Monodiosis

Inspirado en el ingenioso título del post de hoy de AMM, hago mi propio jueguito de palabras. Porque esta tarde he tenido mi ración propia de dios, monodiosis, dando por uno y no sé si trino al dios de los cristianos y al de los musulmanes. Me he tomado la tarde libre con intención de ir al cine, y en efecto he ido, pero la peli, 'El método', había empezado hacía una hora. Juraría haber visto 19.00 donde realmente ponía 18.00. Paseo en balde que al menos me ha servido para hacer algo de turismo sociorreligioso por mi propia ciudad. 

He visto mucho peregrino por la calle Montera, y poca puta en su habitual feudo. Dos en concreto, con cara de pocos amigos. ¿Quién devuelve al puterío todos los euros dejados de ingresar en estos días de fulgurante cristianidad? He llegado a Sol y me he frotado los ojos al recordar como hace nada aquello estaba ocupado por la Spanish Revolution. De aquellos tenderetes con aires de cambio e indignación a estos grupos con sus banderitas pelmas y ansias de amar al prójimo. Me he fijado en uno que me ha parecido el paradigma del peregrino, porque ya he visto varios. Chileno, bajito, moreno, de unos 16, con labios como filetes crudos y alguna banderola internacional y tal. 

Algunas monjas, boy scouts, chicas y chicos de países varios, unos surcoreanos, muchas italianas, esas italianas que, como tantas italianas, se quedaron en una promesa incumplida de belleza. Esas italianas que podrían haber sido guapas de no ser por esa nariz exagerada, esa grano inoportuno, ese ojo saltón. También le he visto la hucha sin yo quererlo, aunque ya que estaba no me he molestado en apartar la mirada, a una voluntaria de la JMJ con camiseta verde esperanza. El culo involuntario de la voluntaria, se podría llamar a esa fotografía que no he hecho. Pintaban una pancarta con colores amigos.

Por Tirso ha cambiado la cosa, y he dado con los laicistas, con sus pancartas de "No con mi dinero" y cosas así. En plan nihilista podría decir que me ha parecido todo un poco infantil, pero me ha parecido bien que hubiera gente que dedicara su tarde a protestar, cá. Aunque es cierto que, desde fuera, tenía todo un punto infantil de comienzo de La vida de Brian.

Luego otra vez más y más pilgrims y, en general, bastante pereza y el recuerdo del final de una novela, Enderby y compañía, de Anthony Burgess, muy recomendable (me la recomendó el propio MSO en aquella visita mía a Elizondo, tan importante para mí, octubre de 2005). Final de una novela en la que el genial Enderby sufre una especie de delirium tremens en no sé qué pueblos italianos antes la presencia irrefrenables de católicos por todas las esquinas, con sus souvenirs, estampitas, milagros de todo a cien y autobuses, sobre todo muchos autobuses, llenos y llenos de devotos, píos y repíos.

Para sentirme algo menos mal por la tarde ociosa, he decidido irme a cortar el pelo. Leo estos días el también muy recomendable libro de diarios de Iñaki Uriarte, en el que dice cosas tan necesarias como que las peluquerías son aquellos lugares en los que uno sabe de antemano que saldrá peor de lo que entró. Lo dice con más gracia, no tengo aquí la cita. Por esa razón, desde hace tiempo solo me corto las puntas. No arriesgo. Hay gente que va así por la vida, cortándose solo las puntas. Yo me limito a actuar así con mi pelo.


Me ha cortado una chica de Guinea Conakry, país que reconozco solo conozco por unas columnas que escribía creo que Alfonso Armada para un suplemento semanal. No sabía que allí se hablaba francés, y que la población es de unos diez millones. También ignoraba que el 80% de la población es musulmana, como me ha ilustrado la negra peluquera. ¿Eres musulmana?, le he dicho en francés, y me ha dicho que sí, y que estaba además en el ramadán. No bebía agua, me ha confirmado (pese a mis dudas recientes sobre tan tajante medida). No ingiere nada desde que sale el sol hasta que se pone. Desde las cinco y media hasta las nueve y media, aprox., me ha puntualizado. 

