Gravina 7

El jueves por la tarde me pasé por Gravina 7, o guitarrería Hermanos Conde. La misma en la que Leonard Cohen, como nos contó en su enmarcable discurso en la entrega del Príncipe de Asturias de las Letras, compró una guitarra, hace cuarenta años. 

Alguna vez estuve en esa tienda. Me pareció un vestigio de otra España, una España pobre, en la que ser artista, cantaor, torero, algo, se planteaba como una salida de escape antes que pirarse a Alemania a trabajar de tornero fresador en un idioma de locos. Una de esas tiendas que configuran un poco Madrid y que, oh, nostalgia, morirán cuando mueran sus, ya ancianos, dueños. 

Me pasé para hacerle unas fotos, antes de que se me acabara la batería del móvil y, en efecto, era la que pensaba. Me decidí a entrar. Llamé al timbre, me abrió una señora mayor, con un conjunto color castaña, en una tienda que era todo de ese color. Me llamó la atención la mímesis de la señora con su propio establecimiento. Su tez pálida también hacía juego con los elementos que no eran guitarras ni mostrador. Me dijo que sí, que ya habían estado los periodistas, y que les dejó hacer todas las fotos que quisieran. "Muy bien...", le dije, pensando para mis adentros "Muy mal...". 

Le animé a que colocara, cuanto antes, una plaquita con la siguiente leyenda: "Aquí compró su primera guitarra en España, el cantante y poeta Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011". La vi convencida pero no mucho, así que insistí en que fuera "a uno de estos sitios en que te hacen inscripciones", y que encargara la plaquita. 

Me agradeció, de corazón, creo, la visita y el consejo. Pero me temo, no creo, vaya, que esa plaquita vaya a estar jamás allí puesta. Y mientras, España se irá hundiendo un poco más, en un ostracismo vital, en unas pocas ganas para hacer esto y lo otro, en una actitud que prescinde de los detalles, que va a lo básico, cuando son precisamente estos detalles los que son básicos, fundamentales.



Comentarios

  1. Comentando con mi compañero de trabajo, natural de Granada, el discurso de Cohen y el detalle de la compra de esa guitarra, apunté que dijiste que esa tienda aún existía y el detalle de la ancianidad de sus dueños, de la anacronía de una tienda que podría haber sido mítica y de que probablemente estuviese condenada a la extinción como todo antiguo negocio familiar que agoniza a la espera de la jubilación de quienes lo pusieron en marcha años ha.

    Él comentó que en Granada están muriendo restaurantes, tiendas, rincones de siempre, en definitiva, el alma de una ciudad, siendo sustituidos por la fealdad de tiendajos nuevos, sin gusto en el escaparate, sin especialidad, sin costumbre, sin arraigo, caducos... "Empiezo a sentirme extraño cuando voy", dijo. Y eso me apenó de alguna manera, porque es un sentimiento que a veces me invade a mí también. No se trata del conservadurismo de lo viejo o lo que vitalmente muere porque cumplió su ciclo, sino de lo que identifica a una ciudad como tal, que es Granada y no Logroño, ni Pekin... En fin, eso, los detalles.

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  2. Da escalofríos pensar que, cuando cierren estas tiendas, no quedará nada de aquellos itinerarios sentimentales.

    Pensemos que no es una muerte fulminante, sino un irse cerrando, sostenido, y pensemos también en que abren nuevos locales, y que no todo es horterez y vacío. Pienso en la librería 'Tipos Infames' de Madrid, por ejemplo, como un sustituto de esas tiendas que son de otra época. Será bonito que se conserven algunas, en plan tradición familiar, pero que las nuevas lo hagan con cierta vocación de aportar algo más a la ciudad que un espacio para la compra-venta.

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