31.1.11

Tarde en el Gayarre

Hubo que hacer una gran fila, o cola, lo gratis siempre vende, pero mereció la pena. Mereció la pena ver el excelente trabajo de Laura Laiglesia al frente del grupo de teatro Talo, que cumplía 30 años, y lo celebraba por todo lo alto en el Gayarre. Lo celebraba con teatro, claro, con una adaptación llevada a cabo por la propia directora, que trasladó a las tablas lo que venía del cine. Un funeral de muerte, se titula la cosa, y es divertida y cero casposa.

Bravo.

Aquí, algunas fotos hechas con el móvil.

(Esta última, espectador de espectadores, de Enrique Pimoulier.)

28.1.11

The Jayhawks

Me ha gustado ver cómo dos (¿quizá tres?) de los críticos musicales que han partipado en el especial de Babelia del pasado sábado incluían a The Jayhawks, con su disco Tomorrow the green grass, entre los más influyente e importantes, influrtantes, de los últimos veinte años.

Descubrí este disco gracias a Josu Bidaguren, amigo de selecto gusto musical (aunque sea fan de Los Planetas), y lo escuché cienes y cienes de veces durante el año 2005, y algunas más tiempo después.

Es uno de esos discos que tiene algo, además de calidad musical. Uno de esos discos condenados a quedar eclipsado por producciones menos talentosas pero con más márketing. Quiero creer que el tiempo pone a cada cual en su sitio, y la inclusión en Babelia de este álbum me reafirma en esa idea, a la que contribuyo con este pequeño granito de arena en forma de post.

25.1.11

El cerebro del mundo

Internet es el cerebro del mundo. Esta idea, seguramente nada original, me ha venido a la mente en la confluencia de las calles Manzana y San Bernardo, hacia las once de la mañana. Como no tenía un dispositivo digital a mano, no he podido plasmarla en este cerebro que vamos haciendo entre todos, este almacén de pensamiento, que es internet. Me ha metido acto seguido en El Paraíso del Jamón, donde he leído una exquisita ¿novela? (maldita palabra obsoleta y limitada) de Menchu Gutiérrez, titulada 'El faro por dentro'. 

He seguido pensando en internet como una prolongación de nuestro pensamiento, porque todo lo que colgamos, leemos, interactuamos en internet está en las pantallas, pero en ningún otro sitio. Hay algo de abstracto, como el pensamiento de nuestro cerebro, en internet. También es efímero, ¿quién va a leer un post de hace cuatro años?, como pasa con el pensamiento cerebral, abstracto.

Por eso, pienso, se inventaron los libros, las esculturas, las pinturas rupestres. Para sacar de nuestra cabezota todas esas ideas, más o menos bellas, conmovedoras, complejas, y ponerlas bajo un soporte externo, que ayudara a clarificar esos mejunjes: negro sobre blanco, se dice de la escritura. 

Cuando escribimos, nos liberamos. Cuando leemos, hay algo de ingesta, de meter pa' dentro cosas que están fuera. Pero internet está dentro, porque internet es una traslación de nuestro cerebro, algo demasiado parecido. Por eso nos gusta tanto, porque es un cerebro sobre el que podemos juguetear y, además, de un modo compartido. 

Pero lo que ocurre dentro de internet, como lo que ocurre dentro de nuestro cerebro, no es del todo real. No es una experiencia, en sentido estricta. ¿Quien recuerda pensamientos que pensó? Vale, se pueden recordar sueños, pero esa es otra película. Normalmente, recordamos experiencias, cosas vividas, no pensamientos que un dia pensamos, en una mesa de El Paraíso del Jamón.

Creo por tanto que el libro electrónico, en cuanto que no deja de ser un apéndice cerebral con botoncitos, no matará nunca al libro tradicional. El de papel creo que sigue aportando una experiencia al lector (recuerdo perfectamente situaciones en las que me veo leyendo un libro, pero no puedo decir lo mismo de lecturas digitales). Esto será así, a no ser que un día decidamos renunciar, con dos faroles, a la cordura.