Me ha contado que muchos días llega a casa como las once y media, porque coge el metro en Callao, y luego el bus hasta Alcobendas. Que a menudo este tarda en llegar, y que le dan las mil. Llega por fin a su vivienda y se hace sus abluciones, me ha dicho, y se pone a rezar lo que no ha podido rezar en la peluquería. Y cena algo, no sé cuánto, flaca no estaba.

Me la he imaginado, en su cobachuela de Alcobendas, a punto de cenar. Rezada, limpia, en ese momento de silencio y soledad, pero también sagrado. He pensado entonces que el islam tiene un punto místico, imponente, sagrado, que me cuesta ver en el catolicismo. Excepto lo de postrarse para orar. Un dios que me pide que me arrodille, que ponga el culo en pompa en dirección contraria a la Meca, nunca será mi dios. O mi forma de dirigirme a él, más bien.
Me ha dicho que su idea es irse a Francia. Lleva dos años aquí, pero su español es aún macarrónico. Me ha dejado entrever que aquí ganaba una mierda, unos 500 máximo al mes. Me hablaba del salario mínimo, ese SMIC que en Francia es de 1.200 euros. "En este país no hay industria", ha soltado, de pronto, lúcida. 

Me he despedido y he pensado en cómo sería la vida de esta chica sin su ración diaria de dios, sin su monodiosis. Quizá insoportable. O quizá no. A mí me ha parecido una mujer con potencial, pero que vivía, y vivirá seguramente, toda su vida de rodillas.

Comentarios

  1. Divertido!!! jajajaja

    Pero amigo E., cómo va a haber "putas" en la calle habiendo tanto "obispo" en Madrid. EStán currando JOÉ ;)

    No me gusta lo de la chica del final. Ya sé que lo has descrito con cariño, pero... no sé... me parece un pelín despectivo
    Seguro que lo he interpretado mal E

    Un beso
    S.

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  2. Eduardo, quizá esa chica esté de rodillas, pero quízá lo esté ante algo que la libera, mientras que hay quien, quizá, está de rodillas ante algo que le exclaviza.

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  3. De despectivo nada, Sofía. Todo el cariño del mundo. Pero me ha parecido demasiado sumisa ante los preceptos, DUROS, de la religión. No beber nada hasta las nueve y media de la noche, para llegar a un piso a una hora y media de tu trabajo esclavo. Es fiel y cumple con esa religión, pero en su caso, me ha parecido más bien una mujer esclava que alguien libre.

    Esa ha sido mi impresión, vaya.

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  4. Vaya, que se dice esclavizar. Disculpas por la equivocación.

    Bye, bye.

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  5. No te lo tomes a mal E. Ya te había entendido. Lo que pasa es que todos somos inconscientemente esclavos a/de algo. Y eso visto desde fuera por otros, crea prejuicios.

    No quiero que te enfades en la primera semana que llevamos de relación ;)

    Un beso
    S.

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  6. No me lo tomo a mal, aunque me lo digas vestida de judoka (o de karateka).

    Estaria bien hacer un post con todas las cosas de las que somos esclavos.

    --

    jajja, es verdad, nuestra primera semana
    ; )

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  7. Pero entonces sólo expondríamos "esclavitudes conscientes". Las que más prejuicios crean son las inconscientes.

    Bufff parezco "Anicius Manlius Severinus Boëthius"

    Un beso
    S.

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  8. A mi me pasa lo mismo muy a menudo, ver una cifra en vez que es realmente es otra. Pensé que ello sólo sucede con hombres antiguos como yo jeje.
    Me da envidia que puedes pasar una tarde ociosa.
    Anoche en las noticias TVE vi estos laicistas con pancartas “No con mi dinero” pero no entiendo por que :(.
    Saludos.

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