31.3.11

Cinco artistas españoles candentes

Sabemos de escritores, cineastas y músicos, pero no tanto de artistas, de aquellos que cortan los bacalaos más o menos plástico a día de hoy. ¿Quiénes son los artistas contemporáneos que quizá expongan los museos de la próximas décadas? A veces, es necesario salir fuera para conocer ese tipo de datos. Y estos días The Guardian está realizando una cobertura especial sobre España, desde varios puntos de vista. Uno de ellos, el cultural, con artículos como este, que añade un interesante despiece con cinco nombres de los artistas más candentes del momento. Son estos:


Ignasi Aballí (Barcelona, 1958) is an heir to the spirit of conceptualism. Signature works include listings made up of newspaper cuttings and his explorations around colour.

Dora García (Valladolid, 1966) will represent Spain in the Venice Bienniale. Her work has a complex performative dimension originating in her interests in literature and the conflict between reality and fiction

Lara Almarcegui (Zaragoza, 1972, pictured) investigates the relation between nature and urban landscape. She recently weighed and recorded the open spaces of different cities.

 Lara Almarcegui, que trabaja sobre la memoria de los lugares vacíos

David Bestué (Barcelona, 1980) and Marc Vives (Barcelona, 1978) are a good example of how the young generations look at the art of the 60s and 70s from an ironic perspective. Their sardonic approach has strong echoes of Dada.

Paloma Polo (Madrid, 1983) has a profound interest in the cinematic. Her latest work evolves around the subject of light as a metaphor for the emergence of knowledge in the modern era.

29.3.11

La estación de los amores

Era una de sus canciones favoritas. La escuchaba en la versión original, en italiano, pero la descubrió, de niño, en castellano. 'La estación de los amores', de Franco Battiato. Cuando canta "los horizontes perdidos no regresan jamás", creía, de pequeño, que decía "rinocerontes perdidos no regresan jamás". Pese a ser un fan acérrimo del cantante siciliano, siempre reconoció que su imagen era más poética, con esos animales perdidos, sin saber muy bien por qué se han perdido, ni a dónde van. Un poco como con el amor.

Le gustaba escuchar esa canción, pero también le dejaba un poso de amargura. Pensaba en esos horizontes/rinocerontes perdidos, que no regresan, pero para los que se abren otras puertas. No podía saberlo; llevaba más de dos décadas con su primer amor, que con el tiempo sería la primera novia, la primera chica a la que desvirgó, su primera mujer. La primera y la única.

"Y los lamentos de la soledad aún se prolongan". Otra frase de Battiato, esta vez en 'Nómadas', que le conmovía, pero de un modo también teórico. Nunca había sentido esa soledad lacerante, pero también poética, estimulante a ratos, levemente abisal, de quien sólo se tiene a sí mismo. 

Su vida era plácida, pero un jodido seis pelao sobre diez. Escuchaba música, leía libros y veía películas como un maldito espectador, incluso un espectador de espectadores, porque la vida cantada, escrita y filmada apenas iba con él. Le costaba empatizar, porque su existencia había sido plana como una etapa intermedia de la Vuelta a España, en la provincia de Ciudad Real.

¡Dejaré a mi mujer!, se dijo. Pero la vio distraída, mientras escurría los espaguetis y se apartaba el vaho de la cara, y pensó que la quería demasiado. Al día siguiente, la Vuelta llegaba a los Pirineos.


25.3.11

El futuro del pasado (en las películas)


Nuestra visión del pasado y, por tanto, del presente, ha tenido una gran influencia del cine y la fotografía. Que todo el pasado haya llegado, durante generaciones, en formato blanco y negro no creo que sea un detalle menor. Un detalle deformador de esa realidad pasada, que muchos vieron (yo mismo, de niño) como un tiempo en sepia en el que las cosas funcionaban a otro ritmo, un periodo congelado e impregnado de nostalgia por doquier. Nada más lejos de la realidad. 

Llevo pensando bastante tiempo en este post. Y pensaré más. El pasado me intriga, hay algo de inasible en él, es una pequeña conquista que puede llevar toda la vida, la de ver el pasado tal cual fue (o aproximarse lo más que se pueda a esa idea). Últimamente, veo en el cine interesantes acercamientos a ese noble fin, y podría señalar tres peliculas que creo que hacen un ejercicio interesante en ese sentido. Lo hacen porque parten de la premisa de que el pasado, mientras se vivía, no se percibía como tal. Se percibía como un presente en el que tenía importancia un aspecto que creo que ha sido una constante en todos los tiempos: el deseo de modernidad. De avanzar, de renovarse, de ser menos antiguo que lo de ayer. 


