Europhilia

Mi amigo Stefan, periodista de asuntos comunitarios, me invita a que me haga fan de la página Europhilia, cuyo imagen de perfil lo conforman las estrellas amarillas de la bandera de la Unión Europa, solo que formando un corazón en vez de un círculo. Otro amigo, Alberto Fernández, firma un reportaje sobre los presuntos déficits de democracia en el seno de la Unión, que pone a tecnócratas al frente de los gobiernos presionada por Bruselas, presionada por los mercados. "La democracia puede equivocarse porque es legítima; cambias a un partido por otro. La tecnocracia si fracasa te quedas sin nada", advierte un  experto citado en el artículo.

Pero yo no quería entrar en el meollo de la actualidad europea, sino constatar el hecho de que hoy hablamos más de Europa que nunca. La crisis de la deuda está generando una extraña cohesión: todo se puede ir a tomar por el culo, pero también es cierto que hoy estamos más pendientes de los vecinos europeos que nunca. No viví en tiempos de las guerras mundiales, pero supongo que habría una parecida atención a los problemas de los otros, solo que entonces no había Twitter, internet, tantos medios, y tan fácil acceso.

Hoy hablamos de Merkel y Sarkozy como quien habla del vecino del octavo, estamos más o menos al loro de los éxitos manufactureros y exportadores de Alemania, del problemón de deuda de Francia, pero que en cambio conserva su triple A, de las dificultades de Reino Unido para levantar cabeza a pesar de esos recortes cameronianos que se antojaban milagrosos, seguimos el ocaso político de Italia, que descabeza a su 'duce' de todo a cien por un tal 'SuperMario'... ¡Conocemos incluso los vaivenes ecónomicos de Islandia! Y se habla más de Grecia que tras los Juegos Olímpicos de Atenas o la Eurocopa de 2004, que ganó el país cuyo sinónimo es heleno. 

Conocemos la crisis inmobiliaria de Irlanda, el Tigre Celta, y Portugal ha dejado de ser ese país en sombra que hay a la izquierda del mapa. O un poco menos.

A pesar de los problemas, de las tentaciones teutonas de salirse del euro, y de la tensión que se vive en general, esta mañana me desperté pensando en esta especie de euromanía que vivimos, como si de pronto hubieramos entrado en una dimensión nacional, metanacional, nueva, llamada Europa.



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