que sería prematuro empezar a hablar de triunfo completo. (...).
En esas, entra en el café mi viejo amigo C..., redactor político de uno de los periódicos más conocidos y leídos de Madrid. 
—¿Qué hay? —le digo con la pregunta madrileña habitual.
—Acabo de hablar con don Fernando de los Ríos —me contesta. Está radiante. Dice que la República va a implantarse en España de manera indefectible antes de dos años. 
—¿Es profeta, don Fernando?
—En este país, todo el mundo lo es.

Tres y media de la tarde

A esta hora, los pocos transeúntes que pasean por el cruce formado por la Castellana y la calle de Alcalá observan con asombro cómo una bandera sube lentamente por el mástil del Palacio de Comunicaciones. Al otro lado de la Castellana está el Banco de España, y en el otro ángulo de Alcalá, los jardines del palacio Godoy, sede del ministerio de Guerra. 
La bandera que sube por el mástil es la bandera republicana. La noticia corre como una exhalación y una riada de gente sale de los cafés y los establecimientos colindantes para ver la bandera. (...)

En el cruce hay mucha gente. El volumen aumenta a cada instante. Nadie sabe qué hacer. ¿Dónde estamos? Hasta las cuatro de la tarde, la gente permanece perpleja y flotando. En esas, como un reguero de pólvora en el hormiguero humano, circula la noticia de que la bandera de Correos representa lo que pretende simbolizar —a saber, que el poder ha caído en manos del Gobierno provisional—. De la perplejidad inicial se pasa rápidamente al entusiasmo. Ha bastado un segundo. Una vez constatado el hecho, veo el enorme gentío que tiene tendencia a subir por la calle de Alcalá, hacia la Puerta del Sol. La cosa está consumada.



Día 15

Por la ventana abierta, he visto a la gente confraternizando en la plaza de Santa Ana. Las escenas humanitarias han sido de una vivacidad enternecedora, cualquiera puede verse abrazado —y a veces besuqueado— de forma espontánea por un sinfín de personas enardecidas, que nadie sabe de dónde han salido. El pueblo ha vivido, en resumen, el encantamiento y la ilusión que sugiere en estos momentos la palabra república. 

- -

Madrid. El advenimiento de la República. Josep Pla, 1933

13.4.11

Falacias de sobremesa

Hace tiempo que quería escribir este post, cuya forma definitiva di ayer sobre las cuatro de la tarde, mientras gozaba de una reconstituyente siesta. "Tu cama las duras peñas, tu dormir siempre velar", se cantaba a don Quijote. No tanto, pero sí que dormí con el generador de posts medio encendido, algo cansado de comprobar la sostenida manipulación científica en la que caen los documentales de La2. 

Estas conclusiones han cobrado más fuerza desde que me puse al día en cuestiones de darwinismo y selección natural, gracias al libro Evolución para todos, que alguna vez he citado por aquí. Aquel libro fijó en mí unos conceptos que, a fuerza de ver, aunque sea dormido, una cantidad de documentales de animales plagados de falacias, habían tomado la dirección equivocada. Ayer hablaban, creo recordar, de un tipo de carpa, la carpa tiburón, que "ha desarrollado un tipo de aleta" que la hace invisible a ciertos depredadores del medio acuático. Algo así. Y del pez volador "que ha desarrollado un sistema que le permite desplazarse por el aire a gran velocidad durante más de cien metros". En puridad, la expresión "ha desarrollado" puede que no sea inexacta, porque es cierto que esos bichejos han desarrollado, les guste o no, esos sistemas más depurados que les han permitido, sobrevivir.

De puta casualidad. 

Porque todo en la evolución es una jodida casualidad, pero en este tipo de documentales parece que esa idea no vende, y se cubre todo de una salsa épica en la que el insecto palo es el ser más inteligente de la Creación y la salamandra etíope el reptil más sagaz del reino animal.
Ya con un ojo medioabierto me quedé con una frase, dicha a modo de conclusión del programa, que decía algo así como "y este es el resultado de 35 millones de años de evolución". Lo afirmaba con cierto punto cientifista, poniendo el acento en lo milagroso que pueden resultar los hechos en sí, ver cómo un pez es capaz de desarrollar, mutaciones mediante y no por un proceso de, digamos, voluntad perfeccionista evolutiva, una especie de alas que le permite zampar insectos, o lo que sea. Puede que el guionista lavara así su conciencia ante todo un programa que planteaba la idea contraria, la que hace pensar que el propio ser vivo va buscando el modo más eficaz de salvar su pellejo. Y esto no es así, nos dijo Darwin, y nadie ha rebatido todavía a Darwin.

Es más romántica la idea creacionista de que la yedra trepadora va en busca del sol, como el árbol que avanza hacia la verticalidad, cual catedral gótica, en pos de la luz, y la jirafa que parece presumir de un cuello que le permite llegar a las copas más altas, o el pájaro carpintero que, fijaos qué listo, ha inventado el mejor sistema para garantizarse su ración diaria de hormigas, martilleando la corteza de los chopos. 