--

PS: Este post no lo has leído, lo has pensado.

24.1.11

La ficción no lo es todo

El especial de Babelia era para guardar, pero el caso es que no lo encuentro. Por suerte, hoy todo queda, está internet, y puedo rescatar una de las veinte lecciones que Muñoz Molina ha aprendido en veinte años. Es la primera, y viene a restar puntos al poder de la ficción, entendida como artefacto literario más o menos inventada:

1 He aprendido que la ficción no tiene por qué ser la forma superior de la literatura narrativa. Quizás una novela sólo deba escribirse cuando no queda más remedio: cuando lo que hace falta decir sólo puede ser dicho inventando.

21.1.11

Tindaya, sí (y dos)


'The Guardian' publica una crónica de su corresponsal Giles Tremlett sobre el controvertido proyecto de Chillida, e incluye una infografía del asunto. Visto esta recreación virtual, me sigue sin parecer la aberración que algunos insisten que es. Claro que aún no he escuchado los argumentos ecologistas, ni conozco las subtramas políticas que mis fuentes canarias me apuntan. Llámenme cándido, antimedioambiental incluso, pero a mí este proyecto me gusta.

¿Qué sería de Petra, en Jordania, sin su Tesorería, excavada en la piedra, y considerada una de las Maravillas del Mundo? Acepto que la excavación en Jordania no se produjo en una montaña como puede ser la de Tindaya, pero no sé.
Me temo que hoy habría un clamor popular en contra de la construcción del Machu Picchu, sí.

Recreación del interior proyectado por Eduardo Chillida para Tindaya.

20.1.11

Ley antitabaco

8 de abril de 1890*

Pensé: no está bien llegar a un lugar, ponerse a fumar y envolver de humo a las gentes.

--


*Lev Tolstói, Diarios (1847-1894), Editorial Acantilado, Barcelona, 2002

19.1.11

Tindaya, sí

En primavera de 2000, viajé con mi familia a Fuerteventura. Me impresionó, nada más bajarme del avión, la tonalidad de sus paisajes, ese amarillo creo que camel, como se dice en la jerga textil, la analogía cromática con un desierto saharaui que estaba a tiro de piedra, porque esta isla es la más cercana al continente africano, 97 kms les separan, y digo esto exwikipediae.

Un amigo de la familia, que llevaba un tiempo instalado en la isla, nos hizo un tour en todoterreno por la zona. Era una maravilla recorrer esos terrenos vírgenes, sin límites, sin carreteras casi, como un gran jardín a disposición del primero que pasara por allí. En el interior, pequeños pueblitos de pescadores con tejados de uralita, o zinc, o lo que sea, que rozaban la infravivienda. Aquello era un mundo extraño, despoblado, como olvidado, sin hacer, o deshecho, no sé, algo arrealista de ganas.

Llegamos hasta una montaña amarilla como el azufre, y escarpada y seca como la piel de un lagarto muerto. Nuestro particular guía nos contó lo del proyecto de Chillida, que quería horadar la montaña y crear una acojonante oquedad por la que estudiar no sólo la fuerza del vacío, sino el efecto de la luz en su interior. Me pareció un proyecto fascinante, y me chocó descubrir la oposición que había en esa isla languideciente, un rechazo tal que el utópico proyecto de Chillida, que por lo visto le quitaba en sueño, quedó en nada. A Tindaya se la conoce también como "la montaña sagrada de los majoreros", y ya sabéis lo que pasa con las cosas sagradas...

Era el año 1996 cuando aquel doloroso NO para los intereses artísticos del escultor vasco, padre de ocho hijos, época en que aún no existía el Guggenheim Bilbao. Un tiempo en que, en el propio Bilbao, los ciudadanos más inmovilistas se opusieron con hoscas soflamas al proyecto de O' Ghery, que si iba a convertir la ciudad es un Eurodisney, y que si era una desfachatez y que por favorrrrrrrrr.