No veamos las catedráles góticas como una antigualla pétrea, sino como la renovación moderna y aligeradora del románico más chato. Incluso la Iglesia se renueva.

Las películas: 

-Maria Antonieta (Sofia Coppola, 2006)
-La última estación (Michael Hoffman, 2009)
-El discurso del rey (Tom Hopper, 2010)

En la primera, la banda sonora con grupos del siglo XXI contribuye a acrecentar la sensación de que, en efecto, el pasado también fue presente, y se vivía con vistas al futuro. En la segunda, vemos los inicios del XX como un periodo de cambio, con la fragua del socialismo y el inicio de la comunicación de masas. Periodistas que se agolpan en la residencia de Tolstoi e incluso las primeras filmaciones reporteriles. Los tiempos están cambiando.


Y la tercera, El discurso del rey, excepcionalmente ambientada, quizá sea la que más acentúe este aspecto. La casa del logopeda tiene algo más de años 70, con el tapizado de las paredes, que de años 30. En la estética del personaje que encarna Geoffrey Rush se da esa querencia por superar el ayer. La asunción del poder de la radio, terrorífico invento para algunos por su capacidad para transmitir mensajes en masa, un invento algo añejo ya, pero que en su día fue el culmen de la modernidad y que contribuyó no poco a forjar el mundo que habitamos hoy. Ayudó mucho al encumbramiento de Hitler (dice mi tío Julius que el III Reich no prosperó porque partía con un actitud antigua, palpable en los uniformes, las botas, de los oficiales nazis. Esa actitud retrovisora hizo, en su opinión, que finalmente el nazismo se agotara).

Tres películas que se rodaron, no sé si conscientemente o no, con un claro compromiso con la importancia de la microhistoria que defiende el profesor (en breve catedrático) Justo Serna como herramienta para desentrañar la Historia, y el misterio de por qué los hombres hacen unas cosas y no otras. Las buenas películas y las buenas novelas están son el testimonio de ese asombro.


22.3.11

Memorable

Recuerdo a aquel pariente, porque lo recuerdo bien, como un tipo que siempre rehuyó cualquier foco protagonista, que no alzaba jamás la voz, dueño de unas opiniones tan moderadas que rara vez eran tenidas en cuenta, eclipsadas por otras más radicales o polémicas. En su actitud no había nada de exótico, nada que hiciera pensar en él, porque sus hábitos eran de una normalidad como de manual, tanto que siempre era el familiar al que nadie quería regalar en el 'amigo invisible' navideño.

A su muerte, sobrevino un vacío enorme. Y resultó que siempre había una mención para él, una evocación, una anécdota, no era el ser tan normal que todos presumíamos. Durante décadas, cosechó una discreción tal, que dieciocho lustros después aún se le recuerda.

17.3.11

Servilleta

Escrito, literalmente, en servilleta (Cacao Sampaka):

“Quizá la clave de todo pase por colocarse en la vía de una lenta evolución. Evolucionar, sí, pero muy lentamente. Apreciando cada avance, por milimétrico que sea. Todos los días, un triunfo. Una vida de triunfos, pequeños triunfos que forman un gran triunfo. Triunfos personales, a la medida de cada uno, en nuestro particular camino de perfección, que no entiende de currículos ni de ingresos. Triunfos que se celebran en soledad, secretamente, o no son tales triunfos. Triunfos que nos hacen querer y entender más a los demás; microscópicos éxitos que convierten en ininteligibles los conceptos de envidia u odio”.

16.3.11

Saber beber

Quizá Manuel Torreiglesias (que acabó en Intereconomía tras su fulminante salida por la puerta trasera de TVE, por presuntas corruptelas con cobros por publicidad) podría presentar este nuevo programa de la tele, enfocado a reconducir los hábitos bebedores de la sociedad española. De Saber vivir a Saber beber.