Todo es más prosaico que eso, pero los documentales, Disney, Hollywood, nos venden otra idea, haciéndonos un poco más tontos, si cabe.

12.4.11

Gagarin

Sabía quién era Gagarin, Yuri, pero bien, vale, para acertar una pregunta de Trivial, y sin poner la mano en el fuego. La ignorancia, como dije una vez, es un mal crónico contra el que podemos medicarnos cada día. Una ración de lectura cada cuatro horas, tres veces al día, es un buen tratamiento para ir empezando. Contribuiré al conocimiento general básico con unas fotografías que he considerado interesantes, que pueden encontrar en este enlace, cincuenta años después de que se convirtiera en el primer hombre de la historia en surcar el espacio.

 Gagarin pop

 Victoria comunista, que se festejó en Cuba el día de la fiesta del 26 de Julio, el mismo 1961

 Gagarin padre


Rusia hoy, cincuenta años después de que Gagarin, el Colón ruso, viera la Tierra, 
por primera vez en la historia, sin estar subido en ella.

7.4.11

Extraños rincones

El otro día me pasé por la pequeña exposición sobre la obra del arquitecto navarro Patxi Mangado, cuyas maquetas se muestran en una salita del CBA. Hay un vídeo muy chulo, con comentarios de Rafael Moneo y otros, todos muy amables con el arquitecto, sinceros. Parece un tipo muy humano, este Mangado, aparte de un profesional con obras de gran envergadura, por todo el mundo. 

Fui un sábado por la tarde, amenazaba lluvia, un sábado de la primera primavera, que nos descoloca un poco a todos. Quizá la primavera, este inicio de primavera, sea la estación más arrealista de todas, puede ser. El caso es que me entretuve fijándome en los vericuetos de las maquetas. Esas reproducciones a 1 : 100 (la vida es una obra de arte a 1:1), que parecen esconder algo. Como los muñecos cuando se apagan las luces, y no nos creemos que estén realmente quietos. Alguien me metió la trola, de niños, que en efecto los juguetes tenía su propia vidilla por la noche, Toy Story, y me lo creí un tiempo.

De los juguetes, me gustaban los pequeños espacios interiores. No sé por qué. Como si fueran reductos en los que una vida mejor era posible, síndrome de Peter Pan elevado al cubo. Recuerdo el espacio atractivo del camarote del barco pirata de los clicks, que tenía una mesa pegada a la pared, con dos asientillos grisáceos. Y moneditas de oro desparramadas. También había otro espacio curioso, la bodega, en la quilla del barco, a la que se accedía a través de una trampilla de rejas de plástico. Ahí solía haber muchas de esas bolitas de cañon que más de un niño se habrá tragado, porque parecían de chocolate. 

Tenía un tren, no un tren de los de maquetas, sino uno más grande. Había un compartimento y también me gustaba fisgar allí dentro, como movido por un deseo de penetrar en esos extraños rincones de los juguetes, y quedarme allí, de por vida. Como si intuyera que ese mundo era felizmente estático, un universo en el que las cosas buenas, como la infancia, no tenían fecha de caducidad.

Eso pensé, viendo las maquetas del Baluarte de Pamplona, de Francisco Mangado, arquitecto.


3.4.11

El destino de los mensajes

Cuando envías un mensaje, un sms, sabes cuál es el destinatario, pero nunca el destino. Sabes que tal persona lo leerá, antes o después, pero no hay certeza sobre el derrotero de esas letras volanderas y pixeladas. A menudo, he imaginado ese sms que tarda en ser respondido como un sobrecito triste en el fondo de un bolso femenino, parpadeando en silencio entre kleenex manoseados, vaselina para los labios, carteras varias y demás objetos imprescindibles que llevan las mujeres consigo.

No sabes cómo ni dónde va caer ese mensaje y si puede tener consecuencias que uno no puede predecir, y de las que no tiene alguna, a no ser que se haga a malas. Recuerdo haber recibido uno cuando me encontraba con una exnovia (novia en ese momento) en el momento concreto de la culminación de la manifestación de nuestro amor, digamos. No interrumpimos aquel acto de corte íntimo, pero luego hube de leer el mensaje que, en efecto, era de quien menos procedía. Una compañera de trabajo de la que mi entonces novia sentia no pocos celos. Jodióse la noche, claro. Quiero pensar que aquella emisora no lo hizo a malas, aunque a saber. 

Mandamos un mensaje y, en la respuesta, elaborada o sucinta, del destinatario, podemos sacar interpretaciones, seguramente equivocadas. Pero queda ese regusto amargo de haber interrumpido, por ejemplo, un acto tan íntimo como el que describo en el segundo párrafo, y ser esta vez tú el inoportuno, aunque tu última intención fuera, por supuesto, interrumpir nada.
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