'Ejército enemigo' (y un poco de esto y lo otro)

Si hay un libro de la temporada, aparte del mío, es 'Ejército enemigo', de Alberto Olmos. No negaré que me produce una pequeña excitación coincidir en calendario literario con Olmos, como también me lo ha hecho hacerlo con Irurzun, con cuyo libro, 'Dios nunca reza', me manoseo en los escaparates navarros. 

Resulta, además, un hito en la carrera de Olmos el salto a Mondadori, que él comparó en su día, a ver si encuentro luego el enlace, con el del salto a la Champion's literaria. No sé si tanto como eso, porque la Champion's es mucha Champion's, pero desde luego que publicar en Mondadori son palabras mayores. De hecho, las palabras que uno lee en una editorial como Mondadori como que te llegan más. Ese es el poder del universo editorial, el medio influye en el mensaje, como dijo McDonald's, o alguien.

Entre los pocos privilegios que tiene esto de ser juntaletras periodístico cultural está el de poder recibir libros más o menos de gratis. Una tarde fui a esa casa editorial a entrevistar al novelista italiano Andrea Molesini y me llevé tres libracos by the little leg: una autobiografía española de Jean-Claude Carrière, 'Caribou Island', del tercer o cuarto autor de la temporada, David Vann, y 'Ejército enemigo', de don Alberto Olmos. 

He seguido la carrera, y también algo de las andanzas vitales, de Olmos, desde hace unos pocos años. He leído casi todos sus libros. 'A bordo del naufragio', 'El talento de los demás', 'Tatami', 'El estatus', 'Vida y opiniones de Juan Mal-herido', y no sé si alguno más. Abandoné 'Trenes hacia Tokio' en las primeras páginas. Me pareció algo insustancial, rollo dietario pero demasiado anodino. Me extrañó que no conociera, en ese momento, a Jack Johnson, cuando Jack Johnson era ya bastante conocido y, coño, Alberto Olmos es una de esas personas que te preguntan qué música te gusta, qué grupo escuchas. No podía no conocer a Jack Johnson, en el 2006, o así, cuando escribió ese libro. Lo dejé. También leí, con avidez, inmerso en parte en ese proceso vital suyo, porque era una época en la que nuestras biografías se cruzaron un poco, esa escritura autobiográfica genialoide, en carne viva, abierta, desnuda, bernhardiana radical, escrita a ciegas pero guiada por una poderosa luz, y completamente innovadora que fue aquella serie de los ceros y los unos, que publicó desde su blog Hkkmr y cuya edición en papel esperamos no pocos. Quizá en ese formato se pierda algo de la intensidad que tuvo en su momento. Los que lo leíamos cada día, sin pestañear, nos sentíamos parte de una secreta y extraña cofradía, y compartimos una complicidad cómplice y literaria y vital que tuvo algo de comunidad. Otoño/invierno de 2008-2009. 

No sé si 'Ejército enemigo' será memorable. Pocas novelas las incorporamos a nuestro yo literario, ese yo que incorpora una estantería mental. Quizá no sea la guerra de esta novela. Puede que la guerra de esta novela sea diseccionar una sociedad, juvenil, un poco ingenua, un poco aferrada a la solidaridad como bandera de cambio. "La solidaridad ha fracasado", y esto desemboca en el amigo (muerto) del protagonista una crisis de conciencia del carajo que es un poco catalizador de todo. Reconoce Olmos sin pudores que esta novela, la suya, debe mucho a 'Plataforma' de Houellebecq. Y si en la obra del francés el turismo servía de base teórica para ir avanzando la narración, como sucede con el arte en su reciente 'El mapa y el territorio', en 'Ejército enemigo', la solidaridad, el compromiso, los valores de la juventud, actúan como tema subyacente que da unidad y todo eso. Pero ni en las novelas de Houellebecq, ni en las de Olmos, ni el turismo, ni el arte ni la solidaridad tienen tanta fuerza como otros temas que afloran. Y que realmente tiran de la novela y mantienen pegadito al lector a sus páginas. 

El sexo, por ejemplo, nos mola más que los otros temas citados, y eso lo saben bien MH y AO. Pero no el sexo por el sexo, meter una polla en un coño, sino nuevas y tentadoras regiones, como las que se nos ofrecen a través de la pantallas. Nuevas propuestas para hacer el guarro, como las de ChatChinko (alusión, imagino, a ChatRoulette), que abren nuevas dimensiones del sexo en solitario pero también nuevas posibilidades de contacto humano, y de fisgamiento en las vidas ajenas.


El libro, descansando en los cuarteles de Mondadori
 antes de saltar  al campo de batalla.


Quizá ahí resida la adicción que nos produce, o a mí por lo menos, 'Ejército enemigo', libro en que nos invita a ser unos espías, unos 'voyeurs', como lo hace el protagonistas, al infiltrarse en la cuenta de correo del amigo muerto, al escrutar a la gente que se asoma con sus webcams a ChatChinko, y al mirar con ojos de mirón al mundo. El propio lector también se convierte en un mirón, en un mirón de Alberto Olmos, que es el que ha escrito la novela, y Olmos nos gusta en esta novela porque no escribe desde el púlpito, sino porque se ha mojado, quizá literalmente, antes de escribir nada. 

Alberto Olmos es un gran cabrón porque quizá haya sido unos de los primeros en abordar el tema del cibersexo con la seriedad y el rigor que el tema merece, y dedica unas cuantas páginas al asunto que sí creo que son memorables, y que fijan y hablan este tiempo raro, locuelo, que nos ha tocado vivir. Tiempos líquidos, lo llama un filósofo. Pues bien, Olmos ha logrado solidificar parte de estos tiempos líquidos en su última novela. Además, hay un deje umbraliano moderno que lo distancia absolutamente de cualquier estilo literario banal y una tramilla policíaca que acaba de imprimir la redondez de una de las novelas, junto a la mía propia, de la temporada.

O de varias temporadas. 

Comentarios

  1. Como sois los escritores, o vuestros egos... Tan pronto os machacási, como os adoráis.
    Suena bien lo que cuentas del libro. Lo pillaré.

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