7.11.11

Días sin mí

Hoy se espera uno de esos días. Pero me resisto a ello y, por eso, me rebelo y escribo este post. Para estar un poco conmigo. Ayer me acosté antes de las nueve y dormir no es estar con uno mismo. El fin de semana estuve contigo y con mis amigos, y disfruté de algunas horas conmigo, cuando escribí el post sobre Camus y el tipo que no había leído a Camus. Fueron horas felices, en el Starbucks de Génova cercano a Colón. Y luego ese rato, próximo al nirvana, antes de la fiesta acordada, como de dos horas para uno mismo y sin trabajo ya pendiente, que dediqué al consumo de los videos del humor más zafio y ramplón que encontré por la red. Tenía sueño y había comido a las siete, unos noodles chinos picantísimos de a 1,95 euros el envase (con forma de tambor). Me encontré con una completez asombrosa, sin fisura ninguna, y son esas completeces grandes conquistas en el ir viviendo, opino. Un poner la pica en Flandes de la biografía. Una extraña placidad y tranquilidad como de grata conjugación de los elementos. Quizá la felicidad sea eso, una grata conjugación de los elementos que se da en equis circunstancias. El dinero no suele tener mucho que ver con eso, aunque un alivio en lo rojo de mis cuentas puede que ayudara también. 

Estuve conmigo, digo, pero quizá me quedé con ganas. Me gusto bastante, estoy bien con mi compañía, disfruto siendo mi novio, hago buena pareja conmigo mismo. Por eso me joden un poco días como este, con un horizonte de horas por currar bastante serio. Lo acabaré con la espalda algo malferida, antes de volver sisifiquicamente a la cama, con las yemas de los dedos algo quejicosas de tanto baile, con la mente un poco en panne de tanto dedicarse a temas destinados a la subsistencia económica, y no tanto al alimento del alma. 

Serán horas en las que no existiré, en las que no contaré para nada mientras me dedico a ese noble ejercicio del periodismo, que está muy y tal, pero que a veces nos secuestra a ese otro yo, quizá el más verdadero, que reclama su tiempo para existir y dar de sí todo lo que pueda.

Lo colorado de las cuentas corrientes, con ese antipático banco del mismo color, también tiene algo que ver. 

Pero, cá, en la lucha por la vida, en la conquista por las habichuelas, también hay algo estimulante, épico a ratos, que nos hace sentir vivos. Que nos invita a hacernos escritores, o a querer seguir siéndolo en el futuro. Nada más triste que un escritor que solo escribe. Bueno, sí, uno becado, como lo fue mi admirado Raymond Carver.

Carver recibió 35.000 pavos anuales durante cinco años para escribir.

2 comentarios :

  1. De Carver, de Camus, de Proust, un día saldremos de ellos te lo prometo.

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  2. Por fin he comprendido, leyendo el enlace que has puesto, por qué me gusta tanto Carver. Tenía su biografía a medias y me desconcertaba.

    Ah, si te cruzas por los pasillos salúdate llevando una mano al ala del sombrero.

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