Viendo un capítulo de Mad Men, el cuarto de la primera temporada, creo, asisto a un diálogo interesante entre Don Draper y otro personaje, un tipo canoso y enjuto cuyo nombre desconozco. Hablan, copa en mano, de beber. El veterano le recrimina al galán Draper que, al igual que el resto de gente de su generación, no sabe beber. "Bebéis para aliviar unas heridas que creéis tener, pero que no tenéis", le echa en cara. "No sabes...", le responde Draper, un poco a la defensiva. Y el personaje canoso pronuncia un breve discurso sobre el buen beber:"Yo no necesito beber. Bebo cuando quiero, bebo cuando noto que me lo he ganado, bebo cuando me lo merezco, bebo porque soy un hombre".

Leyendo (el muy recomendable) libro de Sergi Pàmies, La bicicleta estática, me encuentro con un comentario sobre cierta forma de beber, en los cafés grises de la Francia de los emigrantes españoles. "Cuanto más triste es la historia, más crédito tiene el bebedor: es uno de los mandamientos de las tabernas", se lee. La melancolía, la de verdad, legitima al bebedor. Confiere al discutible acto de empinar el codo un innegable halo de dignidad. Beber para olvidar.

Suena a desfasado, pero no por ello es menos interesante, la reflexión del buen bebedor de Mad Men. Sobre todo en tiempos en los que el beber se ha llegado a convertir en una cosa más, un gesto que viene solo, una inercia que acaba por perder su entidad. Como con tantas otras cosas.Y entonces se bebe por beber, se toman cañas por tomas cañas, se viaja por viajar, se habla por hablar, se fuma por fumar, se folla por follar, se queda por quedar y se llega al punto de vivir por vivir. 

Siéntate un rato, copuz en mano, y pregúntate a ti mismo si, por ejemplo, mañana no irás a trabajar... por trabajar.

15.3.11

Bramidos cavernícolas y manipulación bisbaliana

Podría haber titulado este post Los bramidos de la chusma, pero habría caído en similar juego insultón del personal al que me quiero referir en este texto. Creo que la expresión es de Pérez-Reverte, de cuando aquella polémica por llamar "perfecto mierda" al ministro saliente Moratinos.

En este caso, el protagonista es, vuelve a ser, el cantante David Bisbal, con su mal uso de la red social Twitter. Tras el malogrado capítulo de las pirámides, a raíz de las revueltas en Egipto, ayer metió la pata al hablar de temas de su interés profesional cuando, por la etiqueta de #prayforjapan incluida en su mensaje, lo que tocaba era referirse a la tragedia de Japón.

Bisbal no será el ser más inteligente de Europa, pero no parece una persona retorcida, calculadora, taimada. Todo hace suponer que el hombre metió la gamba, sin querer, y no que premeditadamente aprovechara esa etiqueta o hashtag para hacer promoción de su próxima actuación. Y menos aún para comentar con Santiago Segura unos detalles sobre Torrente 4, en la que participa. Sin embargo, la circunstacia la aprovechó el diario Público, y aquí sí que hay una intención alevosa, para sacarse una noticia con tirón y, de paso, humillar aún más al bueno de Bisbal.

El titular...

Bisbal usa el terremoto de Japón para promocionar un bolo

...debería estudiarse en las facultades de Periodismo como ejemplo de manipulación informativa.

Dicho esto, cabe asombrarse, y asustarse también, con la jauría de bramidos cavernícolas, alentadas por el propio Público, en los comentarios que se podían leer en Facebook. Nos dan la medida del país en que vivimos, en las antípodas del devastado pero cívico Japón, y nos alertan de lo proclives al linchamiento público que son las redes sociales e internet.

Reproduzco aquí los más representativos (aunque son todos del mismo corte), con nombre y apellidos, entendiendo que quien los firma es consciente y responsable de sus actos.

César Augusto Martínez MArtínez Bisbal es imbecil.

Alberto Terradillos Lozano ultimamente no hace mas que mangarla el pseudoartista este...

Rosa Maria Esteban Ramos esta mejor con la boca cerrada

Coque Hussein Guðmundsdóttir-Mørgenstein Por si quedaba alguna duda... De verdad, Bisbal, no hace falta que te sigas esforzando, ya nos hemos dado cuenta de lo toooonto que eres. Siempre te superas, campeón!

Pablo Perez Tome ‎"Necio hasta que se muera, y asi todo un truño mundial"

Alex Bustos Hayssss... si este Bisbal, ademas de mal cantante (artista, que seria lo mismo).... es un pelotudo!!! va de guay y no lo es, creido, engreido y falso, eso si es!... a ver si eso lo pones en tu tuiter y empezamos a creerte lo que tuiteeeeeas!