Más una década después, ha quedado demostrado que el Guggenheim trajo a Bilbao una prosperidad que ha sido largamente imitada por otras ciudades, y que la ciudad no ha perdido su identidad, sino que la ha reforzado. De urbe tiznada por una industria en extinción, a renovado punto de peregrinación cultural en el mundo entero. Hasta salío en una peli de James Bond.

No sé si las autoridades, más o menos competentes canarias (aquel amigo nos comentaba que lo del Cabildo era casi peor que lo de Ben Alí en Túnez), han revisado el proyecto de Chillida y ahora le han visto el interés cultural. O que se han dado cuenta, lumbreras ellos, que en la comunidad con mayor índice de paro de España, y con una rivalidad interinsular por llevarse el pastel turístico que imagino sangrienta, contar con un bien artístico como puede ser el proyecto de Chillida no es tan mala idea.

Dicen que se pueden perder como 200 pinturas rupestres que, por otra parte nadie, conoce. Dicen que se destrozará la montaña, cuando el escultor defendía que, precisamente, sólo así se salvaría. Además, el aspecto exterior permanecería inalterado, así que no se entiende tanta reacción. Dicen también que no atraerá al turismo, pues precisamente su casa-museo, Chillida-Leku, ha cerrado por falta de visitantes. La comparación es completamente corta de miras, porque una cosa son las esculturas del artista, que pude disfrutar un día de septiembre de 2002, y otra un proyecto de semejante envergadura, visualmente potente, que dotará a Fuerteventura de un atractivo de gran tirón, opino. Un poco como César Manrique en la vecina Lanzarote pero con la transversalidad identitaria, tan saludable, de que es un artista vasco el que se atreve a vaciar una montaña. No en vano, su autor, la diseñó como un monumento a la tolerancia.

Tindaya, montaña en la plana Fuerteventura.

14.1.11

Triste país (y dos)

Tomo unas cervezas con Álvaro en la Daniela, creo que se llama, por Ramón de la Cruz, un barrio agradablemente pijo que se agradece como contraste a tanta Malasaña en que cada semana se abre (y cierra) una nueva librería.

Álvaro ha vivido muchos años en Los Ángeles, casi desde que dejamos la carrera. Es buena cosa si quieres o eres cineasta. Le dije que me gustaría conocer esa ciudad, en la que el tudelano Rafael Moneo ha levantado una catedral como una catedral. Recuerdo una frase de Wim Wenders, sobre L.A. Decía que le gustaba pasear, en esa ciudad en que nadie pasea, por sus avenidas arrealistas, sintiendo el alivio de quitarse todo el peso de la tradición, la cultura, el Renacimiento, Europa, sobre sus hombros.

Me gustaría probar esa sensación, y por eso tengo ganas de viajar, algún día, a EEUU. (Aunque no hacerlo jamás, también tiene su cosa estética, como hace Lars Von Triers.)

"No te va a gustar", me contestó Álvaro. Quizá si para una semana, pero no más. Los Ángeles ya no es lo que era (en los cuarenta, cincuenta), me vino a decir. Que el hip-hop se lo ha comido todo, y que hay muchas rubias, sí, pero que no son precisamente marilyns, sino recauchutadas con las neuronas aún por desarrollar. Conocí a una de esas, era la novia de un ayte. de dirección californiano, con nombre de jugador de baseball. Mientras esperaba a su novio, leía libros, con mucha foto de culturismo; mantener con ella un mínimo diálogo era difícil como pescar con un palillo.

Esto, las revelaciones de Álvaro, me hicieron pensar en un proceso de banalización del mundo descomunal. Porque, como dice Normal Mailer en La fe del grafiti, a veces, de un modo inexplicable, se transmiten las cosas, y el grafiti aflora en todas partes del mundo de un modo casi simultáneo, y las rosas florecen en todos los campos a la vez. Y la molicie del espíritu avanza imparable, desde el epicentro norteamericano.

13.1.11

El sol de mi infancia (nanocasualidades literarias que no importan a nadie)

Acabo de vivir una de esas casualidades completamente ínfimas que no interesan a nadie pero que a mí, sin embargo, me llenan de una extraña excitación. Tanta, que necesito comunicarlo aquí o no me quedaré a gusto jamás.

