Post de encargo: 'El placer de lo sencillo'

No me gustan los post de encargo. A menudo me los encargo, pero pronto acabo desobedeciéndome y los dejo pasar. Me digo, ah, debería escribir sobre esto, pero el mero hecho de que sea una obligación, una especie de deber buenista, me echa un poco para atrás. Hoy, por llevarme un poco la contraria, voy a sacar a la luz ese post de encargo que me encargué a mi mismo el pasado 18 de septiembre, cuando leí un artículo que me gustó en 'El País Semanal' que incluía una entrevista a Franzen, Jonathan. Dos meses exactos, pues, posponiendo esa pequeña decisión, dos meses albergando esa pequeña orden en el cerebro, hasta hoy. Esto daría para un post en sí mismo. Algún día lo escribiré. Porque, ¿cuántas minichorraditas somos capaces de encargarnos y conviven en nuestro interior, generando no poco caos y estrés latente? Personalmente, tengo unas cuantas. Como si nos gustará la sensación permanente de falta de tiempo, de no llegar a todo. No sé si es bueno o malo. 

'El placer de lo sencillo' es un artículo firmado por un tal Borja Vilaseca, cuyo subtítulo dice así: "Anteponer la felicidad al dinero, la generosidad a la codicia, lo inmaterial frente a lo material, nos ayudará a disfrutar una vida verdaderamente sincera, abundante y plena". 

Soy consciente del tufillo a autoayuda, a 'El secreto', que no he leído aunque intuyo de qué va, a palabras tan bienintencionadas como vanas, ingenuas, demasiado bonitas para ser ciertas. ¿Qué grado de capacidad de acción tenemos en todo eso? ¿Realmente podemos reconducir nuestra vida hacia la generosidad en vez de hacia la codicia? Suelo pensar que soy libre de mis actos, responsable de ellos, cuando interpreto mi vida en clave positiva. Cuando la veo como un cúmulo de desaciertos, como algo borroso y mal encaminado, me siento víctima de las circunstancias. No sé. 

"¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma". Esto lo dijo Jesús de Nazaret, y lo puse en mi novela inédita, 'Dinosaurios', en el que hablo de una serie de personajes de la prensa más carca madrileña que vendieron alma, corazón y vida, por unos cuantos puñados de dólares. Aquí la destacan.

Veo que el artículo está en internet. Pensaba resumirlo y extraer las claves para los lectores de este blog. Mejor pongo el enlace y que cada uno, si quiere, lo lea a su ritmo. 

Pero me gusta pensar que sí, que todo avanza hacia una conquista silenciosa, una batalla triunfal a base de pequeños triunfos, que consisten en eso de disfrutar de lo inmaterial. De alejarme de eso que en el artículo llaman "pobreza emocional". De alcanzar el nirvana con una cerveza de los chinos y los diarios de Iñaki Uriarte, una noche de otoño, con la ilusión de que nuestra existencia ofrece un porvenir "amigo", "amable", como ese mar de Sitges. 

Se cita en el artículo el decrecimiento, el movimiento slow y el downshifting. A mí me gusta vivir lento para, si me apetece, poder ir rápido un día. Entrenar esa capacidad para lo lento. Para ir a una exposición, solo, y leerse los textos de las paredes sin comerse las palabras, sin subirlas unas encima de otro. Como el otro día en la de Deineka. 

Y la idea, la extraigo del artículo, de que "el altruismo es la forma más eficiente y sostenible de vivir". De que "el hecho de aportar algo significativo a otros seres humanos nos produce una gran sensación de satisfacción y agradecimiento". 

Me gusta la idea de ponerme en ese canal, en esa corriente de acción. Orientar las velas por ahí. Y no tener mucho en cuenta que el puto mundo, tanto hijo de puta suelto que mueve los hilos, jamás leerá, no se permitirá cinco minutos, para leer y mucho menos asumir este artículo. El placer de lo sencillo.



Comentarios

  1. La verdad es que nos complicamos (o nos complican) la vida con céntimos y tal; billetes de 500, más fácil, ¿verdad? :P

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  2. La coña es que se necesita cierta pasta para disfrutar de lo inmaterial. Pero igual no tanta como nos han hecho creer ; )

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