Hernan Imken no hay duda de que Bisbal no era el más listo de la clase pero como él hay muchos, aquí y en twitter, así que por qué tanto revuelo por sus paletadas, si siempre ha sido un paleto desde que apareció en OT? la verdad es que todos los moralistas cutres se podrían ir a tomar por culo. al fin y al cabo estamos hablando de un medio de mensajitos descerebrados de gente que habla con Lady Gaga.

Luisa Davies Como siempre IGNORANTE!

La Catrina Qué hombre más lerdo

Regino Mateo Pardo Yo creo que con la anorexia neuronal que le canta, lo mejor que podría hacer es dejar de utilizar tecnologías tan sofisticadas e incomprensibles como twitter y pasarse al tam-tam,

Sergio Surio Ribelles Cuendo el cerebro no llega a mas no llega a mas, y la unica forma de llamar la atencion es esta....PATETICO....
 
Bichuin-laika Perez Rodriguez este niñato esta tan endiosado que se cree mas que nadie,es GILIPOLLAS

Bichuin-laika Perez Rodriguez TENDRIA UNA SOBREDOSIS DE NOCILLA EL GILIPOLLAS

Murron Cpc Este tío es tonto¡¡¡

12.3.11

Verano del 57, festival de Woolton

"El verano de 1957, Paul fue al festival en Woolton. Ese día tocaban los Quarrymen. Un amigo común, presentó John a Paul. Paul estaba impresionado de que John tuviera una banda. Y John, porque Paul sabía afinar guitarras. Una semana después, Paul se unió a los Quarrimen".

En estas seis sucintas frases se encuentra el origen de toda la música moderna, la génesis del grupo más relevante e influyente, por no decir el mejor, el más ambicioso, el más original, que ha dado el pop. El antes y el después de la música que hoy escuchamos. El narrador del documental las locuta sin cambiar su monocorde tono, aunque consciente de lo fundamental de ese encuentro en apariencia irrelevante, dos tipos que se conocen una tarde (a partir del minuto 8'36", en este documental).

Acojonante, como decía Culograsa en Cuenta conmigo.

Ahora, las cuestiones que me asaltan son: ¿Quién era aquel amigo común que les presentó? ¿Fue consciente alguna vez de la trascendencia de su hecho? ¿Qué tipo de atracción surgió entre Paul y John? ¿Descubrieron al instante, como dicen que hacen los gays con los otros gays, que eran de la misma genial pasta y que tenían que unir sus talentos? ¿Cómo fue el ingreso en los Quarrymen? ¿Lo propuso John o lo pidió Paul? ¿Qué hubiera pasado si Paul no hubiera acudido a aquel festival de Woolton, en el verano de 1957?

Esta última respuesta me la sé: los Beatles no habrían existido.

Pero, ¿podríamos pensar que alguna fuerza, llamémosla hache, impulsó a Paul a acudir a aquel evento, y a John a no resistirse al hechizo de Paul?

Eso o el azar más rampante, que no deja de ser fascinante, quizá más que la versión patafísica del hecho.

9.3.11

Librería La Independiente (Malasaña)

Malasaña es barrio fecundo en librerías. No son estas librerias que venden libros como quien vende cartuchos de impresoras. Hay un amor por el libro y una apuesta vocacional por ser librero y no otra cosa, un poco sin pensar en balances ni en tendencias, ni en que en Carrefour se compran, borreguilmente, el 90% de los libros. Tipos Infames, Tres Rosas Amarillas, Arrebato Libros, Eléctrico Ardor y la última en sumarse, La Independiente, desafían el concepto de gran superficie librera. 

Incluyo entrevista a Javier López Manzano, impulsor de La Independiente, que por razones de espacio, no pudo incluirse en un reportaje sobre la nueva configuración de las librerías, que cada vez ofrecen más servicios, de próxima aparición en los medios escritos de Vocento. 

Javier L. Manzano: "Perder el tiempo hoy en día es un lujo"

¿Hay algo de temerario en abrir una libreria en Malasaña? ¿Son demasiadas o, por el contrario, vuestra presencia puede contribuir a crear un circuito?