Esta mañana, mientras corregía una novelita mía, suprimí una cita hermosa de Albert Camus. Me dio pena, pero era necesaria su eliminación, en el proceso de limpia en que ando metido. Decía esto:

"El sol que iluminó mi infancia me privó de todo resentimiento".

Por la tarde, preparando la entrevista que este viernes hago a Use Lahoz, por 'La estación perdida', veo que hace un comentario, en otra entrevista, sobre la infancia, como paraíso perdido. Entonces, escribo en mi hoja con futuras preguntas si está de acuerdo con Camus en que la infancia es un periodo purificador, o con Onetti, que decía algo así como que una infancia feliz era como una peli sin pistolas o un matrimonio sin canas al aire, algo así como un coñazo.

Segundos después leo esto, del teletipo de EFE colgado en la Red:

Aunque sin malas intenciones, Santiago se vuelve incapaz de gestionar su vida. "Albert Camus tiene una frase maravillosa: 'El sol que iluminó mi infancia me privó de todo resentimiento'. Y ese sol de la infancia a Santiago le priva de toda maldad", ha subrayado.

10.1.11

Triste país

Estados Unidos tiene mucho de país triste, de triste país, de nación con barras y estrellas que genera tipos como el asesino de Lennon o como el presunto asesino de la congresista Gifford, cuyo nombre omitiré, porque dar pávulo a estos miserables es como darles cuerda. No sé quién dijo que el terrorismo sigue sobreviviendo porque sale en televisión (veremos por cierto si este lunes acaba, por siempre, en nuestro país). Son dosis de gloria inmerecida para estos tipos que acusan el fracaso, ese fracaso yanqui de no ser admitido en el ejército, como le pasó a éste, o no ligar con la guapa de la clase, a limpio tiro y que se jodan.

EEUU tiene mucho de inversión en ciencia, tecnología, I+D+i, mucha gran universidad, cráneos privilegiados, atracción de más cráneos privilegiados, grandes deportistas, grandes cineastas, grandes músicos, grandes escritores, grandes edificios, grandes lagos y montañas, pero quizá resulta que detrás de esos brillos todo sea una puta mierda. Como nos parecía una puta mierda la URSS pese a sus conquistas espaciales o sus rutilantes palmarés(es) de los JJOO. 

Leo en las opiniones de Juan Mal-herido una recensión o lo que sea, sobre El mundo interior del capital, de Peter Sloterdijk, el siguiente párrafo jugoso que procedo a reproducir, copia que te copia:

"El fraude psicopolítico de balance, que soporta enteramente el sistema, pretende, en primer lugar, hacer invisible la cifra gigantesca de los perdedores que hubieron de quedar rezagados en el salón de juego de la pursuit of happyness. No obstante, los datos están tan a la vista que incluso para los admiradores del sistema americano no es fácil ignorarlos. Hay en Estados Unidos más pobres sin esperanza que habitantes tiene Irak, hay más consumidores crónicos de psicofármacos que en ningún otro país de la Tierra, hay más seres humanos con sobrepeso grave que en todo el resto de los países del mundo, hay políticamente más grupos no representados y más gente que no vota que en cualquier Estado democrático, hay proporcionalmente diez veces más presos en Estados Unidos que en Europa y entre seis y ocho veces más que en la mayoría del resto de naciones del mundo".

- -

Peter Sloterdijk (Karlsruhe, 1947), filósofo y catedrático alemán

8.1.11

Aldeanada institucional

Me cuentan que en la Film Comission, repito Film Comission, el redactor de los estatutos que rigen los criterios para formar parte de esa empresa, amigo del actual consejero de Cultura, Juan Ramón Corpas, de cuando eran comunistas, es decir, Koldo Lasa, ha incluido una cláusula por la cual el conocimiento del euskera prima sobre el de la lengua inglesa, para los candidatos a trabajar en dicha Film Comission.

