El asesino de portátiles

Confieso que tengo antecentes, no sé si penales, pero sí al menos informaticida. Y lo peor de todo, no me arrepiento. Volvería a hacerlo, como he estado a punto de hacerlo hace un rato, después de soportar durante largos, tediosos, absurdos y violentos minutos el circulo insidioso de Windows que nos dice que el jodido ordenador está a por uvas. ¿Cuántas horas hemos perdido por culpa de esas extrañas ralentizaciones? ¿Cuántas horas hemos ganado gracias a la informática? A veces me asola la tremebunda idea de que la informática no solo no acelera los procesos, sino que abarata y empeora nuestra vida, toma ya. Hoy te puedes documentar con Wikipedia, no hace falta ir a una biblioteca, estupendo. En vez de un reportaje por semana, me harás cuatro y te pagaré medio. A joderse. Viva la modernez.

Volvería a cargarme un ordenata porque, a pesar de que nos han ayudado mucho (hasta el punto de que hemos follado más gracias a ellos), hay días que crispan hasta el extremo. Tampoco es su culpa, en puridad, porque uno no puede pretender que un cacharro de un mega se comporte como el Deep Blue. A veces me siento como un Spielberg wanabe currando con una SUPER 8, y no para su peli nostálgica actual, sino para, yo que sé, 'Salvar al soldado Ryan'. Salvemos al soldado Ryan, pero no con tanques ni metralletas, cá, sino con tirachinas y palillos de dientes bien afilados.

Mi portatilicidio fue una noche, mañana ya, de Nochebuena. Un día de Navidad, por tanto. Solo que no había dormido, porque aquella noche, buena, como tantas otras, pernoctamos de lo lindo. Me conecté, o intenté hacello, a internet, como hacen todos los buenos adictos a lo virtual. Creo que pasé, medio borracho y con no poco sueño, media hora como un pasmarote hasta que el difunto ordenata Acer dignose obedecer alguna de mis órdenes. Lo peor de estas máquinas es que te engañan. No te dicen: Estoy jodido, úsame mañana. Sino que, por algún extraño orgullo, quieren dar la talla y te tienen ad infinitum sometidos a sus lentérrimos designios.

Entonces, hacia las 7.24 am, se produjo una conjunción de desesperaciones, nunca mejor dicho, informáticas varias. Me acordé de toda la tesina sobre los diarios de José Luis García Martín (Los límites de la intimidad en la literatura de diarios: el caso de José Luis García Martín) en ese puto ordenador de 2004, y como tragué y tragué circulitos de espera mientras mis dedos aguardaban, con ansiedad torrencial, el momento de lanzarse a escribir párrafos para quitarme cuanto antes aquel marrón académico de enmedio.
Así que no pude por menos que darle un par de hostiazos bien plantados en toda la pantalla, que quedó completamente malherida, fea, con los píxeles colgando, como un futurista cuadro de Pietr Mondrian. Joder, qué había hecho, me había quedado sin ordenador y me hacía falta en el periodo navideño.

Me acosté algo azorado, asustado de mi mismo, apenado por la muerte del aparato, asesinato, mejor dicho, de un arrebato, pero también con la sensación de haber cometido un acto de cierta justicia poética, un acto de rebeldía ante la tiranía de las máquinas.

Días después, tenía otra.

La mataré.

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Comentarios

  1. Es usted un ludita inconsciente. This is my last word.

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  2. El ludismo (luddism en inglés) fue un movimiento obrero que adquirió auge en Inglaterra a partir del odio incondicional hacia las máquinas. Sus seguidores se llamaban ludistas o luditas (luddites en inglés), nombre que tomaron del semilegendario líder del movimiento, Ned Ludd, que fue el primero en romper un telar como protesta. El ludismo representaba las protestas de los obreros contra las industrias por los despidos y los bajos salarios ocasionados por la introducción de las maquinas; estas revueltas eran desorganizadas y los obreros atentaban contra las maquinas destruyéndolas.

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    arriba el ludismo, jaja!!

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  3. Soy más racional de lo que pensaba. Nunca me ha dado por romper nada. Ni en los momentos de mayor ira. Una vez en la adolescencia pegué un portazo en casa tan fuerte que se rompió el cristal y me sentí tan ridículo con toda la familia mirándome como si fuera un loco peligroso que nunca más he roto nada.

    Circulito... en el 2004 sería un reloj de arena no? jejeje. Digo, que no sé.

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  4. jajaja, buen apunte. En esos era reloj de arena, pero en el actual es circulito.

    santa paceeencia

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  5. Sin duda, las nuevas tecnologías generan nuevas pasiones, ¡bajas pasiones!, nuevos instintos, ¡básicos instintos!, y son capaces de sacar ese hombre desconocido y portatilcida que llevamos dentro, incluso en la que llaman tierna infancia... Mira.

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  6. Jo, no se puede pinchar en el enlace o es mi ordenata, es que es digno de ver. Locura en estado puro.
    Aquí

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  7. Estimada doña Patio, he creído oportuno incluir el video en el post, porque creo que ilustra muy bien lo loquitos que nos vuelven las máquinas.

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  8. Debería usted cambiar de sistema operativo, el Windows del circulito no varía mucho de el del reloj.

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  9. ¿Y si cambias de sistema operativo? 'Windows' siempre será así, con relojito o con circulito ;-)

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  10. Ay, pobre(ordenador). Por lo menos ahora descansa en paz.Bueno, en el fondo te comprendo. Tengo un compi de tu ordena que me hace las mismas faenas. Creo que las dos más trágicas veces en las que he tenido que llevar mi ordenador a arreglar han sido porque finalmente no sé cómo, pero lo acababa por estropear yo...jajaa.

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