Yo creo que temerario resulta abrir una librería en cualquier sitio. Es un negocio con poco margen en un país que no se caracteriza precisamente por su desmedida afición a la lectura. Pero en nuestro caso, el riesgo está más o menos controlado. En cuanto a lo que preguntas del circuito sí que creo que es bueno para todos que Malasaña comience a aparecer como algo más que un barrio en el que tomar cañas o salir de copas por la noche. Si la gente empieza a pensar en el barrio como un lugar lleno de tiendas diferentes, negocios especiales y librerías pequeñas todos saldremos beneficiados.

Habéis planteado la opción de vender algo más que libros, como consumiciones
alcohólicas, café...
Bueno, servimos café y té para todos aquellos que quieran tomarse un rato para consultar un libro con tranquilidad pero La independiente no es una cafetería, es una librería que pretende que la gente pueda perder el tiempo eligiendo. Perder el tiempo hoy en día es un lujo. Y comprando libros, ni te digo. Casi todo el mundo que frecuenta las librerías va con la idea de adquirir un ejemplar en concreto y de no pasar demasiado tiempo en ellas. En La independiente apostamos por lo contrario.

¿Cuál es vuestra apuesta como librería, ofrecéis un catálogo que cuenta con algún tipo de filtro especial?
Nuestra apuesta es la narrativa de editoriales independientes aunque también tenemos una selección de novela gráfica y de literatura infantil. Pretendemos poner al alcance de la gente libros que son difíciles de
encontrar en las grandes superficies como la FNAC o la Casa del libro. Impedimanta, Nórdica, Papel de liar, Libros del Asteroide son el tipo de editorial que trabajaremos. Aparte de poner cariño especial en las
editoriales pequeñas del sur, como El cangrejo pistolero o Ultramarina Cartonera, que tienen problemas de distribución en la capital (soy de Córdoba y la tierra tira, aunque haga 16 años que me fui).


Interior de la librería, La Independiente, en c/ Espíritu Santo, 27 (Madrid)


¿Crees que una librería independiente, como vuestro nombre indica, puede luchar contra gigantes como FNAC o CAsa del Libro sin morir en el intento?
Creo que tendremos un espacio. Cerca de La independiente hay una tienda de discos de jazz (de vinilo) y ya han venido varios clientes desde allí. El caso es que creo que el futuro de las librerías como la nuestra es ese, pequeños reductos especializados para un público muy determinado. Probablemente, en cualquier otro lugar que no fuera Malasaña una apuesta de este tipo sería muy complicada.

¿Programaréis actividades culturales o sólo os centraréis en la actividad
librera?
Las actividades culturales son el otro pilar sobre el que se asentará La independiente. Tenemos programados varios talleres de escritura: uno de relato corto con Lara Moreno, escritora publicada y amiga, que se impartirá los martes sobre las 19:30, otro de literatura infantil con María Bautista y Raquel Blázquez, autoras de literatura infantil, los jueves a las 19:30, y uno intensivo de guión de cortometraje, que dará Martín Román, cineasta y amigo con bastantes premios concecidos a su largo y dos cortos, toda la tarde de los sábados (de 17:00 a 21:00) desde el 19 de febrero al 19 de marzo. También organizamos los Pequesábados, actividades para los más pequeños del barrio, los sábados de 12:00 a 13:00 con cuentacuentos y actividades lúdicas
y tenemos un taller en el horno que enseñará a realizar cuadernos de viaje, y que creemos que gustará bastante a la gente. Además apostamos por ceder el espacio de La independiente para presentaciones de editoriales pequeñas. Creemos que existe otra manera de entender la literatura, más subterránea tal vez pero también más cercana y satisfactoria para nosotros. Las editoriales independientes están haciendo una labor encomiable y queremos que sepan que pueden contar con nosotros.

Vuestro horario es de 17h a 21h. ¿Asumís el negocio como un complemento a otras actividades profesionales?
Sí, por ahora solo estoy yo, Javier López Manzano, al frente de la librería y tengo otro trabajo que no pienso dejar de momento (el riesgo controlado del que te hablaba antes). Me gustaría poder desdoblarme pero abrir por la tarde y todo el fin de semana me da la impresión de que es bastante razonable en un barrio tan vespertino como Malasaña. De hecho, estoy pensando en cambiar el horario y abrir de 18:00 a 22:00. Creo que no he vendido ni un solo libro antes de las 19:00 :-)

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Librería La Independiente, calle Espíritu Santo, 27, Malasaña, Madrid. 