Doy un margen de error a la información, aunque la fuente es de fiar, pero de ser cierto este hecho me parece que estamos ante una aldeanada institucional de tal calibre que se entiende que Tom Cruise y los suyos prefirieran rodar en una Cádiz como Pamplona de pega que en la próspera Iruña. Aldeanada, por cierto, que pagamos todos, como los sueldos de quienes dirigen el cinematográfico cotarro.

El euskera me parece un tesoro en sí, pero cuando se instrumentaliza e interviene y obstaculiza una actividad como puede ser la atracción de rodajes internacionales, me parece que estamos ante una estrechez de miras que no cabe ni en la belena de San Cernin.  

3.1.11

Primeras sensaciones de 2011

Empezar un año nuevo tiene algo de Reset, de Reiniciar, como aquella canción de Los Piratas. Por desgracia, siempre lo empezamos mal, con la conciencia repicando por los Pepitos Grillos de los excesos de año viejo.

Mi primera sensación, tras esos días puente, invisibles, anulados en el calendario, que han sido el 1 y 2 de enero, ha sido de encarecimiento de la existencia. A las 6.30 de la mañana, en un autobús destino Villalba-Madrid, he notado que el viaje ya no costaba 2,85 euros, sino 3. Me he alegrado, sinceramente, por el tradicionalmente hosco gremio de conductores de autobús, a los que la función de cajeros al volante le toca los pies, cosa que entiendo perfectamente. Eliminar de sus obligaciones diarias el devolver esos quince centimillos, dejar de rebuscar entre la calderilla pringosa, una, dos, tres, cuarenta veces al día, es algo como para tirar cohetes. Además, esta subida del precio de transporte me ha hecho pensar en otras dos cosas: 

1) Debería pillarme, de una vez por todas, el abono transporte.
2) Recuerdo que guardo unos billetes de la villavesa, de cuando costaba 50 pelas el viaje.

Al rato, he tenido que comprar un metrobús, que también había subido, cuando parece que fue ayer que dio el gigantesco salto de los 7,40 a los 9 euros. He cumplido con unas horas de trabajo y me he ido hasta la estación de autobuses más cercana, que estaba en el quinto coño, sudando por el suburbano con mi bufanda y abrigos invernales cuando hace un tiempo extraño como de Huelva. Por desarreglos en la Red, me ha pateado media ciudad para adquirir un billete de autobús en la compañía más barata que tengo a mi disposición, y a fe que lo he conseguido. La ida y vuelta, en cambio, me ha parecido más que razonable, en comparación con el tren, que parece transitar por vías aúreas, y no férreas.

El periplo matutino ha seguido por los bancos de la capital, con el objetivo —fallido— de cobrar un exiguo cheque por ese curro tempranero que os digo. Cheque por cierto que ha permanecido estático, mientras todo a mi alrededor, metros, bus, tabaco que no fumo, subía que era un gusto. Me he ido a cobrar el cheque, digo, que es tarea perfectamente prescindible existiendo, como existe, internet, pero bueno. He gastado paciencia en tres oficinas oficinas del banco bilbaíno, en una me han dicho, tarde y mal, que no había cash, y blabla, un coñazo. Si hay una actividad que me irrita sobremanera, a 3 de enero de 2011, es guardar fila en una sucursal bancaria. Que nos roben nuestro dinero, pase, pero no nuestro tiempo, cá. 

En  casa, aún he visto algún confeti por el suelo y he respirado el aire ya limpio de las estancias ventiladas. Entonces, he pensado en lo de los bares sin humos y, egoístamente, qué coño, me he alegrado ante esa perspectiva despejada (que en mis años de fumador me habría deprimido profundamente, vueltas que da la vida). 

Adjunto foto de la despedida de la Era del Tabaco en los Bares, en el madrileño café de Ruiz, con fecha 1 de enero de 2011, en compañía de Lorenzo Durruti, y sigo transitando por el nuevo calendario.

"Hola" (a 2011) y "Adiós" (al tabaco público) en un mismo día (01/01/2011)
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