5.10.11

Arte callejero

Le daba igual que fueran pintadas o grafitis, para él eran lo mismo. Un elemento ajeno a la limpieza de las verjas de seguridad de su tienda de complementos femeninos. No es que tuviera especial encono por esa forma de expresión, o como quisiera llamarse, pero, como digo, no la quería en su tienda. El alquiler del local le costaba el doble de la hipoteca que pagaba a duras penas. Su compañera sentimental, con una hija con una enfermedad rara y un exmarido cabrón que se dio a la fuga, apenas podía aportar algo a la economía familiar. Abrir esa tienda fue el último, y quizá desesperado, intento por llevar una vida normal, sin la angustia de pensar que al día siguiente uno no podrá afrontar los pagos y se verá, literalmente, en la puta calle.

Era consciente del barrio en que había abierto la tienda. Malasaña, cerca de Fuencarral. Una zona cotizada, pero también maltratada por estos artistas de lo ajeno, que usaban cualquier superficie para estampar su firma, su huella, su tag, su cosa. Pero no sería en su establecimiento, no. A pesar de que vivían en Móstoles, alquiló una habitación por tiempo en definido en unos apartahoteles que daban justo a la tienda. Con un sistema que le había ideado un cuñado informático, instaló una pequeña webcam que registraba cualquier movimiento extraño a una superficie determinada. Su tienda. Al mínimo movimiento, recibía un aviso en su teléfono móvil, sincronizado con el portátil. 

Tardaron dos noches en aparecer. Fue a las 3.13 de la mañana de un martes de octubre. Eran dos tipos con capucha y pantalones caídos, cagados. Vio claras sus intenciones cuando sacaron sus botes de espray. A las 3.14 les disparó sin pensarlo dos veces con su escopeta marca Arlecht, con silenciador, dos precisos tiros a cada uno, muy cerca de donde termina la espalda. Pudo sentir sus gritos de dolor. Bajó a toda velocidad. A uno, le hizo saltar toda la dentadura contra un bordillo de la acera. Al otro, le explotó ambos globos oculares contra un bolardo gris. Nadie vio nada, ninguna cámara registró aquello.

Volvió a la habitación del apartahotel y no tardó el conciliar el sueño, mecido por el sonido de una ambulancia que rompía levemente la paz nocturna. 

1 comentario :

  1. Cómo se dice a grandes males, grandes remedios en griego: Demóstoles.

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