Abierta de lunes a viernes de 17 a 21h. Sábados, por la mañana.


El pasado no es lo que era

No encuentro una cita que he leído no sé dónde hace poco y lo más aproximado que me ofrece Google es esto, que creo que puede valer:
El pasado no existe por definición. No está disponible para que accedamos diréctamente a él. Sólo podemos conceptualizarlo, representarlo en imágenes y tratar de documentar qué es lo que nos hace sentir. Evita Perón no es una realidad: por eso todo lo que se pueda decir sobre ella no es más que una figuración, aunque no necesariamente sea una mentira.

La reflexión (de Hayden White) es interesante, pero no recoge el matiz que busco. El matiz que busco tiene que ver con cómo el pasado varía en función de los acontecimientos posteriores. En cómo el instante que ocupa unas quinientas páginas en la disección anatómico-temporal de Cercas en su libro sobre el 23F hubiera variado mucho de haber prosperado el golpe de Estado. O cómo analizamos la historia de Alemania sin quitarnos de nuestras mentes ese final digamos que feliz de la reunificación nacional previa caída del Muro de Berlín. O cómo vemos el franquismo, hoy, cuando leemos los poemas ásperos de Ángel González, o los libros de Almudena Grandes, o películas como 'Pa Negre', sabiendo el final de la historia: que Franco palmó y con él su dictadura.
Hoy nos acercamos a la historia de los Beatles sabiendo que Lennon murió en diciembre de 1980. Leí hace poco un libro sobre el grupo inglés, escrito por Joaquín Luqui, publicado en los años setenta. Los Beatles de los años setenta no eran los mismos que los Beatles de los ochenta o noventa. Y eso que su trabajo había terminado una vez que editaron su último disco, 'Let it be'.

O cómo recordamos la rosa que se regaló un día, como gesto de amor, sin saber que semanas después sería una rosa muerta.

8.3.11

Internet sí que puede salvar la literatura

"Internet es la salvación del cine", dijo Álex de la Iglesia un 13 de febrero de 2011, en la gala de los Goya. Esta sentencia será revisada en las próximas décadas, para ver su grado de patinaje gurusístico o de acierto, más o menos casual. A día de hoy, a mí me parece una opinión más, valiente, eso sí, pero por la que es complicado poner la mano en el fuego.

El problema del cine y de la música pasa por que sus reproducciones son muy parecidas al producto original. Aunque puede ser más o menos coñazo bajarse una peli o verla on-line, por las pausas o la mala calidad, una copia del filme viene a ser lo mismo que, al menos, el DVD. Yo mismo tengo un disco duro con 300, que me cedió generosamente Bro y no veo razón para comprarme 300 deuvedés con los mismos títulos. En la música, parecido. Uno escucha las canciones, que llegan al oido, y normalmente da igual que estas vengan de eMule que de iTunes, grosso modo. Pero pasa en la música, y en la industria musical, que existe algo llamado 'conciertos en vivo', que genera ingresos. En el cine, esos 'conciertos en vivo' no son comparables a la experiencia de una proyección en una sala. Ver una película en el portátil o en un reproductor sobre la pared de tu casa puede ser incluso más cómodo (y barato) que salir fuera.

Con los libros, la cosa es bien distinta, porque existe todo un oficio que se llama edición, y que se pierde por completo en la cosa digital. Se ganan otras aplicaciones, recursos que pueden enriquecer la lectura, diccionarios, enlaces, pero se pierden otros aspectos, los físicos, del libro. Por mucho que insistan algunos, las cosas digitales seguirán siendo virtuales, por muy sofisticadas que sean y, si no, pensemos en el sexo. No hace falta un estudio empírico para demostrar que el número de coitos no ha sido inversamente proporcional al número de webs pornográficas o de  nuevos servicios de cibersexo que han ido surgiendo en la Red en los últimos años. ¿Internet, la salvación del sexo? No lo creo.

