1.12.11

El post sobre la charla de Cercas

Puede que los apuntes sobre la charla de Cercas, Javier, tengan más enjundia que el post. Sería un caso digno de estudio, el boceto vale más que la obra acabada. Me ceñiré a una idea esencial, que no es suya sino de Aristóteles, y que además él no acabo tampoco de defender. O sí. Lo que no defendió es que una (la verdad poética) fuera superior a otra (la verdad histórica), pero sí defendió su existencia. El otro día, en FB, la parroquia habitual discutimos sobre si la verdad se puede ajustar, como los tramos de la renta, a los distintos ámbitos de la vida o el saber. Verdad científica, verdad arqueológica, verdad matemática. Yo creo que sí. Verdades absolutas, las justas. 


He rumiado algo sobre esto, desde el martes. Una rumia que venía ya de rumias anteriores, y que constituye una rumia que tiene un objetivo, un salir del túnel de la duda, como pasa con toda rumia, dos puntos: alcanzar una cierta claridad sobre la ficción. Casi ná. En este post de Alberto Olmos se lanzan unas pistas interesantes. Corto y pego una, que da la pista: 


¿Por qué no escribió Faulkner un ensayo sobre las diferencias ontológicas entre la pena y la apatía? ¿Por qué no escribió luego otro ensayo sobre las circunvoluciones cerebrales y los modos en que la memoria y el conocimiento se contaminan?


Ensayo vs. Novela. Me canso de ver y leer comentarios del tipo "uy, yo hace tiempo que yo solo leo ensayos, y algunas biografías, etc". Lo dicen con un punto de superioridad intelectual, y de desdén hacia la novela, paradigma de la ficción. Como si se hubieran curado de ese tic de juventud que era agarrar un libro de, pongamos, Herman Hesse, y devorarlo en un par de tardes. Para mí que, quien lee realmente tanto ensayo, en realidad no quiere aprehender qué es la pena, o la apatía, sino tener una información más o menos superficial sobre, digamos, la pena o la apatía. 

Son turistas del saber. 

También los lectores, en masa, de novela histórica. Prefieren el merodeo sin compromiso por tal o cual tema, antes que el viaje profundo a una realidad, sea cual sea, histórica o arrealista. El viajero del saber, lee literary fiction, pongámoslo en inglés y, en su versión depurada, perfeccionada, poesía. Las buenas novelas tienen ese compromiso, son novelas comprometidas, no con salvad a las ballenas, sino con la verdad poética. Lo contó Cercas, cuando Vargas Llosa escribió, en 2011, un artículo en que llamaba a este "escritor comprometido". Un término del que este renegaba, hasta que pilló le matiz llosiano.

Así que podríamos hacer una gradación paródica de la pirámide de las lecturas: tebeos de Mortadelo y Filemón, ensayos, novelas y poesía.

Las rumias postcerquianas me visitan en el metro, por la mañana, en esa hora en que Madrid me recuerda al Madrid del XIX y, al mismo, tiempo, a una composición hipermoderna de Bill Viola. Adjunto fotos. Pienso entonces en por qué a menudo, cuando escucho las tertulias de la radio en mi casa sin tele, apenas entiendo nada. O entiendo todo, pero en ese entender todo no estoy entendiendo nada. Y me voy a la cama igual, exactamente igual, que hace media hora. Hay mucha gente, demasiada, que todos los días se va a la cama igual que el día anterior, y eso no es coherencia, sino inmovilismo. El mismo que cuando, paradójico nombre, el Movimiento del generalillo Franco. 

No siempre tenemos el cuerpo para irnos de viaje, y a veces nos apetece el turismo. Quizá este, te diré, es acaso más saludable. Hay que mutar cuando sea menester, no nos pasemos. Pero sí me parece sano, también, tener claro qué tipo de verdades nos salen al paso, y cuáles tienen más o menos valor. En mi caso, conozco más el siglo XX español, el hastío madrileño del franquismo rampante, gracias a los versos de Ángel González, más que a un ensayo de un supuesto Jordi Gracia de la época que escribiera sobre el hastío madrileño durante el franquismo rampante. 

Y creo que con esto hay material para rumias posteriores, algo más evolucionadas que las de ayer, pero menos que las de mañana. 

--

coda: 
Me parece interesante pensar sobre el modo que tiene la gente de interpretar la realidad, y moverse dentro de en ella. ¿Con la mentalidad de un ensayista? Es decir, creyendo en la razón. O con la mentalidad de un novelista, y creyendo en la intuición, en aquellas fuerzas que no están escritas, o no muy claras, pero que sin embargo son poderosas. De esas fuerzas, precisamente, se encarga, o trata de encargarse, la novela, mientras que el ensayo está ahí, a por uvas, en su pesado y torpe laboratorio de lo factual. 




5 comentarios :

  1. Y ¿ qué tomamos por realidad ?
    ¿ Cual es la " verdadera " ? ¿ cuál merece ser contada ? ¿ Por quién ,para qué ?
    ¿ Quien establece el método para medir la sintonía de un individuo con una realidad determinada ?
    No es moco de pavo , porque eso establece una linea bien clara entre lo que damos en llamar cordura y enfermedad mental , por ejemplo .
    Y como dice Dostoievski , no hay inocentes : siempre hay una intención , ¿ es esta legítima ? ¿ quién lo decide ? ¿ en base a qué ?

    Cito de memoria , Inter nobis silemus , o casi .
    La poesía , a veces , parece que rasga toda esta niebla con un fogonazo .
    sin salir de González .
    "Te llaman Porvenir porque nunca llegas ." Y está todo dicho , lo entiende el verdugo y la lechera . ¡ Y lo qué ha dicho !
    disculpe naúgrafo la extensión . Y más que me callo.

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  2. Corrección : de nobis ipsis silemus .

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  3. Creo que la clave está aquí:

    'Pero sí me parece sano, también, tener claro qué tipo de verdades nos salen al paso, y cuáles tienen más o menos valor.'

    En cuanto a la novela, se trata de la construcción de un 'mundo posible' y más posible resulta tanto en cuanto más calidad tiene dicha novela, lo que está más relacionado con la verosimilitud que con la verdad. Lo que pasa es que, si ese mundo posible se logra, el autor ya tiene la puerta abierta para introducir cualquier verdad y que ésta acceda a la mente del lector de forma mucho más contundente.

    El ensayo, como forma más fría de comunicación, es más distante que la novela.

    Paco B.

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  4. Comentario de apuntes:

    El otro día vi la exposición de Antonio López y los bocetos estaban expuestos como verdaderas obras de arte. Llegué a la conclusión de que es un pintor de bocetos. Sus cuadros están casi todos inacabados. La determinación fracasa sobre la pereza en este caso.

    Las novelas me molan más que los ensayos porque son siempre mentira. La mentira poética más que la verdad poética es lo que me gusta.
    Apenas leo ensayos porque como no pueden contener una verdad al cien por cien, y como no soy capaz de discernir dónde está esa mentira, me hace que no me crea nada. Una pequeña parte, o grande, a saber, hace que la sospecha sobre todo me haga dejar su lectura. ¿Para qué leer algo como verdadero si no soy capaz de saber qué es lo verdadero?

    Como las novelas son mentira, todo lo que en ella suceden, es verdad.

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