Prosema para el día de los muertos

Había unicornios, pero con el cuerno oxidado, grasientos y torpes, con aliento a odio.

Había lunas, lagos, caballos alados, girasoles, campos de trigo, pero todos desolados, arrasados, cubiertos de un vómito de mugre.

Había príncipes y princesas, pero con el rostro demacrado y los dientes negros de las caries de la sedicia.

Había palacios y elefantes indios, los primeros eran de estiércol, los segundos tetrapléjicos.

Había también vino, pero no era sino bilis negra del último mendigo que encontraron vivo.

Había huertos, pero de ellos solo brotaban huesos con necrosis y sandías de sangre.

Había templos, pero no tenían puertas ni ventanas.

Había monjas, pero eran monjas asesinas.

Había hospitales, pero los llamaban tanatorios.

Había vida, pero nadie decía haberla visto nunca.

Había luz, pero nadie decía haberla visto nunca.

Había todo esto, y mucha gente triste, oscura, mortecina.

Comentarios

  1. Visitez El Viejo Reino.
    Nothing under the sun.

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