Sin embargo, sí creo que internet puede ser, si no la salvación de la literatura, un interesante complemento que haga que muchos potenciales lectores se interesen por los relatos escritos. Y así como internet actuó como catapulta promocional, a través de páginas como MySpace, para grupos incipientes que lograron hacerse un hueco y conectar con el público, que luego iba a sus conciertos, algo parecido puede ocurrir con la literatura. Plataformas como Bubok o iniciativas muy plausibles como la de Lorenzo Silva, de ofrecer sus títulos en Libranda por unos cuatro euros cada uno de los veinte ejemplares de su obra, pueden dar a las a la literatura. E incentivar por tanto el negocio en papel, que seguirá siendo el de referencia y el de prestigio (no creo en lo de "proceso inapelable" de desbancamiento del e-book al soporte papel, que predice Juan Varela) y aumentar la tasa lectora en un país con índices muy mejorables. El propio Lorenzo Silva recuerda que este año ha vendido más ejemplares de sus novelas, en soporte papel, que el anterior.

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PS: Tampoco se han vaciado los museos, ni las casas de subastas, ni las ferias de arte, porque Taschen publique las colecciones completas de Tiziano o Sorolla, ni porque en internet se puedan contemplar, o mejor dicho ver, la mayor parte de cuadros del mundo.

3.3.11

Yo...

Años ha, entrevistó a una célebre escritora chipriota, autora de Mis pitilleras, un atrevido canto al arte del fumar, en tiempos en que este hábito comenzaba a estar proscrito socialmente. En un acto de cierta osadía, se atrevió a sugerirle que abandonara ese vicio, tan placentero como tóxico. "Dejar de fumar tabaco, para fumarse la vida", le dijo, con un punto de orgullo por esta cita que, buscada en Google, parecía no tener autor.

Salió de la entrevista, como siempre que hacía una, con la satisfacción de haber apresado ciertas enseñanzas, de haber conocido a un nuevo portavoz de tal enseñanza, quizá susceptible de aparecer, ya sea como personaje o como heraldo de una verdad, en su gran novela europea.

Todo giraba en torno a esa gran obra, que ocuparía un lugar más que destacado en la historia de la literatura, en un tiempo en que la comunidad lectora se debatía entre los textos de 140 caracteres y los libros más voluminosos del mercado. Pasaba el tiempo, y nuestro hombre iba acumulando experiencias, vivencias, impresiones, retazos de esto y lo otro, frases ingeniosas, reflexiones sorprendentes. Era un proyecto de Proust con una salud de hierro y un rostro menos legañoso.

Lo tenía todo para escribir la nueva gran comedia humana, el próximo gran teatro del mundo. A su lado palidecerían esos Pynchon o Franzen, veleidosos y descarados aspirantes a algo parecido a un Tolstoi a la americana, con patéticos intentos de cosechor el aura de misterio de JD Salinger, sobre todo en el caso del primero. No era raro que sonriera al espejo paladeando la gloria que, sin duda, le aguardaba a la vuelta de la esquina. Sólo era cosa de ponerse ante el ordenador, un día cualquiera.

Pero el día cualquiera se iba postergando al día de mañana, y el día de mañana era siempre el día de mañana, como esa fabulosa fábula de Julio Llamazares, titulada, precisamente, El día de mañana.

Harto de esperar al día de mañana y de excusarse en que lo de escribir era una carrera de fondo, nuestro hombre se sentó, una tarde fría de marzo, ante el ordenador. Y como en un final llamazaresiano, escribió

Yo...

y cayó muerto a consecuencia de un fulminante y viscoso derrame cerebral.

2.3.11

El bonsai presocrático

El año 4069 fue recordado en las coronicas (crónica viene de corona) de la época como 'El año de la matanza de los gurús'. No quedó ninguno, fue fulminante. Su desaparición, además, fue producto de una eficaz sinergia entre los distintos gobiernos del mundo y la masa social, enfervorecida por la cantidad de dislates por hora que ese gremio de presuntos sabios iba soltando. Se pactó una quedada en Twitter, que todavía existía, y se derramó sangre por un tubo.

Meses después, una humilde casa editorial, que venía editando con constancia inéditos de Baroja, de un tal Teodulf Baroja Álvarez, se lanzó a una empresa singular, que hoy, año 5423, fría tarde de marzo (cuando marzo marcea....), se recuerda con grandes y no menos generosos titulares digitales. Fue el año en que ese humilde sello, Raggioni Ediciones, decidió, ante el estupor y los temblores de los hijos de los gurús, y de los aspirantes a gurús, imposibles de erradicar estos, una edición, equilibrada, ponderada, elegante, nada pretenciosa, de 'El bonsai presocrático', la obra más celebrada de Teodulf, de la que se cumplían dos mil años de su publicación.

Árboles había a mansalva, porque los guruses, a fuerza de machacones, habían conseguido que nadie leyera en soporte papel, y este se acumulaba en las abandonadas fábricas papeleras. Aquello fue recibido con un punto de temor, como si de una provocación se tratare, pero pronto empezó a generar un cierto vicio entre las gentes, a lo de tener entre las manos un objeto tan prodigioso me refiero. ¿Cómo podían haberse privado de él durante tantos siglos?

El editor de la pequeña casa de libros se hizo de oro en menos que canta un gallo, y los libros volvieron a poblar las estanterías, regresó la dicha a los hogares y nadie se acordó de aquellos pronosticadores de lo imposible, asesinados quizá con justa saña. Poco después, trasladó su feliz idea a los periódicos y se cubrió de gloria. El personal estaba hasta los webs de tanta pantallita, de tanto botoncito, de tanta paratecnología. Querían leer, ¡coño!

Hoy, es un héroe interplanetario, y desde aquí lo recordamos.

1.3.11

Cuando Madrid hizo pop

Entrevisté el otro día a Juan Cueto (Oviedo, 1942), charla que saldrá pronto publicada en los medios de Vocento. Lo hice a propósito de un libro que le devuelve a la actualidad editorial tras casi dos décadas sin publicar, y que es un compendio de sus artículos: Cuando Madrid hizo pop.

Me sumergí en el libro, que recomiendo desde aquí a todos los lectores e incluso a los no lectores de este blog, porque tiene algo de ensayismo pop pero que no cae en la vacuidad. Estas reflexiones teóricas se pueden leer en el metro y tienen una dimensión justa para no caer en el tedio o en la confusión.

Pero quien no quiera llegar a tanto, que lea el menos el título y que se quede con él. Cuando Madrid hizo pop. No sé hay un guiño a ese anuncio de Pringles, que podría ser, guiño warholiano al consumo de masas, pero lo cierto es que es un título que encierra toda una tesis. Bastan cuatro palabras para entender toda una época, quizá todo un siglo. O al menos, la época de los que hemos nacido a finales de los setenta y principios de los ochenta. La Generación X, de Espinete, de Naranjito, de la Nocilla bicolor, o como queráis llamar. Una My Generation que creció como que de espaldas al mundo que ese ser no-inteligente que es Salvador Sostres denostó, con su no-elegancia habitual, cuando murió Miguel Delibes. 



Los de la generación de los Airgam Boys nacimos ya en la época pop, aquella en la que, según Cueto, España entró "tarde y mal". Mientras Francia, Reino Unido o los Estados Unidos nos llevaban décadas de ventaja estética, cultural, en Madrid apenas unos miles de atrevidos se acercaban a Las Ventas a ver el concierto de los Beatles, año 1965, mientras en Pamplona retiraban de la cartelera su película 'A Hard Day's Night', censurada por aquello de que eran más famosos que Jesucristo. (Hubo una mani y todo para que la volvieron a proyectar, olé por aquellos valientes que salieron a la calle a protestar.)
Los Beatles llenaban el Shea Stadium en EEUU mientras que en ciudades como Pamplona si había música era las de las marchas procesionales de Semana Santa. Pero nosotros no vimos nada de eso, o lo vimos de refilón, como cosa folclórica, que es distinto a cultural. 

Por eso hay algo de naíf y de ligero en esta generación popera nuestra, que quizá la crisis y las dificultades de una realidad laboral no tan poppy están tiñendo de un inesperado amargor pongamos que existencialista. ¿Veremos a gafapastas con jerseys de cuello vuelto?

Dice Cueto mucho en ese título, aunque nos suene a ya conocido. Como la frase de que "Franco murió en la cama". Ciertas verdades más o menos conocidas por todos, pero que no está de más replantearse, repensar, rerreflexionar. Como que Madrid era "un pueblón manchego". ¿Y hoy? Quizá un pueblón manchego que escucha Radio3, si eso. Difícil saberlo. Pero no tanto constatar que, hasta la Movida famosa, aquí había otra España que, a base de consumismo en bruto y mucho fuego de artificio cultural, se ha conseguido tapar, hasta llegar a creer que antes no existía nada. Que el mundo era en blanco y negro.

Por suerte, internet nos va sacando por a poco de ciertos excesos pop, tontilocos, digamos, y el siglo XXI quizá sea algo más lúcido que las décadas precedentes.

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